Por la tarde... temprano.
Parte ocho de “El Ocaso del Cacique”.
No te pierdas la séptima parte aquí:
-Y asegúrate que mis hijos me acompañen… ¡Los cuatro!
-Hago los preparativos. Los mayores están aquí y pueden irse con usted, pero el chico anda en Cozumel (Una mirada fulminante le obligó a completar) Hago los arreglos para que los alcancé allá.
A veces el aprecio y la auténtica preocupación hacia alguien, por más que puede acarrear problemas, impulsa al que lo exterioriza a recibir un descolón o por lo menos un desaire. Jesús le debía mucho a él, por lo que no pudo resistir externarle lo que sentía. Tragó saliva antes de decir:
-Licenciado… Después del incidente de la madrugada y lo de la conferencia… ¿No sería conveniente que por lo pronto no viajara? Unos días de descanso tal vez…
Para su sorpresa, el líder se quedó como en pausa. Miraba por encima de Jesús a algún punto entre las sillas y el techo, mientras su mano derecha se movía en círculos hacia adelante, como cuando decía sus famosos discursos-arenga. Jesús temía lo peor… ¿Habrá sufrido una embolia? Un ruido suave, como un ronroneo salía de su boca. Eso lo calmo.
El líder salió de su trance. No había escuchado una sola palabra de lo que Jesús le había dicho. Miró a Jesús entornando socarronamente los ojos y, con voz alegre, le dijo
-A ver qué te parece: “Agradezco sus expresiones y su cariño. Sé que están conmigo como yo he estado con ustedes. Ya lo dije antes. Ya no me pertenezco. Soy de ustedes. Gracias, gracias mil”
Jesús estaba atónito. ¡Qué diablos le pasaba al líder!
-Pues si… Suena bien. ¿De qué se trata, Licenciado?
-Nada. Nada. Estaba preparando un discurso para… (La beatífica expresión desapareció). ¿Qué haces aquí? Te pedí que prepararas el avión chico.
-Pero Licenciado… Su salud… No es conveniente…
-Otra vez la burra al trigo… ¡Haz lo que te digo! ¡Ve! ¡Ve!
Jesús resopló. Usó un último argumento
-Licenciado… Aún hay mucho resentimiento por lo que sucedió en la pasada temporada de huracanes, con las inundaciones y damnificados. Con todo y que ustedes llegarían al aeropuerto militar, hay muchos mirones y caza fotografías que están rondando tanto ese como el aeropuerto civil. ¿No sería mejor que viajara por la noche?
-Aja… Tienes razón. Adelántate a la reunión, pero antes, comunícame con el Seco por el satelital.
Jesús peló los ojos.
-Si Seco… Soy yo. El Licenciado quiere hablarle
-Dame el aparato. Salte, salte.
-Seco… Necesito que hagas algo. No quiero errores. Lánzate ahorita mismo al Hospital Militar de Villahermosa. Llévate tu credencial de aquí. Habla con el director. Te encargo que…
Los murmullos fueron silenciados con un portazo seco. El líder entró caminando con cierta resolución, gracias a la gran cantidad de morfina que circulaba por sus arterias. Se apoltronó en la cabecera. Veinte pares de ojos quedaron congelados hacia él
-Los informes de Seguridad son una basura… ¡No puede ser que no estén bajando las cifras! Vienen las elecciones y lo que menos quiero es que sucedan más masacres… O hacen un cambio para mejorar… ¡O los cambio a todos ustedes!
Casi hasta el fondo de la mesa, la única mujer presente levantó tímidamente la mano. Aunque conforme al organigrama de la administración debería haberse sentado cerca del líder y actuar como su lugarteniente, en la práctica Alma sólo operaba gestiones y trámites muy secundarios. A sus espaldas, todos la llamaban la “Secretaria de Hibernación”
-Mire Licenciado. Tenemos aquí algunas propuestas que nos hizo llegar el Comité Técnico del Movimiento Latinoamericano. Tal vez deberíamos…
El líder trató de ser condescendiente al responder, pero todos lo sintieron más bien sarcástico
-Alma… Esas propuestas son muy interesantes, pero ya me las sé. Esos tipos… Los del Comité… Pues están muy bien para dar la idea de lucha y de desigualdad y esas cosas… Para los discursos pues, pero aquí, en el frente de batalla… Eso no funciona. ¿Qué me ibas a decir, Jacobo?
