El clima se enrarece
Parte diez de “El Ocaso del Cacique”.
No te pierdas la novena parte aquí:
-Soy Leonardo Jasso, del Periódico Despertador del Golfo. Acabo de recibir un reporte desde el hospital militar de Villahermosa. Policías Militares detuvieron a una persona que responde al mote de “El Seco”. Tras las primeras pesquisas de la Fiscalía Local, se ha descubierto su participación en la muerte de su hermano Juan. Parece que fue asesinado…
Palacio Nacional tiene una centenaria historia pletórica de colores y sonidos. Sus pasillos y espacios han presenciado escenas con casi todas las posibilidades de experiencia humana: amores, envidias, risas, llanto, complicidades, odios de personajes famosos o ciudadanos comunes que transitaron o vivieron ahí durante casi 400 años. A pesar de tanto acervo, ni el más acucioso cronista o historiador podría encontrar, en el añejo pasado del simbólico edificio, una explosión de emociones tan contrastantes como la que en esos dos días estaba sucediendo… Y sucedería
Al momento de la intervención del periodista, Jesús estaba confirmando los detalles de la transmisión del evento mientras Jenaro dictaba a su auxiliar las cabezas de los comunicados oficiales para la prensa. Rosita, la asistente, había ido por botellas de agua. Y los miembros presentes del gabinete, como habían hecho desde el inicio de tales sesiones… estaban ocupados en pasar desapercibidos. Nadie… Nadie pudo anticipar la respuesta que dio el líder.
Su rostro enrojeció y la sangre ahí congestionada parecía que estallaría en cualquier momento. Con voz entrecortada y asiéndose con ambas manos del atril, gritó
- ¡Es el colmo que no puedan respetar la investidura presidencial, en estos momentos tan…!
Y cayó desvanecido a un lado del atril. El golpe fue amortiguado por la alfombra dispuesta en el templete y por el chaleco que portaba para ocasiones especiales, pero que por recomendación del encargado de seguridad había aceptado ponerse a partir de ese día en todos sus eventos públicos.
Fue una batahola. Jesús y Jenaro brincaron desde donde andaban para tratar infructuosamente de detener la caída. Los secretarios presentes y varios periodistas y empleados de Palacio acudieron presurosos a levantar al líder. Muchos gritos pidiendo auxilio. El médico cubano corrió al lugar de la caída de manera tan atolondrada que rodó metros antes de llegar al líder, provocando más gritos.
El periodista causante de todo blandía el micrófono con cierta displicencia y mostraba una sonrisa sarcástica. Sólo él y unos cuantos más no se movieron de sus lugares. El… por razones obvias. Ellos… estaban apanicados. Una voz femenina se le acercó por atrás.
- ¿Para esto quisiste que viniera, Leonardo?
El aludido volteó. Su expresión parecía de triunfo.
-Hola Teresa. Te prometí una nueva experiencia en mañaneras… ¡Y cumplí!
- ¿Qué te traes entre manos?
El rostro del reportero se tornó serio
-Solo quiero justicia… Para mi difunto jefe. ¿Te fijaste cómo cayó el “líder”?
-Pues si… de un modo algo… raro
- ¡Cómo no! ¡Pura teatralidad! No cayó… se dejó caer… Hasta lo hizo en cámara lenta… ¡Hipócrita!
-Oye… ¿A poco crees que todo fue ensayado?
-Ya lo verás. Espérate a la conferencia de mañana. Va a salir con otra mafufada…
Por primera vez en toda su gestión, la conferencia del día se suspendió por motivos personales del líder. En una camilla rodante, el médico cubano condujo al desfallecido a sus aposentos. Jesús, tembloroso, pidió disculpas a los presentes y les indicó que la sesión se había suspendido hasta nuevo aviso. En cuestión de minutos el patio quedó desierto entre murmullos y comentarios a media voz que frisaban entre la conmiseración, la angustia y el asombro.
Leonardo y Teresa cuchicheaban sin darse cuenta de las miradas rencorosas o de admiración que los periodistas les dirigían, rumbo a la salida.
El medico dispersó al grupo que acompaño al inconsciente líder a su recámara, quedando ahí sólo él, Jesús y Jenaro y empezó a auscultarlo. En cuanto se cerró la puerta, el líder abrió un ojo.
