#ElOcasoDelCacique

¿El final? Parte 1.

Tan cerca y tan lejos, un ocaso y muchas complicaciones. ¿Será este realmente el final de el Líder y la penitencia que el trajo?
| Opinión
¿El final? Parte 1.

Ya en la recta final del increíble relato #ElOcasoDelCacique no te lo pierdas y revive la parte anterior aquí:

La víspera.

¿El final? Parte 1:

De repente, un grito terrible invadió la sala presagiando lo peor.

- ¡El desfibrilador! ¡Que se nos muere!

El efecto de ese grito fue devastador. El salón de la conferencia se convirtió en una auténtica batahola: algunos de los presentes clamaban pidiendo una ambulancia, otros trataban de acercarse al lugar donde había caído el líder. Jesús, cuyo primer impulso fue hincarse para asistir al médico cubano detuvo el movimiento y, erguido, dio las órdenes precisas para contener en lo posible los efectos del dramático evento.

- ¡Jenaro! ¡Corta la transmisión! ¡Choco! ¡El biombo! ¡Jacobo! ¡Detén a estos cabrones! ¡Lorenzo! ¡Nadie sale con celular!

Con una sincronización pasmosa, todos los aludidos accionaron al unísono. En las pantallas de la televisión oficial y sitios del ciberespacio aparecieron anuncios alusivos a las efemérides del día. Los auxiliares del médico cubano llegaron tanto con el equipo solicitado como con un pequeño biombo portátil con el que rápidamente rodearon al líder y al médico. Una treintena de guardias de seguridad encabezados por Jacinto, su jefe, hizo retroceder a punta de empujones a los periodistas e invitados hasta los confines del salón para, posteriormente, pedirles de modo poco cordial les entregaran sus dispositivos electrónicos.

En el caso de los medios oficialistas ello fue relativamente sencillo, no así con los pocos reporteros de medios críticos que objetaron, de inmediato, la represión de la que eran objeto. Jorge, Teresa, Leonardo y Mario, empero, fueron los primeros en entregar sus celulares no sin antes expresar, cada uno a su manera, un comentario sarcástico sobre la supuesta apertura y no represión del gobierno del líder. Tras ello, se voltearon a ver con miradas de evidente complicidad frotando una especie de fistol que cada uno llevaba en la solapa de su saco o chamarra. Mientras eran conducidos por los mismos guardias a la salida del Palacio, Mario no pudo evitar el comentario:

- ¡Por primera vez, debemos agradecer la bendita ignorancia del gobierno de la austeridad hasta en la información!

Ya habían salido del edificio en ese momento. Teresa preguntó, intrigada:

- ¿Agradecer, Mario? ¿Por qué o qué?

Mario sonrió abiertamente mostrando de extremo a extremo su blanqueada y amplia dentadura:

- ¡Por esto, Tere! Desconocer que existan camaritas en forma de fistol.

Los cuatro soltaron una carcajada para sorpresa y molestia de los reporteros que pasaban por ahí.

-Bueno Colegas (terció Jorge) Los dejo porque tengo que reportarme a la central. Hay que manejar bien esta “bomba”.

Jesús los vio salir. El médico y su equipo habían logrado una desfibrilación exitosa y conducían al desfallecido líder a sus aposentos privados para determinar la gravedad del problema, por lo que Jesús decidió apartarse un poco hasta conocer más detalles. Sin embargo, el aspecto que presentaba el líder era aterrador. Con los ojos llorosos se apartó de la escena y tomó la decisión más acertada que se podría hacer en ese momento… El panorama era muy, pero muy ominoso. Marcó rápidamente desde el celular personal del líder

-Rosita… Soy yo. Acaba de suceder algo espantoso. Comunícate con todos los integrantes del gabinete de emergencia y pídeles que vengan lo antes posible al bunker. ¡Ah! También avísale al ministro Arnulfo

Genaro se acercó a él y le ofreció u cigarrillo, mismo que Jesús aceptó.

-Oye Jesús… ¿Vas a dejar que esos mendigos se vayan así nomás? ¿Después de lo que le provocaron al Licenciado? Hijos de su p…

-Tranquis. Jenízaro. El licenciado ya estaba mal de salud y, para nuestra desgracia, se conectó gacho con las preguntas. Él solito se provocó el infarto. Esos gueyes sólo hicieron su chamba… que es joder.

-Pero… ¡No se vale! ¡Atacarlo de a montón! Bola de pu…

- ¡Ey! ¡Calmex tú! No quiero otro infartado

-Esta bien. Está bien. ¿Y ahora? ¿Qué hacemos? Porque esos cabecillas, con todo y que les quitamos los celulares, de seguro van a ir de chismosos con sus pinchurrientos pasquines.

-Tantos años de mover el abanico… ¡Y lo mueves como soplador de comal, Baboso! No captas el panorama completo. Quitarles el celular sólo fue para ganar tiempo en lo que nos organizamos para dar un aviso oficial.

- ¿Vamos a decir lo del infarto?

- ¡Claro que no, wey! Por lo pronto pídele a Santa que publique algo así: “Nuestro querido líder, el presidente Adrián, tuvo una ligera recaída de salud debido al exceso de trabajo al que ha estado sometido en los últimos días, atendiendo a los graves problemas que aquejan al país”. Esa sería la cabeza. Y le dices a Santa que ponga a correr las ardillas de todos en la agencia en friega loca para redondear la noticia. Quiero el borrador final en media hora. ¿Te queda claro?

-Si, Jesús, sí. Y tú… ¿Qué vas a hacer?

-Ya le pedí a Rosita que cite a los secretarios del gabinete de emergencia. Alma se tendrá que haga cargo de todo, por el momento. Ve preparando el bunker. Voy a ver a Choquito.

Ambos apagaron en el suelo sus respectivos cigarrillos y se despidieron. Jesús inició una rápida caminata, llegó al patio central, subió por la escalinata principal y se dirigió a la habitación del líder. Sentía la cabeza como embotada. Demasiados sucesos dispares, contrastantes en los últimos meses. Y los sentimientos encontrados entre el líder y él. ¿Qué hacer ahora? ¿Qué? Cierto que el momento actual era menos insufrible que el sucedido unos meses antes, cuando el líder acabó en el Sanatorio. Pero lo de ahora, aunque de alguna manera previsible y no tan sorprendente, tenia un mayor peso en Jesús tanto por la petición (casi súplica) del líder para que él le ayudara a redactar su testamento ideológico como por el deterioro progresivo que Jesús había presenciado, durante los últimos días, en prácticamente todos los ámbitos públicos y privados de Adrián. El fantasma de la muerte ya no era una ilusión, algo imaginario o etéreo, sino casi tangible. Se le podía oír, oler y casi ver rondando en cada rincón del virreinal Palacio.

Pocos metros antes de la habitación sonó uno de sus teléfonos. Era el satelital. No reconoció al emisor lo cual le extrañó de sobremanera pues muy pocos tenían acceso a él. ¿Sería alguna nueva licenciada a las que el líder era tan “aficionado”? Decidió actuar con cautela.

- ¿Con quién desea hablar?

Una inconfundible voz masculina le contestó. Jesús hubiera deseado que fuese “una licenciada” nada más.

-Hola Jesús

- ¡Don Francisco!

-Me acabo de enterar por los medios. ¿Es cierto lo del infarto?

-Pues sí. Acaba de suceder

- ¿Y cómo es posible que ya anden divulgando que Adrián está muriendo? ¿Por qué no controlaste eso? ¡Están emitiendo las imágenes en todos los noticiarios matutinos de Emigdio y de Gerardo!

-Ah caray… Pues les quitamos los celulares… Creí que con eso era suf…

- ¡Te chamaquearon, Jesús! ¡Esos cabezones están bien equipados! De seguro tenían camaritas escondidas por ahí

Hasta ese momento Jesús ubicó que los cuatro periodistas incómodos portaban, en sus vestimentas, el mismo fistol… ¡Hijos de su…! En fin. Tendría que aguantar otro regaño más

-Disculpe Don Francisco. La verdad se me pasó revisar con más cuidado a esos nefastos.

-Ya déjalo. No podrías evitarlo. No del todo. ¿Y qué pasó?

-Efectivamente le dio un infarto a Adrián. El médico que lo atiende logró resucitarlo, pero… la mera verdad… Adrián está muy mal. Los reporteros lo confrontaron y él… pues se alocó

- Mmmm… Parece que al zoquete de tu jefe le volvió a ganar la tripa. ¿Le dijiste que estuviera calmado?

-Si Señor. Justo antes de que iniciara la conferencia. Le avisé que estarían los cuatro reporteros hostiles que más lo han estado jorobando, pero estos se pusieron de acuerdo, lo acorralaron y…

-Pnche carácter. Desde que era más mocoso que tú le dije que se controlara. De haber sabido no le presto para el rancho… Y allá va a acabar… En la puritita Ching… Bueno. Tu no sabes nada de esto… ¿O sí?

