#ElOcasoDelCacique
Cría cuervos...
Vigésima entrega de: El Ocaso del Cacique.
No te pierdas la parte anterior aquí:
-Siéntate, siéntate, Jesús. Fíjate que aquí el buen Jacobo me hizo… Mas bien… Te hizo un gran favor. Como sabes, en mi cruzada anticorrupción la consigna es “Barrer toda la escalera, ¡empezando desde arriba! Pues resulta que la policía fiscal a cargo de él encontró algunas cosas raras que sucedieron hace unos años, cuando eras el director de la Revista “Nuestro Movimiento” … De la Auditoría resultó que hay un faltante de varios millones en ….
Jesús entro en un trance. Sabía que el líder le estaba hablando porque veía sus labios, sus gestos exagerados, el torpe movimiento de su brazo derecho (el izquierdo yacía casi inerte) y, al tiempo, por los asentimientos apresurados del nuevo “Star” en el firmamento de favoritos del líder… Pero Jesús no escuchaba… Ni siquiera oía lo que le estaban diciendo. Su mecanismo de alerta le despertó del trance cuando el líder tuvo que repetir dos veces la misma expresión:
- ¿Te queda claro, Jesús, lo que debemos hacer?
-S…si… si… Que salga la noticia y después la negamos… Y usted se deslinda y después, esperar
- ¡Exacto! Que bueno que entendiste a la primera. Así que…
Al sentir que estaba perdiendo brillo, Jacobo se apresuró a decir
- ¿Y qué hacemos con los señalamientos hacia el Partido “VOX”? ¿Cómo le hago para que no sigan las indagatorias sobre el financiamiento a la revista de Jesús? (Tragó saliva) ¿Y a su campaña, Señor Presidente?
Por un brevísimo instante, el líder se vio descontrolado. Se recargó con suavidad en el respaldo de su sillón al tiempo que esbozaba una sonrisa, más bien una mueca
-Mira, Jacobo. Ya hemos pasado por cosas peores… ¿No es así, Jesús? De seguro supiste del intento de desafuero del 2004… Y ahora, las acusaciones a mi difunto hermano. Tú no te preocupes, Jacobo. Ya Jesús… No, mejor no. Ya te hablaré en el transcurso del día sobre lo que tienes que hacer. Por lo pronto, ni una palabra a nadie. ¿Entendiste?
-Si, sí señor
-Bueno. Si no tienes nada más ahueca el ala. Tengo que hablar aquí, con mi buen Jesús
Una gruesa gota de sudor corrió por la espalda del aludido. No pudo evitar el apretar los dientes cuando, tras un suave ruido de perilla, se percató que estaba a solas con el líder… Por primera vez en dos semanas…
- ¿Cómo te sientes, Jesús? ¿Satisfecho con lo que me provocaste?
- ¿A qué se refiere?
-No estuve tan enfermo como para no recordar todo lo que sucedió, todo lo que me hiciste enojar. Por tu culpa acabé en el hospital, siendo la come.. como… comedilla de los mugrosos opositores. Ya hasta dijeron que en la caricatura esa… donde salen todos amarillos… Habían anunciado mi muerte. Pero óyelo bien: ¡No se les va a hacer! ¡Hay Adriano para rato!
Jesús agachó la cabeza con cierta vergüenza, pero tuvo que cubrirse la boca con una mano para que el líder no notara su amplia sonrisa. ¡Claro que había visto esa caricatura y sabía de la leyenda urbana sobre las predicciones que, en plan de comedia, hacían sus creadores! Pero a diferencia del líder, el no le daba mucha credibilidad… Hasta ahora…
-Y a ti… Que te quede claro: Seguirás conmigo hasta que yo decida. Y bajo mis condiciones. ¡No hay más que decir!
- ¿Y si no quiero? ¿Me va a mandar al Pelochas para que me mate, como al Seco?
Acostumbrado (salvo el último evento) a la total sumisión de Jesús, el líder palideció ante ese comentario. Claro que habían emprendido juntos muchas acciones descalificables, algunas realmente crueles o criminales, pero en el código de entendimiento que compartían ciertas cosas no las decían por su nombre… Como si así pudieran disfrazarlas y no quedar confrontados con un juicio de valor condenatorio.
-No exageres. Tu no estás al mismo nivel del Seco
-Pero tampoco al nivel de Juan… Y él acabó… “Muerto”
Segundo repliegue. En la semi inconsciencia que siguió a la angina de pecho, la mente del líder deambuló entre miles de personas y tal vez millones de recuerdos. A pesar del ajetreo frenético con que su equipo actuó tras su desmayo, desde ese momento el sintió que estaba en un mundo de ensueño, de luces y sombras con las que iban y venían diversos personajes en varios momentos de su vida. Embelesado transitó entre fantasía y realidad durante esos días, pero su recia conciencia continuamente le recordaba los fundamentales en que habría de seguir gobernando: negar errores en todo, actitud triunfalista en público y mantener el apoyo a los aliados estratégicos y el sometimiento a los incondicionales de su gabinete… Y ahora Jesús quería rebelarse. ¡Claro que no!