- ¿Ya se fueron todos?
Los tres se irguieron al momento. No esperaban eso. El médico inquirió:
- ¿Está usted bien, Licenciado? Déjeme revisarlo…
-Choquito. Estoy bien.
Se incorporó en la cama
-La verdad… Sólo se me ocurrió esto… Déjenme con Jesús. Jenaro: dentro de media hora emite un comunicado de prensa indicando que me desmayé por toda la presión que sufrí por la muerte de mi hermano. Bueno… Salgan.
El médico y Jenaro salieron aturdidos.
-Jesús… ¿Qué sabes de Leonardo?
-Pues no mucho. Empezó a venir a las conferencias a petición de su hermano Juan. El periódico que representa tiene bastante influencia en Villahermosa a partir de la campaña del 2017. Antes era un pequeño pasquín.
El líder enmudeció. Movía su mano derecha de manera intermitente mientras su mirada se dirigía a un punto fijo, a un lado de la cabeza de Jesús. De repente habló.
-Investiga de quién es ese periódico y quienes son sus editores. Algo no me cuadra. Y pásame el celular personal. No te vayas (Marcó con rapidez un número)
-Bueno… Román… Soy yo
Una voz con marcado acento tabasqueño le contestó. Jesús reconoció al gobernador de la entidad.
- ¡Licenciado! ¿Cómo está? Siento mucho lo de su hermano… Quisiera…
-Mira, mira… Luego le sigues con el apapacho. Acabo de enterarme que apresaron a un tipo, por lo de mi hermano
-Si Licenciado. Estaba esperando que acabara su conferencia para hablarle al respecto
- ¿Qué has averiguado?
-Tengo aquí dos reportes. Uno es de la Policía Militar del Hospital. Dice que en el cambio de guardia hubo un momento en que la puerta del cuarto donde estaba su hermano quedo sin resguardo y cuando los relevos acudían a ocupar la posición, vieron salir a un individuo muy sospechoso. Le gritaron que se detuviera, pero él no hizo caso y salió corriendo del hospital. Afuera lo esperaba un vehículo con el motor prendido. El sujeto lo abordó y arrancaron. Cuando el personal médico entró al cuarto, su hermano ya estaba muerto. Tenía una jeringa clavada en el brazo.
-Síguele
-La policía militar dio aviso a nuestra policía, proporcionando los datos de identificación del vehículo. Varias patrullas lo persiguieron hasta el aeropuerto, donde lo capturaron cuando quiso abordar un avión que iba a la Capital. En el relajo, el conductor del vehículo huyo y lo dejó abandonado
- ¿Qué más? (El líder tapó la bocina y le pidió a Jesús que lo comunicara con Jacobo, el subsecretario de seguridad)
-Pues llevamos al sujeto a nuestra oficina central. Ahí los ministeriales lo interrogaron, pero el cuate es muy cerrado. No pudieron sacarle nada. Sólo repite: “Soy El Seco”
-Bien. Bien. Te voy a pedir que no sigan interrogándolo. Esto es asunto federal. Desaparece el expediente o averiguación o lo que estén haciendo.
-Pero Licenciado…
- ¡No entiendes que es federal! ¡Se trata de mi hermano! En un rato va a pasar personal de la Secretaría de Seguridad por el sujeto. Dile a tu gente que se lo entreguen.
-Está bien.
-Recuerda a quién le debes lo que tienes. Te marco después.
Y colgó. Jesús le pasó el celular oficial
-Hola Jacobo. Necesito que tu personal en Villahermosa vaya a las oficinas de la Fiscalía local a recoger a un individuo ahí detenido. Se llama El Seco. Ya que lo recojan tráiganlo la capital cuanto antes. Jesús te va a decir en donde deberás resguardarlo. ¿Está claro?
-Si señor
-Bien. Aún le queda cola al sexenio. Síguele echando ganitas. Tengo planes para ti. Adiós
La mañana transcurrió con relativa calma. La esposa intentó varias veces entrar a la habitación de El pero no pudo franquear a los escoltas. La instrucción era clara: el líder estaba en reposo absoluto y no apto para recibir a nadie… fuera de los funcionarios escogidos que entraban y salían conforme a una agenda confeccionada previamente por el líder y Jesús.
