El leopardo de las nieves es una de las especies más misteriosas del planeta y uno de los grandes felinos menos estudiados. Se trata de un animal realmente esquivo. Al leopardo de las nieves (Panthera uncia), se le conoce también como irbis y pantera de las nieves.

Su pelaje espeso le permite sobrevivir a grandes alturas, donde las temperaturas llegan a ser extremadamente frías, mientras que sus tonos grisáceos y sus grandes manchas negras le permiten camuflarse perfectamente.
Son animales solitarios y viven en bajas densidades en las montañas, en altitudes que varían desde 2,000 a más de 5,000 metros sobre el nivel del mar. El 60% de la población del leopardo de las nieves vive en la meseta tibetana de China.
En el pasado, el leopardo de las nieves fue clasificado dentro de un género propio (Uncia). Más adelante se le incluyó en el género Panthera, tras la información ofrecida por diversos análisis genéticos.
Es el único gran felino que no puede rugir. Pese a tener un aparato fonador similar al de otros felinos como el leopardo, león o tigre, las cuerdas vocales de los irbis son más cortas y no les permiten rugir.
Las plantas de sus pies están cubiertas de piel, son muy anchas y actúan como raquetas de nieve naturales, amortiguando el sonido al caminar. Tiene unas patas musculosas pudiendo dar saltos de más de 15 metros y destaca especialmente por su majestuosa y larga cola.
El período de gestación del leopardo de las nieves es de 90 a 100 días, naciendo una camada de 1 a 5 crías con peso de 300 a 600 gramos, la media suelen ser 2 cachorros. Permanecen con su madre hasta los dos años de edad, mientras aprenden a cazar y valerse por sí mismos.
Su cola muy peluda y de casi un metro de largo, le sirve para mantener el equilibrio mientras se desplaza, entre los riscos escarpados, pero además le proporciona protección adicional contra el frío. Los irbis pueden cazar animales que les triplican en peso.
El leopardo de las nieves figura como "vulnerable" en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. Se estima que hay entre 6,000 y 8,000 leopardos en estado salvaje, aunque el número exacto es imposible de conocerlo, pues son extremadamente complicados de censar.
En la parte norte de estas montañas y valles, toda la población es tibetana y de religión budista. Para ellos y para los pueblos de Asia central, el leopardo de las nieves posee un componente sagrado y misterioso. Ha sido venerado por los budistas durante milenios. En Mongolia, le llaman el “espíritu de la montaña” y dicen que solo llegan a verlo las personas felices.






