En la literatura occidental no hay orcas. A pesar de su aspecto de criatura mítica, un cuerpo lustroso, los colores del oso panda y una sonrisa de dientes cónicos, no hay una orca equivalente a Moby Dick, la gran ballena blanca. Cuando las ves en su entorno natural, percibes todo aquello que jamás podrá apreciarse en un espectáculo: su espíritu y sagacidad, su alegría y astucia, su amor por el mar abierto, la caza, la vida.
A las comúnmente conocidas como orcas asesinas, Orcinus orca, les precede su nombre y fama de peligrosas, pero hasta el momento no se ha registrado un ataque mortal a un humano de estos animales en libertad, aunque sí ha ocurrido en cautiverio. De hecho, el término "ballena asesina" solo es una confusión desafortunada. El término de «asesina-ballenas» fue acuñado por balleneros españoles en el siglo XVIII al observarlas atacar y matar cetáceos grandes. De ahí pasó al inglés, en el que el término fue erróneamente traducido como «killer whales», «ballenas asesinas» (en lugar de «whale killers»), término que fue posteriormente adoptado en castellano como ballena asesina.

La denominación «orca» fue usada ya por los antiguos romanos. Plinio la recoge en el tomo IX de su Historia natural aplicándola a un cetáceo que perseguía y atacaba a las ballenas. El nombre provenía de la semejanza de aspecto con las tinajas (denominadas de la misma forma) en las que se transportaba aceite o vino. En las primeras ediciones del Diccionario de la Real Academia Española, «orca» designaba a un monstruo marino, genéricamente enemigo de las ballenas.
Su característica más representativa es la aleta dorsal, que puede llegar a medir 1.80 metros y se queda atrofiada cuando permanecen en cautiverio. También es muy peculiar el color blanco y negro que cubre su cuerpo que de una forma única identifica a cada individuo.

Las orcas, son los más grandes de los delfínidos y de los cetáceos más robustos. El rostro es cónico, con un hocico claramente obtuso. Dentro de los cetáceos, esta especie presenta un patrón de pigmentación muy particular, lo cual facilita su identificación en el campo. Son completamente negros en el dorso y su vientre es blanco. Este color corre desde la punta de la mandíbula hasta la región urogenital. Las orcas presentan una mancha ocular por arriba y detrás de los ojos. La porción ventral de la aleta caudal también es de coloración blanca. Esta especie presenta una zona grisácea detrás de la aleta dorsal llamada silla de montar, la cual varía en forma, tamaño y cantidad de pigmento. El patrón típico de coloración descrito es general para la especie, sin embargo, a nivel poblacional e individual, hay variaciones.
Las orcas presentan un dimorfismo sexual muy marcado. Los machos llegan a medir entre 8 y 9 m de longitud, pesando entre 8 y 9 toneladas. Alrededor de los 20 años, su aleta dorsal, de aproximadamente 180 cm de alto, deja de crecer, y generalmente presenta una forma triangular, de ahí que en algunas regiones del noroeste de México estos animales sean conocidos como machetes. Las hembras alcanzan una talla de entre 7 y 8 m (con un máximo registrado de 8.5m), y un peso de alrededor de 6 y 7 toneladas, aunque en promedio es de 4 toneladas. La aleta dorsal de las hembras alcanza únicamente los 90 cm de altura y es más curvada que la de los machos, lo que ocasiona confusión en el campo a la hora de distinguir a las hembras adultas con los machos jóvenes.
En la dieta de las orcas se incluyen desde leones marinos, focas, pingüinos, calamares, pulpos, tortugas, hasta tiburones. Las orcas no se lanzan con la boca abierta para engullir gran cantidad de peces y agua marina, sino que actúan como perros pastores que guían el rebaño para compactar los cardúmenes en grupos densos y controlables.
Se trata de unos animales bastante longevos que viven entre 60 y 90 años y habitan en todos los océanos del planeta, aunque tienen cierta preferencia por las aguas frías.
Las orcas presentan la distribución más amplia de todos los cetáceos. Sin embargo, aunque se encuentran en todos los océanos, a menudo cerca de la costa, y en todas las latitudes, desde el Ártico hasta el Antártico, continúan siendo un misterio. Ni siquiera sabemos en cuántas especies y subespecies se distribuye su población total, que se calcula es de al menos 50,000 ejemplares. ¿Es una buena cifra? ¿O corren peligro? Nadie lo sabe, porque no empezaron a cuantificarse hasta los años setenta y los investigadores no están seguros de cuántos individuos pertenecen a cada uno de los ecotipos actualmente reconocidos.
Son animales inteligentes que han desarrollado un sistema de comunicación muy complejo, directamente proporcional a la red de relaciones sociales que tejen entre los grupos, mediante el cual también se orientan e identifican a sus presas.
Las orcas viven en grupos sociales inusuales, en los que hijos e hijas permanecen junto a sus madres durante toda su vida, es decir, la unidad social básica es matrilineal. Las orcas hembra pierden su capacidad reproductiva después de los 30 ó 40 y tantos años de edad, pero pueden vivir hasta 90 años. Cuando los hijos se aparean, la descendencia de éstos es cuidada por hembras de otro grupo, mientras que cuando las hijas se aparean, su descendencia permanece en el grupo. Viviendo con sus hijos e hijas, y con parte de sus nietos y nietas, las matriarcas tienen la oportunidad de aumentar la transmisión de sus genes al ayudar a sus hijos e hijas adultos a sobrevivir y reproducirse.
El equipo de Emma Foster, de la Universidad de Exeter, ha descubierto que los principales beneficiados de la prolongada compañía de la madre son, curiosamente, los hijos (machos) adultos. Éste parece ser el principal motivo evolutivo de que las hembras de orca tengan la menopausia más larga entre las hembras de cualquier especie que no sea la humana.

Fuentes: National Geographic, BBC, Naturalista, Noticias de ciencia, imágenes tomadas de internet