-El falleció por causas nat…
El líder no pudo terminar la frase. Tras un chasquido mental, los últimos amarres que mantenían la sumisión de Jesús al líder terminaron de romperse. En un movimiento continuado, Jesús puso primero ambas manos en sus rodillas para hacer presión sobre ellas y apoyarse para levantarse de la silla. Hecho lo anterior, se fajó los pantalones, rodeo la silla y puso ambas manos sobre el respaldo, al tiempo en que inclinaba el cuerpo sobre ella y el mentón hacia el pecho. Una imagen completamente novedosa para él y amenazante para el líder
-Por primera vez en 15 años me vas a escuchar, Adrián. ¡Y ni se te ocurra interrumpirme!
- ¡Óyeme, igualado!
- ¡Silencio, que ahora me toca a mí!
30 largos minutos que el líder hubiera preferido no vivir. Previniendo otra crisis de salud, Jesús mantuvo hasta cierto límite el control de su voz y emociones, evitando palabras soeces para no alterar al líder en demasía, aunque sabía que un ejercicio de sinceramiento siempre hiper sensibiliza a quienes lo realizan
Sabedor que a él le correspondía preparar toda la estrategia comunicacional del gobierno y el conducente control de daños, Jesús condujo al líder por todo el camino recorrido por ambos, puntualizando los momentos críticos en los que él le había salvado tanto de los adversarios políticos como de los efectos corrosivos de su propia lengua.
El líder estuvo callado tanto para no alimentar nuevamente el estrés (y provocarse, ahora sí, un posible y fatal infarto) como para aptar el alcance y peligrosidad de Jesús. Si… quedó sorprendido por la tan diversa perspectiva que él tenía sobre muchos eventos vividos por ambos y por la gran cantidad de información que parecía tener. En su mente apareció, aún algo remota, la posibilidad de recular…
-Y ahora, me quieres chantajear con algo que tú mismo supiste desde el principio. Mas te vale, Adrián, que no le muevas porque si no…
Ahora fue Jesús quien tuvo que suspender el remate de la frase. Una serie de toquidos a la puerta del saloncito provocó que ambos voltearan hacia esa dirección. El líder gritó:
- ¿Quién toca? ¿Qué quieren? ¡Estoy ocupado!
-Soy yo, Licenciado. Rosita. Es de que…
- ¿Qué? ¡Pasa, niña, pasa!
La asistente abrió apresuradamente la puerta. Su regordeta figura transpiraba angustia. Traía un celular pegado a su sudoroso pecho
-Hay una llamada urgente… Del ministro Arnulfo. Le habla por su celular. ¿Qué le digo?
-A ver… Dame acá el aparato… ¡Puf! ¡Está todo sudado! Vete... ¡Vete! Tu quédate, Jesús. Aún no terminamos. Ministro Arnulfo. Dígame… ¿Para que soy bueno?
Si había un estilo de dicción que le molestara al líder aún más que el de los militares o el de los religiosos era el de los abogados, particularmente el de los ministros, magistrados y fiscales que había conocido a lo largo de casi toda su vida. Tal vez eso se debía al recuerdo del proceso penal que siguió cuando la muerte del otro hermano, el innombrable de entonces.
-Señor Presidente. Pues me dirijo a usted para pedirle, con todo respeto, que suavice sus invectivas y denostaciones en las conferencias. Ya estamos resintiendo, en el Poder Judicial, la respuesta infame y perniciosa hacia nuestras personas, nuestras familias y nuestras propiedades
-Oiga, Ministro… Pues ya deberían tener “callo”. Además, ya sabe usted que es parte del “chou” de esta democracia republicana. Recuerde lo que le dije cuando inauguré nuestro Cuarto Movimiento.
-Señor presidente, con todo respeto… ¡Esto ya se pasó del límite de la tolerancia! Sépalo bien… A partir de este momento, dejaré de apoyarle ante los ministros, magistrados y jueces
-Órale Arnulfo… ¿Pues qué mosca te picó? ¿A qué viene tanto alboroto? Solo dije lo de siempre y que te corresponde hacer: que tus “muchachos” no se vendan al mejor postor y ya.
-Adrián… ¡Acaban de asesinar a tres de los cuatro jueces de distrito que esta semana otorgaron el amparo en definitiva respecto a tu estulta ley de energías!
- ¿Qué dices?
-Y a dos de ellos… ¡Junto con sus Esposas e hijos!
-No puede ser
-Ve las noticias. Y me lo confirmaron tanto Gerardo como Emigdio que los autores intelectuales de los tres ataques fueron lideres vecinales de tu partido. Así que hasta aquí llegó mi apoyo.
