“It’s the economy, stupid”
Esta fue la frase dicha por James Carville, estratega de Bill Clinton, en la contienda electoral contra George Bush padre para reforzar la idea de que su equipo de campaña debía centrarse en atacar los malos resultados económicos de los republicanos.
Pocas frases pueden resultar tan pertinentes en este momento y la oposición lo sabe bien.
En su artículo “El gobierno está en quiebra”, publicado en El Financiero, Alejo Sánchez Cano nos da una dimensión del problema económico del gobierno federal. El título no puede ser más directo y desapasionado. Sencillamente, el gobierno no tiene dinero suficiente para hacerle frente a partidas tan elementales como el gasto corriente, que incluye las nóminas de los trabajadores y el pago de pensiones.
De acuerdo con el artículo, respecto a los resultados de 2019, la recaudación del IVA se desplomó 36.5%; el IEPS, que se aplica a los combustibles, cayó 26.9%; mientras que los ingresos petroleros se redujeron en un 65.3%.
Esto ubica a las finanzas gubernamentales en un estado de emergencia con tres salidas posibles: contratar deuda, saquear (literalmente) fondos y fideicomisos o bien reorientar el gasto. Ya se contrataron cinco créditos del Banco Mundial por 50 mil millones de pesos, mientras que ya se tomaron más de 150 mil millones de pesos de diversos fondos y fideicomisos. Juntos, estos rubros superan los 200 mil millones de pesos. Aun así, no va a alcanzar para pagar todo lo programado.
Por supuesto que estos recursos alivian las presiones económicas, pero es necesario considerar que esos fondos y fideicomisos tenían fines muy específicos que difícilmente se van a cumplir. Esos fondos y fideicomisos eran realmente un ahorro de administraciones pasadas para proteger la estabilidad de la economía.
Si ese dinero se utiliza para el gasto corriente o programas sociales, las arcas no volverán a llenarse.
Y más aún, el próximo año ya no habrá de dónde echar mano para contingencias. Ojalá no tengamos una larga pandemia, algún temblor de gran magnitud o una tragedia meteorológica, pues no habrá de dónde obtener recursos, mas que pedir prestado.
Respecto a la reasignación presupuestal, el partido en el poder ha insistido en cambiar las leyes a efecto de que el ejecutivo pueda reorientar el gasto público sin necesidad de pasar por el congreso. Además del absurdo que significa concentrar todavía más poder en el ejecutivo a costa de debilitar al poder legislativo, el riesgo es el uso discrecional del dinero. Se acabaría el contrapeso opositor y el ejecutivo tendría el poder absoluto para gastar en sus prioridades.
Esta realidad económica tendrá repercusiones de gran magnitud en diversos actores.
Los gobernadores enfrentarán una sequía financiera por la reducción de las participaciones presupuestales, lo que les da el pretexto ideal para confrontarse con el gobierno federal, sin que eso pueda verse como propaganda electoral, pues no estarían haciendo proselitismo por un candidato. Tendrán carta abierta para jugar electoralmente con el argumento de cambiar el pacto fiscal.
Es el mismo caso de los presidentes municipales, cuyos municipios están en las peores condiciones económicas en mucho tiempo. En las elecciones, los aspirantes a diputados federales y los candidatos a presidentes municipales van a tener un precioso argumento para la jornada electoral: El gobierno federal les está quitando dinero y eso hay que revertirlo.
Otros grupos civiles como las personas que luchan por diversas cuestiones de género, las víctimas que se multiplican, los escritores, cineastas, campesinos, pescadores, empresarios, los periodistas asediados y tantos más no serán atendidos mayormente en los años venideros, pues la fuente para apoyarlos se ha extinguido.
Pero sin duda las tres crisis que golpearán al gobierno cada vez más fuerte son la económica, la de salud y la de seguridad, en donde no parece existir estrategia alguna para combatirlas. Ninguna de las tres tiene visos de mejora, salvo que algo proveniente del exterior (como vacunas y tratamientos para Covid-19 o inversiones inesperadas) llegue por arte de magia.
La apuesta electoral del grupo en el poder es únicamente política. La economía es su Waterloo. Sus armas principales son la estrategia de comunicación que busca convencer a al pueblo que se lucha contra la corrupción y que el país está bien; los programas sociales, que si pueden fondearse llegarán a poco menos de la mitad de los hogares; y el trato terso y obsequioso a los cárteles del crimen organizado, que son un factor real de poder en el proceso electoral que viene.
Habrá que esperar para saber de qué lado estarán los cárteles.
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