Cerca del mediodía sonó el celular oficial. Jesús contestó pues el líder estaba concentrado viendo las imágenes de las nuevas instalaciones del complejo beisbolero en Sinaloa. Jacobo le confirmó que el Seco ya estaba instalado en el lugar indicado.
-Señor… El Seco ya está en el albergue
-Ok.
-Por cierto… Y averigüé lo que me pidió sobre el periódico. No sé cómo decirle esto.
- ¿Pues cómo que cómo? ¡Dilo y ya!
-La esposa de Juan es la encargada de la Sección “Comunidad” del periódico. Y Juan era…
- ¡No la hagas de emoción! Ya ves… Te he dicho que ya no veas Narco series del canal de Emigdio. Cuanto pnche drama… ¡Desembucha!
Jesús tomo aire, Una ráfaga de palabras salió de su boca en un santiamén
-Juan era el principal accionista del periódico. Fue padrino de bautizo de Leonardo, el reportero.
Sin separar el mentón del pecho. el líder levantó la mirada hacia Jesús. Su aspecto era intimidante.
- ¿Por qué hay tanto inútil en tu oficina, Jesús?
-Disculpe, Licenciado, pero no supimos de este asunto porque Juan tenía amenazado al director del Registro… Pero ahora…
-Ya, ya. Mmmm… Pásale el dato del albergue del Seco a Virgilio
- ¡Licenciado! Pero si el Seco es casi como de la familia. El ha hecho mucho por usted y por nosotros. ¿Cómo le va a hacer usted esto?
-Mira Jesús… Te lo repito… En la lucha uno tiene que sacrificarse, por el bien de la lucha. Y eso también incluye a El Seco. No hizo bien su trabajo. Así es esto.
Por primera vez en su trayectoria con el líder, Jesús temió por su vida. Si el Seco, eficiente operador de mítines y de “asuntos especiales” podía caer… ¿Por qué el mismo Jesús no? En apenas dos años los caminos del líder y de muchos de sus seguidores más fieles se habían separado, generando una especie de orfandad respecto a la camaradería, la solidaridad y las causas comunes que durante muchos años habían unido a éstos con aquel. La sospecha de que un monstruo había secuestrado el cuerpo del líder, despojándolo de su carisma y rectitud como un agudo twittero había citado, ya no le parecía tan sórdida a Jesús. ¿Hasta donde podría llegar aquel hombre a quien tanto admiraba?
Una hora después los noticiarios vespertinos reportaban otra masacre en la Capital. Sujetos armados se habían abatido a tiros con tres elementos de la Guardia Nacional, que vestían de civil. Los forenses encontraron un cadáver más, que no pudo ser identificado por las condiciones en que quedaron su rostro y los dedos de sus manos.
A esa hora y en un salón contiguo, el líder estaba comiendo con dos empresarios coreanos ansiosos de invertir en el país. Lo acompañaba el canciller, haciendo las veces de traductor. Rosita, la secretaria, entró apuradamente.
-Disculpe que le interrumpa, Licenciado. Pero acaban de traer un paquete de la Secretaría de la Defensa y el mensajero me dice que debe recibirlo usted mismo. Que es muy importante.
-Que raro. A ver. Disculpen. Los dejo tantito aquí con el Canciller. No tardo. Disfruten el mole.
Un joven esperaba afuera del salón. Pidió la firma del líder en el acuse de recibo de un sobre lacrado algo abultado. Una vez que éste firmó, el joven salió casi a paso marcial.
En el sobre había una carta y un dispositivo electrónico. Despidió a la secretaria e introdujo el dispositivo en el procesador personal. Mientras cargaba la información, abrió la carta. Arqueó las cejas. La letra, definitivamente, era del Seco.
De manera instintiva dirigió la vista a la pantalla. El dispositivo contenía muchos archivos, algunos de texto y la mayoría de las fotografías y video. Volvió la vista a la carta:
“Licenciado… Si usted está leyendo esto, es porque ya me llevó la ch… porque usted me traicionó…”
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