Jesús tragó saliva. Si lo negaba el anciano maestro de seguro le retiraría su confianza y volvería a referirlo como “Rodriguitos” y si lo afirmaba podría sentirlo como una amenaza para él. Optó por dar una respuesta ambigua.

-Me enteré de algo… No mucho… ¿Fue la época en que compuso el himno?

-Jesusito… No estás tan verde como creía. Bueno. Eso no importa ahorita. ¿Qué piensas hacer?

-Pues depende de lo que me diga el médico. Por lo pronto ya dispuse que, oficialmente, publiquemos Adrián sufrió una recaída en su salud por la carga de trabajo tan fuerte que tiene. Los medios oficiales lo repetirán como pericos, pero los hostiles…

-Déjalos. No podemos ocultar lo inevitable. Solo podemos mitigar el efecto. Adrián va a felpar.

-Ah caray…

Si bien Jesús ya había considerado esa posibilidad, al decirlo así Don Francisco, de una manera tan tajante, no pudo evitar una sensación de desolación. El ladino viejo se percató de ello y agregó.

-No te me agüites. Te necesitamos sereno. Debes mantener la calma. ¿Te queda claro?

-Si, Señor (contestó Jesús un poco más compuesto)

-Bueno. Imagino que ya mandaste reunir al gabinete de emergencias

-Si Señor. De hecho, iba rumbo al Bunker para diseñar la estrategia.

-No te metas en broncas. Deja que el abogadete de Adrián y Alma se encarguen de la monserga legal. Necesito que me informes sobre la reacción de todos los secretarios. El momento es crucial para saber en quién podemos confiar en lo que elegimos al relevo

- ¿Así de plano?

-Si. Fíjate muy bien en sus actitudes, sus comentarios. De seguro varios de ellos van a enseñar el cobre y habrá que eliminarlos. No queremos traidores en el Movimiento.

-Eliminarlos…. ¿Políticamente?

-Política y totalmente. Ni nos benefician y si nos perjudican. Es momento de definiciones. ¿Cuento contigo o te me vas a rajar?

-Claro que cuenta conmigo. Yo seguiré con usted y con la fraternidad… Estoy decidido

-Así me gusta. Háblame en una hora. Cada minuto que pase es vital para definir mejor lo que debemos hacer. ¿Va?

-Va

Tras colgar, Jesús se sintió mareado y sólo acertó a recargarse en uno de los barandales de cantera rosa que ornaban el pasillo rumbo a la recámara del líder. El tono, la forma de hablar, el significado de las palabras que pronunció… Todo lo conversado con el anciano le había provocado un torbellino mental. Muerte… Traición… Movimiento. Y él estaba inmerso más allá de lo que podría haber imaginado. Como pudo se rehízo y continuó su marcha hasta llegar a la habitación. Tocó la puerta con suavidad. El médico cubano abrió

- ¡Jesús! ¡Qué bueno que llegaste! Oye… esta situación es insostenible. El líder está muy, pero muy grave. Tenemos que trasladarlo a…

Un ademán de Jesús hizo que el médico callara

- ¿Qué tan grave? ¿Cómo la otra vez?

El rostro del médico anticipó la consabida respuesta

-Peor. Esto ya es irremediable… Casi fatal

Jesús trago saliva. Una cosa era que un anciano expresidente especulara sobre la posibilidad de la muerte y otra, bastante diferente, que el médico a cargo del líder lo dictaminara. Tras unos segundos recuperó la compostura

-Bien. Si es como dices, no le veo caso el trasladarlo a un hospital. Sólo causaría más revuelo y no lograríamos lo más importante… Que es salvarle la vida

-Pero existe la posibilidad de que…

- ¿Se recupere?

-No… Si acaso que su muerte sea menos dolorosa

- ¿Está consciente?

-Está adormilado. Recuperó el conocimiento hace ratito y preguntó por ti

- ¿Por mí?

Cuando el médico estaba a punto de contestar, la inconfundible voz de Adrián resonó a través de un grito que más pareció un quejido

- ¡Choco! Necesito a Jesús

Ambos ingresaron en la habitación. Dos enfermeras estaban terminando de acomodar equipo médico. Con un chasquido de dedos, el médico cubano las hizo salir. El rostro del líder reflejaba una coloración tétrica que impactó visiblemente a Jesús. Quien apenas pudo reprimir un sollozo.

