Apenas el medio día.
Parte siete de “El Ocaso del Cacique”.
No te pierdas la sexta parte aquí:
… ¡Está embarazada!
Si El, por algún extraño sortilegio, pudiera visualizar o recrear en ese instante todos los momentos más complicados de su vida, de seguro elegiría éste como uno de ellos. ¡No podía creerlo! Acababa de pasar un momento ciertamente fugaz pero muy agradable con una mujer maravillosa, que le había hecho sentir algo nuevo, algo único a sus ya 70 años y… ¿Lo traiciona? ¿Por qué los momentos felices le duraban, a últimas fechas, cada vez menos?
Aún recordaba a su primera esposa como el pedestal en donde pudo anclar su entonces alocada carrera política y su misma vida, permitiéndole ordenar el caos que traía desde la adolescencia.
Y que la segunda, la actual, le posibilitó un refugio para superar el trance de estar perdiendo a la primera. Hubo otras más, antes y después… Pero como Ariadne… ¿Traidora? ¿En serio?
-Ese reportito no significa nada… ¡Tu pudiste mandarlo hacer!
La mujer reflejó en su cara su ya famosa mueca, mitad sonrisa y mitad desprecio. Se acercó, puso ambas manos sobre el escritorio y se inclinó amenazante:
- ¿Tu lo crees así? ¿Sientes que eres el único que tiene sus “fuentes” confiables? Puedes confirmarlo en cualquier momento. ¡De mi no te vas a deshacer, así como así, porque yo…!
En ese momento se abrió la puerta de manera violenta. Entraron casi a tropel Jesús y el General.
-Disculpe que le interrumpamos, Licenciado (balbuceó Jesús)
Nervioso también, pero con mayor serenidad, el militar lo secundó.
-Señor Presidente: No pude hacer la llamada que usted me indicó, con Virg…
Ambos se quedaron callados. Hasta ese momento se dieron cuenta que la mujer estaba presente. Antes que el líder le dijera algo o le chispara los dedos, ella dio media vuelta y salió con cierta rapidez del despacho. Jesús alcanzó a notar la mueca.
“Mmta… Esto se va a poner de la ching…!
-A ver, a ver, a ver… ¡Tranquilitos! ¿Qué pasa? ¿Cuál llamada?
- ¡La de Virgilio, Señor!
-Y… ¿Por qué?
Jesús y el General se voltearon a ver, como buscando transmitirse la serenidad necesaria para afrontar la muy previsible e iracunda respuesta
-Porque… porque…
-Carajo… ¡Suéltala de una vez!
Jesús salió al quite
-Sabe lo de Juan y…
- ¿Y qué? ¡Carajo! ¡Esto no es una telenovela! ¡Hablen de una buena vez!
El General pronunció las funestas palabras
-La unidad de inteligencia en La Chontalpa averiguó que fue Virgilio quien ordenó el atentado
El bullicio del mediodía, en el exterior, se hizo más notorio en ese momento. La atmósfera en el despacho quedó impregnada de pequeñas partículas de desazón, ansiedad… Era como esos instantes que siguen a un enfrenón de un auto y que duran (aparentemente) una eternidad antes de que el vehículo se desparrame en un choque.
El líder turnaba la mirada de uno a otro en completa incredulidad. Y no porque dudara de ellos, sino por la torsión tan dura que significaba esta noticia para todos sus planes. Al igual que con Gerardo, Emigdio, Ron o la gente de Adolfo y de Socorro, el líder dependía bastante de Virgilio y su estructura. Iba a requerir de mucho tacto para resolver pronto esta crisis con él pues cualquier movimiento equivocado detonaría una auténtica ojiva nuclear.
-Después de la junta matutina, procedí con el protocolo acordado y …
El líder lo paró en seco
-Ya, ya. No me sueltes todo tu rollo de ordenanza. No estás en el cuartel. ¡Déjame pensar!
El rostro del general enrojeció de coraje. Jesús agachó la cabeza y maldijo entre dientes
“Otra humillación. ¡Qué no entiende!”
Pasaron unos minutos que, para ambos subalternos, parecieron días.
-A ver. Jesús. Pásame el satelital.
Jesús hurgó en su saco y le pasó el objeto. Tragó saliva
-Salgan los dos
El general emitió un resoplido y se levantó con evidente molestia rumbo a la puerta. Jesús le siguió con la cabeza agachada.
El líder marcó. Una voz masculina contestó, con acento norteño muy marcado y cierta aspereza.
-Dígame Don. ¿Pa’ qué soy bueno?
El líder inició con voz neutra
-Gracias por contestar, Virgilio
Continuó suavizando la voz. Dado el carácter de Virgilio, entraba a terreno bastante espinoso.