Desde el inicio de la junta, el interpelado había mantenido la mirada hacia abajo, como casi todos los demás. Pero nadie se había fijado que durante todo ese tiempo su mofletudo rostro ya esbozaba una sonrisa algo siniestra. Al llamado del líder, se levantó de su asiento con cierto apuro mal actuado, pues muchos notaron por ese movimiento y por lo que dijo a continuación, que respondía a un guion previamente preparado
-Si, Licenciado. Quería comentarle un poco más sobre el Plan de Inteligencia Criminal que he estado preparando desde hace tiempo. Miren estas gráficas…
Veinte diapositivas después, Jacobo concluía triunfante.
Por lo que lo ideal, para atacar frontalmente este problema de inseguridad, es que evitemos que el crimen organizado siga manejando sus ingresos desde el Sistema Financiero, por lo que, sin tener que cambiar el marco legal, usted podría emitir unos cuantos decretos y… ¡Zas!
Alma exclamó aterrada.
-Pero eso podría vulnerar los derechos de todos… Sus garantías.
Humberto, el Secretario Jefe de Jacobo, terció apoyando a Alma.
-Y se crearía una fuerte tensión con la comunidad financiera nacional e internacional. Nos iría muy mal. Los indicadores… la bolsa… ¡Todo!
-Calma, calma… Ustedes dos, Alma y Humberto… No acaban de entender que lo importante es la espectacularidad. ¿Quién va a protestar? Tres changuitos con sus amparitos. ¿Y saben cuándo se resolverán esos juicios? Dentro de seis meses. Ya para entonces habremos repetido con la mayoría en el congreso y nada ni nadie nos podrá detener. Pero nos falta la otra parte. Coronel Galindo
El aludido era el más reciente integrante del gabinete. Aún cuando había mucha reticencia para que se encargara de la Subsecretaría de Seguridad por su origen castrense y ciertos indicios de tratos que tuvo (o tenía) con el Cartel Pacífico, era de los privilegiados a quienes el líder más elogiaba públicamente. Cierto que tras su llegada al cargo los indicadores habían bajado en toda la costa oeste del país, pero no así en el Golfo, donde se dispararon enormemente en los últimos dos meses.
-Si Licenciado. Le he estado reportando a mi superior (hizo una leve inclinación con la cabeza hacia una expectante Licenciada Estela, quien la recibió con agrado) que hemos podido infiltrar a varios miembros de la GN en grupos criminales clave a todo lo largo de Tamaulipas y Veracruz. En unos días podríamos realizar operativos simultáneos en todos ellos y descabezarlos (literalmente), si usted lo considera conveniente.
Otra vez los 20 pares de ojos se voltearon expectantes a su rostro.
-Déjenme meditarlo y les aviso mañana. A ver, el siguiente punto…
Serían casi las dos de la tarde cuando acabó la reunión. Los primeros en salir fueron Alma, Estela y Humberto, a paso casi veloz y con los rostros enrojecidos. Luego los demás. El líder detuvo a Jacobo y Galindo.
-Grábense esto bien. Todo lo que siga o vayan a hacer, repórtenmelo directamente a mí. Olvídense de sus secretarios. Los tiempos están muy complicados y no quiero fugas de información. ¿Les queda claro?
La obvia respuesta de ambos no se hizo esperar. Cada uno hizo su mejor salutación y salieron a paso triunfante. Jesús esperaba al líder afuera del salón. El líder se apoyó en él.
-Mira… Cambié de parecer. Necesito irme ahorita. Haz los preparativos. No quiero ser visto así que usen el operativo ese… El gemelo o como se llame. ¿Dónde están mis mayorcitos?
-En sus casas, aquí en la ciudad.
-Que me alcancen en el aeropuerto. Y tú también vas a ir. Te necesitaré. Hay cosas que preparar. Llévame mi bastón
Jesús tuvo un sobresalto (otro más) pero pudo contenerse.
