#ImpunidadDorada

Entre Olivos y Tezonco.

Lo realmente trágico es la forma escandalosa y deshumanizada como los funcionarios involucrados se volcaron a deshacerse del problema, a tratar de salir sin un rasguño del accidente.
| Opinión
Entre Olivos y Tezonco.

Podría escribir, una vez más, otra vez, de nuevo, lo mismo que se ha escrito hasta el hartazgo, sobre las razones físicas de la tragedia. Sería redundante. El punto es que falló un perno y murieron personas o no falló pero de cualquier forma, murieron personas.

Lo realmente trágico es la forma escandalosa y deshumanizada como los funcionarios involucrados se volcaron a deshacerse del problema, a tratar de salir sin un rasguño del accidente. Ciertamente hay estructuras organizacionales y niveles de responsabilidad en los proyectos de construcción, son temas de ingeniería y administración en los que, lamentablemente, al participar el gobierno, la corrupción es prácticamente inevitable. Nótese el término prácticamente para insertar la corrupción como una práctica estandarizada en las acciones de gobierno.

Cuando se inauguró, el entonces director del metro de Ciudad de México, Jorge Gaviño, denunció que la obra, y cito: “nació con problemas endémicos que no se van a solucionar nunca” y que requeriría mantenimiento “de una manera permanente” 

Ese mantenimiento, de haberse ejecutado adecuadamente, hubiera revelado la posibilidad de la falla. Yo quiero pensar que el desplome no fue un evento instantáneo. La estructura debió estar presentando anomalías tiempo antes de la falla catastrófica y estas señales fueron ignoradas o maltratadas. Los viajeros frecuentes y apretujados desarrollaron con el tiempo la capacidad de ignorar esos tronidos, esas sacudidas, ese ruido quebradizo que se hizo parte del viaje tan molesto como necesario, tan cotidiano. Como un cáncer, la falla hizo metástasis en la estructura hasta el inevitable punto de quiebre. Ese punto, el quiebre, ese sí fue instantáneo.

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Al final acusan a personas de las que el público sabe por primera vez. Nombres de fulanitos que de otra forma continuarían en el anonimato. Para el gobierno, los muertos son solo un problema más. La apuesta es al olvido, a que pase, a que dejen de chingar con eso… No fuera Loret de Mola porque le dedicarían tiempo y recursos directamente proporcionales a la molestia, al atrevimiento de atacar el discurso de 20 años que tanta y tanta gente ha engañado. 

Ahora Sheinbaum dirá algunas palabras y con su cara de fastidio quizá coloque flores. Repartirán mas dinero para callar el dolor y continuarán en su carrera.

El caso es que, salvo algunas notas, la noticia dejó de serlo rápidamente, tan rápidamente como fue posible a la oficina de comunicación social enterrar el asunto. Enterrarlo antes incluso que a los muertos. No así para aquellos que perdieron a un amigo, a un hermano, a su madre o padre, a un colaborador ejemplar, a un trabajador honesto. No así para los pobres usuarios que NO deben aspirar a tener un cochecito y glorificar así su condición empleando el transporte público, ese, en el tramo de Olivos a Tezonco que conecta la pobreza con la desesperanza en la línea 12 del metro, el tramo que conecta la tragedia con la impunidad, la indolencia y la corrupción de los que no son iguales.

Duelen los muertos, pero duele más la impunidad de la que nadan los culpables.



Fibonacci Juancho

Si me vas a seguir, que sea por coincidir en ideas. Te sigo. Apartidista. @CNexiones #RepDeFiFidonia

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