-Salte tantito, Choquito. Dame unos minutos con Jesús

-Licenciado… Usted no debe

-Choquito… Ni siquiera porque me estoy muriendo me puedes dejar de regañar. Anda, anda.

El médico suspiró sabedor que el líder impondría, como siempre, su voluntad. Y salió

Los decaídos párpados del líder apenas se levantaron en cuanto el ruido de la puerta le dio a entender que el médico había salido. Jesús aguardaba de pie junto a la cama. El líder le hizo una señal para que se sentara a un lado de él.

-Pues sí, Jesús, Voy a lograrlo. Moriré en Palacio como mi admirado Agapito. Se me hizo… jejeje

La cavernosa voz con que pronunció esas palabras provocó un efecto contrario a lo que el habría querido. Más que broma, el comentario pareció un lamento.

-No digas eso, Adrián. Tu no

-Calla, calla… No sabes mentir… No conmigo. Así que sólo será cuestión de horas… O minutos… para que seas libre de nuevo

-Adrián

-Nada, nada. Estate tranquilo. Muerto yo no habrá quien te fastidie por el resto de tu vida. Pero aún tenemos un par de cuestiones pendientes

- ¿Sobre qué? ¿El testamento?

-Esa es una. Escribí algo. Busca en mi escritorio… El folder verde… ahí está. Tú me conoces así que puedes cambiarlo y dejarlo bonito… Como tú sabes-… Como hiciste con mis últimos libros. Eres bueno en eso

-Gracias Adrián. ¿Y la otra?

-La otra… Es sobre mi sucesor… Quiero que tú…

El líder abrió desmesuradamente los ojos, haciendo una gran inhalación de aire… Y se desmayó. Jesús entró en pánico y se levantó dirigiéndose rápidamente a la puerta

- ¡Choco! ¡Chooocooo!

El médico entró e hizo un rápido reconocimiento en el agonizante líder, mientras Jesús lo miraba aterrado.

- ¿Ya mu… mu…rio?

-No. Aún no. Su corazón ya no bombea sangre como debería. Esto sólo fue un desmayo, pero realmente ya está en las últimas. Le dije que debería descansar, pero es un pnche terco

- ¡Choco!

-Discúlpame Jesús, pero hay cosas que nomás no

-Ok. Ok. Pues te dejo porque tengo que ver al gabinete. Avísame sobre cualquier cosa que suceda. Oye… ¿Y dónde está la señora… la diabla?

-En su recámara. Cuando llegamos aquí se puso a gritar como loca, así que le pedí a mis asistentes que la sedaran. Estará dormida unas cuatro o cinco horas

-Bien hecho. En fin. Me voy. Seguimos en contacto.

Cuando Jesús llegó al bunker ya estaban todos los integrantes del gabinete compacto: Alma mantenía la mirada hacia abajo y por el movimiento de sus labios parecía rezar; Humberto paseaba de un lado a otro con celular en mano mientras conversaba con alguien en inglés; Montero y Salustio, los lideres camerales, cuchicheaban entre sí sentados codo a codo en el extremo de la mesa; el Canciller Claudio dialogaba con el Ministro Arnulfo y el abogado Schneider haciendo aspavientos con ambos brazos, mientras el General y Jacobo, con el rostro endurecido, mantenían la mirada fija al frente, haciéndose comentarios esporádicos. Sólo faltaban Rosalía, ausente debido a una de sus tantas giras para revisar el avance de la refinería y Estela, que andaba de gira por el Caribe para promover los programas sociales que tanto gustaban al líder, aunque para efectos prácticos su presencia realmente no serviría de mucho.

En cuanto ingresó Jesús, todos los asistentes se pusieron de pie y lo abrumaron con preguntas

- “¿Cómo está nuestro líder? ¡Dinos!”, espetaron Alma, Salustio y Claudio, con voces un tanto lacrimógenas)

- “¿Está grave, puede morir?” cuestionó inquisitivo el Senador Montero, mostrando una mueca sarcástica

- “¿Hay posibilidades de que se recupere?” Terciaron solemnes el abogado Schneider y el ministro Arnulfo

Jesús decidió dar una respuesta neutra, acorde a las instrucciones de Don Francisco. Era el momento de la verdad para calar a los que debían seguir en activo y a los que habría que desechar.

-El Licenciado Adrián Robles se encuentra en situación crítica pero estable. Aún no se sabe con certeza cuales son sus posibilidades para recuperarse. Lo sabremos en el transcurso de las siguientes dos horas así que deberemos esperar…


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@SergioRenovado

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