Una mañana típica a inicios de 2020

El amor en tiempos del coronavirus.

By Maraca
En colaboración con: @AleMerlanga Un relato sobre el inicio del evento que cambio la vida de todos.
| #Coronavirus
El amor en tiempos del coronavirus.

Como todas las mañanas, Pablo se despierta, va al baño con su iPad, se rasura, se peina, desayuna su reglamentario plato de cereal con leche deslactosada, se lava los dientes y revisa el reloj, ufanamente dice:

-20 minutos, exactamente 20 minutos me toma estar listo para ir a trabajar.

Sonia ha oído este relato de la rutina tantas veces, que no sabe si aplaudirle o llorar.

Con una media sonrisa dibujada en la cara, se despide de él, no sin antes decirle:

-¿Ya leíste qué hay un virus en China? Dicen que unos chinos hicieron una sopa de murciélago y que no estaba bien cocido, entonces enfermaron y murieron. Hay mas chinos en ese mercado que están muriendo aun si haber comida la sopa. Dicen en las noticias que los animales contagiaron a los humanos y que están cayendo muertos como moscas.

Pablo con su condescendencia habitual y una palmadita en el hombro le contesta:

-No creas todo lo que lees en internet. Ya te dije que estar tanto tiempo en Twitter no te está dejando nada bueno. Estás todo el día con que si vamos a ser Venezuela, que si López quitó la gasolina porque no la compró y ahora esto del murciélago. No es la primera vez que los chinos hacen algo así, ya pasó en el 2000 con el SARS y ya ves que casi nadie habló de eso. Ya me voy porque tengo junta de consejo a las nueve.

Sonia es tesonuda y por ningún motivo se va a quedar con la etiqueta de conformista que le pone Pablo. Inmediatamente se mete a investigar en internet y redes sociales todo lo que se dice de la sopa de murciélago.

Lee que desde 2019 la OMS recibió reportes de una neumonía de origen desconocido, en la ciudad de Wuhan, en China y en enero rápidamente las autoridades de ese país reconocieron que había una nueva cepa de coronavirus.

Sonia le llama por teléfono a Pili, su compañera de andanzas desde la prepa, y se echa un largo chal con ella:

-No Soni, ya hasta tiene nombre, se llama COVID-19, ya lo dijo López Dóriga en el radio ayer, y que parece que están desinfectando las calles y las estaciones del metro, mercados y demás. Dicen que los van a encerrar en sus casas, eso no puede pasar, ¡dónde quedan los derechos humanos! Es imposible que te obliguen a estar encerrado en tu casa. Ahorita te mando unos videos por el Whats para que veas como están los chinitos esperando el camión y de repente caen como en película del oeste, fulminados.

Para cuando Pablo regresa de trabajar, Sonia tiene una lista interminable de planes para prevenir el coronavirus, pero llega de mal humor y juega el America, entonces lo deja para mañana.

Recién despertados, Sonia expresa todo lo acumulado la noche anterior:

-¿Oye? Anoche, entre tus ronquidos y todas las cosas que estuve leyendo en Twitter, Facebook y Whatsapp, no podía dormir y estuve pensando algo que deberíamos de hacer.

Sonia toma un trago de su café esperando respuesta pero en vista de que no la hay, le repite a Pablo:

-¿Oye? ¿Sí me escuchaste? ¿Me puedes hacer caso aunque tardes 21 minutos en estar listo? Anoche estuve pensando que tenemos que ser más precavidos con este tema del coronavirus y tomar medidas responsables. No me veas con esa cara, ya sé que siempre te parece que exagero pero en este caso, más vale que lo hagamos, no vaya a ser el diablo. Y, total, si nos organizamos, ¿qué tanto son cuarenta días?

Estaba viendo que ya en Costco y Sams la gente sale con carritos atascados de papel de baño, ha de ser porque la enfermedad provoca diarrea. También se están llenando de cloro, desinfectantes, gel antibacterial... yo no sé si exageran o qué pero nos tenemos que preparar porque, aunque obviamente no pienso aventarme el oso de salir con el carrito con 200 rollos de papel de baño y que me agarren a gargajos, estas personas que sí exageran, en un momento pueden propiciar el desabasto.

Estuve platicando con Doña Jose y le dije que se tiene que cuidar mucho, aunque ella no crea que esto del virus sea real, la verdad me da pavor que siga viniendo a la casa porque de nada sirve que nos cuidemos nosotros si ella está aquí, con eso de que vive con todo el familión y entran y salen todo el día. Le tuve que jurar que no la estoy corriendo ni mucho menos, ya quedamos en que le voy a pagar su sueldo íntegro cada semana y, en cuanto pase esto, ya puede regresar porque, después de todo, si nos organizamos, ¿qué tanto son cuarenta días? Y, ¿te soy sincera? Creo que hasta nos va a caer bien este descanso; quiero aprovechar para hacer lo que he ido dejando, como arreglar la despensa y los clósets, -que a ti no te vendría nada mal revisar y sacar toda la ropa que ya no usas desde hace años. Probar nuevas recetas, tomar alguna clase online, vivir sin prisa unos días.

Pablo ya sabe que esa mañana va a tardar treinta minutos en estar listo y más vale resumir, aceptar unas cosas y otras dejarlas en veremos porque no puede dejar de ir a jugar golf los domingos. Tiene que tener mucho cuidado con lo que va a contestar.

-Estoy de acuerdo con hacer un súper grande, más vale tener cubiertos los posibles 40 días de encierro. En la oficina estamos pensando ofrecer el Home Office voluntario. Pero eso de que no venga Doña Jose, no sé, creo que estás exagerando.

Prende la tele, y empieza a escucharse la mañanera.

-Ve, el presidente dice claramente que no es momento de aislarse. Que el virus no es peligroso, que es como un resfriado normal y mucho menos contagioso que el H1N1. Si lo dice es por algo, yo creo que un presidente jamás pondría en riesgo a los ciudadanos, vamos viendo.



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