-Mira… Es sobre mi hermano Juan. Sé lo que hizo y sé lo que indicaste, así que quisiera pedirte que…
Los integrantes de su Circulo Intimo Oficial nunca supieron del contenido completo de esa conversación, aunque pudieron conocerlo en su mayor parte a raíz de los eventos que sucedieron en los siguientes meses. El primer indicio sucedió justo al término de la llamada
-Rosita, comunícame con Jesús. Oye… Jesús… reúneme de emergencia a todo el Gabinete de seguridad. Si. ¡TODO! En cuanto les hayas hablado ven rápido. Necesito pedirte un favor.
Con cierto trabajo se levantó y se acercó al ventanal que daba a uno de los patios de Palacio. El disco solar ya empezaba a declinar en la bóveda celeste.
“Pnche día… Mis hijos, Juan, esta loca y ahora Ariadne… ¡De haber sabido ni me levanto! Necesito otro habano…”
Un Toc toc le sacó de balance
- ¡Adelante!
Entró Adolfo. Al verlo tan impecable, enfundado en uno de los trajes de seda que tanto le caracterizaban y caminando con garbo y soltura, le volvió el mal sabor de boca. Eran casi de la misma edad, pero, a diferencia del líder, Alfonso se mantenía en estupenda forma producto de una dieta muy especial y su diaria rutina de ejercicio atlético y cabalgata a campo traviesa. Esto último le molestaba al líder pues para él era un deporte de elite impropio para alguien que trabajaba para las causas de su gobierno. Además de que el ejercicio lo hacía el caballo, no el jinete.
Le hizo un ademán para que se colocara junto a él, frente al ventanal. Adolfo obedeció.
-Licenciado…
-No seas mamila. Estamos solos. ¿Qué pasa?
-Pues la colecta entre el empresariado, para las elecciones, se detuvo abruptamente.
-Abrup… ¿Qué? ¡Quítate las palabritas domingueras!
Adolfo inhaló y exhaló lentamente.
-Dejaron de aportar
-Y… ¿Por qué?
-Ya venían protestando desde noviembre por las medidas que determinaste sobre impuestos, cuotas al IMSS, sub-contratadoras, etc. Los calmé, como sabes, con adjudicaciones directas a los cabecillas en este año, pero las que se rebelaron fueron sus bases. Dicen que mientras no expidas el decreto suspendiendo las medidas por lo que resta del año, no aportarán ni un peso a la causa y retirarán los espectaculares que instalaron en todas las carreteras federales y estatales en el país.
-Pero si les dije en su ultima asamblea en la Confederación que, en septiembre, cuando se inaugurara la legislatura, emitiría el decreto ya planchado con el partido y los otros satélites
-Se los volví a explicar. Pero saben bien cómo andamos en las encuestas y quieren jugar a la segura.
“Ya sé por dónde va este”
-Así que… ¿qué les digo? Quieren una respuesta para mañana… Tal vez una declaración. Y que publiques el decreto a más tardar el lunes.
Ya era mucho.
Aunque a esas alturas del juego político, no tenía opción. Como detestaba cumplir promesas.
-Diles que sí, que mañana hago el anuncio en la Matutina y que el decreto saldrá la semana próxima
-Es que ellos lo quieren para el lunes...
El líder contestó con rispidez
- ¡DIJE QUE EN LA SEMANA! Tengo que ponerme de acuerdo con Montero y Salustio. Si no somos cuidadosos, se nos puede voltear el Consejo de Elecciones.
Capto la sombría expresión de Adolfo. El líder sabía que, a pesar de los dos años y medio que llevaba a cargo de la Coordinación de Enlace Empresarial, a Adolfo no lo movía como a los demás de su equipo el seguir ocupando un cargo en el gobierno u ocupar alguna secretaria de Estado.
“$u$ intere$e$ eran otro$” graficó en su mente
Luego… Realmente su postura era más para interceder por SUS negocios que por los de la Elite Empresarial con la que supuestamente se coordinaba. Lo tomó suavemente del brazo.
- ¿Estamos bien, Adolfo?
-Si. Todo bien. Les aviso.
Inclinó ligeramente la cabeza y salió
Esperó a que el coordinador saliera para marcar por su celular personal
-Jesús… Dile a Alma que a partir de mañana empiece a filtrar a nuestras fuentes los datos de Desarrolladora Peninsular… Si… la de Adolfo. Va. Oye… ¿Ya les hablaste a los del Gabinete? Bien. Vente ahorita.
Jesús era bastante más joven que él, pero dos años de trafago por los pasillos del Palacio ya habían causado estragos en su sistema digestivo. Cada llamada del líder era una punzada segura de colitis.
-Dígame Licenciado
- ¿En dónde está Juan?
-Ya en el Hospital Militar de Villahermosa.
-En cuanto acabe la junta, dispón que esté listo el avión chico. Tengo que ir rápido a allá.
Jesús empezó a decir algo, pero Él le interrumpió
-Y asegúrate que mis hijos me acompañen… ¡Los cuatro!
Las cosas vienen mal y peor, continua con la parte ocho aquí: