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Ante la imposibilidad de crear inmunidad nos queda la distancia y aislamiento.

Dos observaciones trascendentes acerca de la enfermedad

Dos observaciones trascendentes acerca de la enfermedad
Las técnicas no importan mucho aquí, sino lo fundamental de las observaciones: si estás cerca de un enfermo, te enfermas. Y si te enfermas y no mueres, creas resistencia.
Alfonso Araujo

Por supuesto, la ciencia moderna nos ha dado una cantidad asombrosa de información acerca del mundo, acerca de nuestros propios cuerpos, de cómo se enferman y de cómo los podemos curar. Pero hay dos piezas de información fundamental que tenemos desde hace milenios y que, hasta antes de nuestras maravillas modernas, fueron nuestra mejor defensa.

Estos dos conceptos son la Proximidad y la Inmunidad, son muy poderosos y siguen siendo no sólo válidos sino esenciales ante una epidemia. Los resumo a muy grandes rasgos:

PROXIMIDAD

La primera observación fundamental que nuestros antepasados hicieron acerca de las enfermedades es: “si estás cerca, también te da.” O sea que, sin saber de microbios ni de virus descubrimos el principio de Transmisibilidad.

Da igual que pensáramos que era castigo divino, efluvios maléficos o influjos estelares: la cosas es que nos dimos cuenta en que, para algunas enfermedades, siPintura de indigenas enfermos por viruela estás cerca te contagias. Esto se observó muy temprano en todas las culturas y se desarrolló el concepto de cuarentena temporal o aislamiento permanente, dependiendo de la enfermedad.

En tiempos de Cristo, por ejemplo, eran comunes las “colonias de leprosos”, pero se mencionan desde mucho antes: en Levítico 13:45 (aproximadamente los siglos VII-VI a.C.) se dice de la lepra que “quien tenga esa enfermedad debe vivir fuera del campamento.”

Para otras enfermedades no crónicas, se inventó la cuarentena: todas las pestes y plagas de la antigüedad, y muy en especial la viruela, que nos azotó por milenios, nos enseñaron a alejarnos del enfermo por un tiempo, y a reconocer que no sólo podíamos contagiarnos por proximidad con él, sino incluso con sus ropas o su cadáver.

Estos hechos se hicieron tristemente famosos durante tiempos de guerra, pues el conocimiento de la transmisibilidad se convirtió en guerra biológica primitiva: en 1346 durante el sitio de Caffa, los mongoles arrojaban cadáveres víctimas de la Peste Negra dentro de la ciudad. Y en la década de los 1760s, durante la colonización de Norteamérica, los colonos dieron mantas infectadas de viruela a los indios americanos.

 

 

INMUNIDAD

La segunda observación temprana, que se hizo en muchas enfermedades pero fue particularmente importante para la viruela, es ésta: que si te enfermas una vez, ya no te vuelves a enfermar.

Esto fue una observación absolutamente trascendente, pero claro, el siguiente problema era: ¿cómo hacer para “enfermarse poquito” sin morirse, y crear esa deseada inmunidad? Hubo muchos intentos fallidos, hasta que a principios del siglo XI se empezaron a aplicar con mediano éxito los primeros intentos de inmunización segura.

El problema era, ¿qué tan poquito debes enfermarte para no morir en el intento de lograr inmunidad?

Hay registros de los siglos X a XII en la India y China, que sugieren intentos de uso de ropa de personas infectadas, o de aplicación de pus y otras formas más bien repugnantes, para este objetivo. Lo que es seguro es que para el siglo XV en efecto ya se usaba de forma más segura la vacunación primitiva, llamada Variolización, y que usaba polvos que se inhalaban o extractos de lesiones cutáneas de los enfermos. Para principios del siglo XVIII el conocimiento había llegado a Europa y se intentaba la inoculación de material infectado en incisiones en la piel.

Las técnicas no importan mucho aquí, sino lo fundamental de las observaciones: si estás cerca de un enfermo, te enfermas. Y si te enfermas y no mueres, creas resistencia. Esas dos simples observaciones, y las primeras técnicas para aplicarlas con seguridad, nos tomaron siglos de muerte y sufrimiento.

Hoy las deberíamos dar por un hecho simple y más ante un cataclismo como el que estamos viviendo. En ausencia de una forma segura de crear inmunidad por el momento, nos queda el tener cuidado de mantener la distancia y el aislamiento.

 

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