-Pero no puedes dejarme así… Aún falta lo de la revocación, la consulta
-Lo siento. Primero va mi gremio y nuestra seguridad
-Y te recuerdo lo que tenemos en la Unidad de Inteligencia sobre…
- ¡Me vale mdre! Ya lo analicé bien y sé como responder. ¡Ah! Y te recuerdo que ya consensé esta posición con el Tribunal de Elecciones. Seguirán nuestra línea jurisdiccional. Chécalo si quieres. Adiós
El juego de miradas entre el líder y Jesús era, la mayoría de las veces, un elemento comunicativo más efectivo que las mismas palabras. Para cuando terminó la llamada con el ministro. Ya Jesús había prendido una pequeña pantalla instalada en el mismo saloncito. La noticia del triple atentado estaba en todos los canales nacionales e internacionales de noticias. Los ataques habían sido muy violentos, con pintas en las casas de las victimas a donde llegaron grupos de vándalos. Nadie sabía el paradero del cuarto juez.
-Perate, perate Jesús. Regrésale al canal anterior. ¿Ya te fijaste?
El canal citado era de una cadena internacional. Estaba repitiendo escenas tanto de lo reportado por sus corresponsales como de algunas escenas tomadas por las cámaras de vigilancia de los diversos lugares donde sucedieron los trágicos eventos.
-Espero que la repitan. ¡Ahí! Fíjate en el tipo que está junto al árbol. ¿Quién carajos lo mandó? ¡Me lleva!
Jesús aguzo la mirada. Y sí. Notó la inconfundible figura del Pelochas agazapado tras un árbol, pero haciendo claramente arengas a la turba
-Comunícame con el General… Y tú háblale al coronel Galindo.
Jesús cruzó los brazos por encima del pecho
- ¿Quieres que te comunique? Entiéndelo… Ya no soy tu empleado y, por lo mismo, no obedeceré ninguna de tus ordenes
-Es una crisis. ¡Te necesito!
Jesús no se movió un ápice
- ¡Apóyame!
Jesús inclinó la cabeza, mientras su boca gesticulaba como pronunciando las “mágicas” palabras: “Por favor”. Muy a regañadientes el líder las dijo:
-Por… por… favor
-Sale. Como un favor. Pero tenemos que terminar esta discusión hoy mismo
Quince minutos después ambos intercambiaron información.
-A ver Licenc… Adrián. ¿Entonces el General sólo tiene el control del expediente del Pelochas?
- ¡Respétame, Jesús!
-El respeto se gana. En privado eres Adrián, aunque en público te diré licenciado. Y eso no es negociable. ¿Okey?
-Ta bien. Si. El General solo lo tiene asignado como si fuera del Estado Mayor
-Bien. Entonces lo que me dijo el coronel es más creíble
- ¿Qué te dijo?
-Que cuando te llevaron al Hospital Francés, por orden del General retiraron a todo el personal de la Subsecretaría de Galindo, pero por celo profesional él decidió mantener en el perímetro a su gente. El día que ingresaste se apareció tu hijo mayor… Y estuvo dando órdenes a todo el mundo, diciendo que así había quedado con el General
- ¿Pero eso qué tiene que ver?
-Que al día siguiente se apareció el Pelochas. Se encontró con tu hijo en el estacionamiento y estuvieron platicando un buen rato. Mira. Ya llegó. Fíjate este video que me acaba de mandar Galindo. Lo grabó uno de sus agentes
En el video se veía al Hijo Mayor platicando y fumando con el Pelochas. En una parte se nota, incluso, que intercambiaban números telefónicos. El video había sido tomado algo lejos, por lo que el sonido ambiental impedía escuchar lo que ambos platicaban. El líder frunció el ceño
-Parece que tu hijo ya se le adelantó a Salustio. Te dije desde hace dos años que no lo dejaras operar en el partido, pero, para variar, me ignoraste
- ¿Y qué querías que hiciera? Se ha dedicado a la grilla toda la vida. No sabe hacer otra cosa. Pero no creo que Salustio lo haya dejado mover… ¿Qué? ¿Por qué me miras así?
Jesús había entornado los ojos
-Es como tú, pero versión chafa
Durante un instante, el líder apretó los labios, pero el halito tabasqueño pudo más. Y soltó una sonora carcajada. “Buen masaje al corazón”, pensó Jesús mientras sonreía a pleno diente
-Si… Es verdad. En fin.
Un discreto sonido en el celular de Jesús interrumpió el momentum. Otro mensaje de Galindo
-De Galindo, Dice: Aquí otro video que tomamos en las escaleras del Hospital y en él… podrás ver que… ¡Zas! Esto no te va a gustar
Si bien no era de una gran calidad visual y las escenas estaban borrosas, el autor del video pudo posicionarse cerca de los personajes que ahí aparecían. En la escena se podían apreciar tanto al Hijo Mayor como a Salustio discutiendo sobre la problemática de la reforma de energía. La voz del Junior resonaba fuerte, mientras los ojos saltones de Salustio reflejaban su gran temor hacia el hijo mayor del gran líder
- “¡No te hagas pndejo, como siempre! Orita mi papá no puede tomar decisiones así que las tomaré yo! Si no le aprietas a los juececitos esos antes de que resuelvan los amparos, yo me encargaré de ellos. ¿Está claro? Acuérdate, Salustio, que a mí me debes el puesto así que muévete o vete a ch…
El líder no pudo más.
-Por favor, por favor… Jesús. Háblale a Salustio. Y yo le marco a mi hijo.