“¿Qué traerá? Desde el asunto del primo de Virgilio no había estado tan enigmático”
Si bien el avión tenía cierta amplitud, carecía del equipamiento que el vehículo presidencial tenía en exceso como varios privados y habitaciones, dos bares, un área de restaurante, asientos de cuero. El líder masculló su desagrado por no poderlo usar en momentos como éste, cuando justamente necesitaba mayor comodidad y secrecía.
Ahí estaban los tres “mayorcitos” … Sus joyas… “Orgullo de su nepotismo” como dijo alguna vez uno de sus más admirados personajes en la política nacional. Si no los quisiera tanto le pediría al cuerpo de seguridad que viajaba con él, que los aventara al llegar a los 30,000 pies de altura, pero, en fin.
-Ni traten de negarlo ni entremos en polémica.
Empezó con el mayor…
-Ya el idiota de la televisora de Emigdio tiene videos donde apareces recibiendo paquetes en la pista de Chalco.
Y el segundo…
-A ti entrando al antro ese en Punta Cana, con dos escoltas del cubano
¡Y, claro, el tercero!
- ¡Y tu esposa no deja de abrir la bocota con sus amiguitas y subir fotos en istaj… ¡Como se llame! ¡De sus viajes! ¡Me están complicando la vida y mucho! Ya son muchos sus errores… Y quise que vinieran conmigo para que vean lo que sucede cuando se les escapa algo de control. Su tío Juan está muy grave por culpa de su imprudencia. ¡O le paran o los paro! ¡Entendieron!
Los tres hombres, aunque ya frisaban los cuarenta, enrojecieron como pubertos. Tras ver esa respuesta, el líder llamó a Jesús y con su ayuda se fue al fondo del avión, en donde había hecho instalar asientos especiales para paliar un poco sus molestias de espalda. No habló con ellos en el resto del viaje.
El Seco los esperaba en el sótano del Hospital, en la entrada de ambulancias, junto con el hijo menor.
Gracias al operativo Gemelo, el viaje del líder se había camuflajeado de modo tan efectivo que ni siquiera el personal tanto de la Pista como del Hospital Militar se dieron cuenta de quien regresaba a Villahermosa tras una ausencia de varios tormentosos meses.
-Hola hijo. A ver. Ustedes, llévenlo adentro. Tú también Jesús. Orita los alcanzo
Una vez que se alejaron, se acercó al Seco.
- ¿Ya hablaste con él? ¿Qué te dijo?
-Que podría recuperarse en unos días de las heridas… Aunque tiene un problema cardiaco severo.
- ¿Lo puedes manejar?
-Si.
-Esta bien. En la madrugada. Trata de que no sea doloroso. Vete. Vete.
Se apoyó en el bastón que sólo usaba en privado, no tanto para paliar el dolor sino para prevenir alguna caída que deteriorara su imagen. Se había prometido que nunca, nunca aparecería postrado en público.
Subió con los hijos y Jesús por el destartalado elevador. Gracias a la eficiencia de Jesús el pasillo que conducía a la habitación de Juan estaba vacío, tal sólo resguardado por dos guardias que le habían acompañado y dos soldados apostados a la entrada de la habitación de Juan, a la que entró con sus hijos.
- ¡Hermano! ¡Sobrinos!
-Saluden, saluden a su tío
Los hijos mayores voltearon a verlo extrañados. El tío presentaba una lesión en una pierna y un brazo, pero para nada algo de gravedad como les había dicho El. Estuvieron un rato platicando y bromeando cuando el líder interrumpió:
-Bueno. Bueno. Ya dejen al tío. Tiene que descansar. (De repente su voz se ensombreció). Recuerden que está muy delicado. Salgan, salgan
Parecía que la atmósfera del anfiteatro, ubicado en la parte más alejada del sótano, se había filtrado hasta ahí provocando un escalofrío en casi todos.
En cuanto cerraron la puerta, El se acercó a Juan, quien lo miró aterrorizado
-Tú me has ayudado mucho. Cuando falleció Joaquín… Cuando el pleito en el beis… Lo de Don Juanjo. Las campañas… Pero en la lucha uno tiene que sacrificarse, por el bien de la lucha…
Siempre puede ser peor...
No te pierdas la parte nueve sólo aquí: