El 25 de abril de 2021 la película "My octopus teacher" ("Mi maestro el pulpo" en Hispanoamérica y "Lo que el pulpo me enseñó" en España) obtuvo el Oscar a la mejor película documental. En ella podemos observar la extraña amistad entre un cineasta y un pulpo común (Octopus vulgaris), y documenta de excelente manera la inteligencia y sentimientos que poseen estos animales. Si aún no la has visto, te recomiendo hacerlo.
Los octópodos (Octopoda, del griego ὀκτώ oktṓ 'ocho' y ‒́podo 'pie') son un orden de moluscos cefalópodos octopodiformes conocidos comúnmente como pulpos. Están equipados con ocho brazos cubiertos de ventosas y un cuerpo musculoso sin huesos ni conchas. Cerca de 200 especies se distribuyen en todas las aguas marinas del globo.
Aunque nuestro parentesco con ellos es muy remoto (se remonta a 500 millones de años atrás), al estudiarlos muestran algunas similitudes inquietantes con el ser
humano. Detrás de unos ojos que miran fijamente, su cerebro funciona de forma sorprendentemente parecida al nuestro y su curiosidad y su deseo de explorar nos recuerdan nuestra propia sed de conocimiento. El estudio de estas similitudes, llamadas convergencias evolutivas, permite comprender mejor cómo el medio ambiente y la evolución dan forma a órganos y comportamientos de manera similar.
El comportamiento de los pulpos parece indicar una inteligencia impresionante. En etología, ciencia que estudia la conducta, se estudia esta inteligencia, que más bien se denomina cognición. Las habilidades cognitivas se pueden definir como los procesos mediante los que la información del entorno se percibe, procesa, transforma, retiene y luego se utiliza para tomar decisiones y actuar.
Frente a sus múltiples depredadores, los pulpos son maestros del camuflaje. Pueden imitar su entorno cambiando el color y la textura de su piel al instante y de diversas formas, gracias a unas células pigmentadas llamadas cromatóforos y múltiples músculos que cubren su epidermis.
En ausencia de un caparazón, los pulpos son muy vulnerables. Por eso buscarán esconderse, preferiblemente en un refugio en forma de cavidad debajo de una roca: los pulpos organizan y mantienen su refugio quitando arena y agregando piedras y conchas para cerrar mejor la entrada. Otros preferirán cubrirse de fango o conchas para esconderse, y algunos incluso llevarán su refugio en sus brazos, comportamiento que se considera el uso de una herramienta.
Los pulpos también son formidables depredadores. Sus mecanismos de ataque se adaptan a la gran variedad de presas que consumen: todo tipo de mariscos y crustáceos, pero también peces e incluso otros cefalópodos. Pueden usar su visión y camuflaje para cazar, o sus brazos para explorar, tocar y saborear el entorno y agarrar cualquier alimento a su alcance. Pueden tener interacciones para cazar y cooperar con ciertos peces, especialmente meros, para encontrar presas escondidas. Aprenden a tener cuidado con los cangrejos que transportan anémonas y los atacan con cautela sin que les piquen.

Al consumir mariscos y moluscos, los pulpos pueden forzar la apertura del caparazón, posiblemente deslizando un pequeño guijarro para bloquear el cierre, o inyectando una toxina paralizante que permitirá que el caparazón se abra fácilmente. La toxina se inocula en un músculo muy preciso después de perforar el caparazón y el pulpo debe aprender y recordar dónde perforar cada caparazón.
Las habilidades cognitivas de los pulpos también se estudian ampliamente en el laboratorio, aunque estos animales resultan complejos de estudiar, especialmente por su gran fuerza, ya que pueden destruir fácilmente los dispositivos de investigación.
Los pulpos pueden aprender observando a sus compañeros. Esto es sorprendente, porque son animales descritos como predominantemente solitarios (aunque ocasionalmente se han observado comunidades).
Si volvemos a la definición de inteligencia, se observa que los pulpos validan todas las condiciones: muestran gran flexibilidad en la obtención de información (uso de varios sentidos, aprendizaje social), en el procesamiento de esta información (aprendizaje discriminativo y condicional), en su retención (memoria de largo plazo), y en su uso (adaptación de comportamiento ante diferentes depredadores y presas).
No significa que sean los más inteligentes de nuestros mares. En la escuela de cefalópodos, el pulpo sería el alumno travieso y curioso, y como vimos anteriormente en estas #EspeciesInteresantes, la sepia sería la primera de la clase.
Además de una gran inteligencia, estudios recientes indican que los pulpos también presentan sentimientos que anteriormente solo se relacionaban con animales vertebrados, como chimpancés e incluso perros domésticos.
El 22 de Febrero de este año, en la revista iScience se publicó un artículo titulado "Behavioral and neurophysiological evidence suggests affective pain experience in octopus", donde Robyn Crook, neurobióloga de la Universidad Estatal de San Francisco, intenta demostrar que los pulpos pueden sentir dolores emocionales potentes.
Las investigaciones de Crook demuestran que, además de ser capaces de responder reflexivamente a estímulos nocivos, tienen la capacidad incluso de sentir vergüenza. A nivel neurológico, los pulpos son los invertebrados más completos de la Tierra. Pocos estudios anteriores se habían enfocado en su capacidad de experimentar dolor, o las diversas capas de trauma que estos animales pueden experimentar. Aunque es complicado identificar sentimientos subjetivos en los animales, el comportamiento de los pulpos sugiere que no sólo sufren a nivel físico.
«Nuestro objetivo con este estudio era trasladar la cuestión del dolor de invertebrados más allá de toda duda razonable», dijo el laboratorio de Crook en un comunicado, «de modo que los esfuerzos para regular mejor su uso humano puedan continuar con una sólida base probatoria que hasta ahora ha sido carente.»

Fuente: National Geographic, iScience https://doi.org/10.1016/j.isci.2021.102229, comunicado https://crooklab.org/cephalopodpain, imágenes tomadas de internet





