De la pantalla a la realidad.
Al otro yo.
Un actor o actriz son mayormente valorados por su capacidad de mimetizarse en el personaje que interpreten, de tal suerte que el espectador pueda palparlo en sus varias participaciones y creer, realmente, que se trata no del mismo actor, sino de varias personas parecidas interpretando diversos papeles.
Matt Damon ha tenido éxito en ello y es notable su crecimiento actoral desde “Mente Indomable” (1997) hasta “El Duelo” (2021). Recuerdo dos papeles significativos de él, harto disímbolos, por cierto, a los que quiero referirme en esta ocasión.
En “La Leyenda de Bagger Vance” (2000), Damon interpreta a Rannulph Junuh, joven que estaba en camino a ser el mejor golfista de su generación pero no lo logra por participar como recluta en la Primera Guerra Mundial. Al terminar la guerra regresa a su pueblo natal donde diversas personalidades locales le convencen para participar en una competencia contra dos golfistas de primera línea, organizada con el fin de atraer atención y turistas al pueblo. Sin embargo, su experiencia en la guerra le había marcado tanto que era incapaz de recuperar su nivel de juego y su paz interior. En ese trance aparece Bagger Vance (Will Smith), enigmático caddie que se convierte en un auténtico coach de vida y elemento clave para que Rannulph recupere la confianza, se reencuentre a sí mismo y gane la competencia.

Y “En el Talentoso Sr. Ripley” (1999) Damon interpreta a Tom Ripley, humilde empleado con ínfulas aspiracionales que se hace pasar como egresado de una universidad prestigiosa ante un acaudalado empresario, asegurándole que incluso es amigo de su hijo Dickie (Jude Law); El empresario le financia un viaje a Italia para que convenza a Dickie de volver a los E.U. para dirigir la empresa familiar. Ripley viaja y descubre que Dickie es un playboy con un estilo de vida fascinante. Empieza a ser su acompañante asiduo y a imitarle en todo. Dickie se harta de él, pero acepta acompañar a Tom a San Remo. Ahi salen ambos a remar a mar abierto y Tom aprovecha esa circunstancia y mata a Dickie, asumiendo su identidad y empezando así una vida de lujo, falseando la firma de Dickie para cobrar su fondo fiduciario. Termina cometiendo más crímenes para salir aparentemente de diversos enredos y seguir gozando de una vida ficticia.

Vemos así dos caminos que los personajes tomaron para llegar a una realización plena que colmara sus respectivas aspiraciones:
- El uno eligió la autenticidad y sincero encuentro con sus demonios internos y confrontar sus propias miserias para, con ello, conseguir ubicarse nuevamente y patalear desde el fondo de su alberca existencial.
- Y el otro decidió ser alguien más y perder su autenticidad, usurpando un modelo de vida por no estar a gusto con el propio y así, portando una máscara sobre su cara original, ir “triunfante” por la vida con logros inmerecidos… ¡Pirateados pues!
Es de llamar la atención la cantidad de personas que podrían ejemplificar una u otra opción siendo obvia mayoría, claro, las que se ubican en una posición intermedia. Pero, de cualquier manera, el atractivo de ser y existir con algo prestado o ajeno y hacerlo propio, por mínimo que sea, está presente y latente en casi todos.
Y lo podemos notar en los atuendos, corte de pelo, usos y conductas, ideología o hasta lenguaje corporal que émulos de Ripley asumen de personalidades de diversos ámbitos, llegando a montarse en una espiral de asunción conductual que los lleva incluso a expulsar los antiguos “yo” que habitaban en sus cuerpos y se convierten, “de facto”, en botargas de otra persona. En casos extremos, presentan una completa negación de sí mismos y llegan a mimetizarse como genialmente muestra Woody Allen en Zelig (1983)
Cierto es que hay estoicos Rannulphs, los menos, vistos como entes obcecados que resisten el embate de la ola de refrescante renovación-innovación y se mantienen en su yo, intransigentes hacia el impacto de lo otro.
Si abordamos esta dualidad desde la perspectiva política, encontramos casos muy interesantes tanto de “Rannulphs” como de “Ripleys”. Algunos llegan a ser incluso paradigmáticos, pues los personajes en cuestión mudaron desde una genuina crisis y,
- Dan un “swing” de alma o espiritualidad reencontrada tras algún tipo de epifanía y retoman la confianza para seguir en su misión de vida
- O, debido a un estado de angustia, inconformidad consigo mismos y simplemente ambición por un mejor estadio de vida, ocurre en ellos un intenso tráfago de cambios que les trastoca completamente, de tal suerte que si no fuera por su ADN difícilmente podríamos reconocerlos.
En este tenor de ideas, tal vez sean más dramáticos los casos ocurridos en celebridades del amplio espectro de la izquierda, cuya naturaleza en cuanto a ideología implica fronteras poco claras que van desde el centro de la geometría política hasta el extremo del comunismo exacerbado.
Un ejemplo de “Rannulph” es Lech Walesa, dirigente del Sindicato “Solidaridad”. Trabajador electricista en el astillero de Gdandsk, inició su activismo como presunto informante del servicio secreto polaco antes de descubrir su misión de vida. Encabezando su sindicato primero y después a grupos de oposición, emprendió una cruzada contra el estatismo en 1980. Distinguido con el Premio Nobel de la Paz en 1983, logró vencer al régimen comunista en 1990, siendo elegido presidente. Duró en el cargo hasta 1995 pues por su autoritarismo, cerrazón de criterio y falta de visión fue perdiendo su enorme popularidad al grado de desaparecer de la escena política desde el 2000
Y otro es Mahatma Gandhi. Nacido en la casta de los comerciantes, estudió Derecho en Inglaterra y regresó a su natal India para ejercer su carrera, pero la falta de trabajo le llevó a aceptar un empleo en Sudáfrica. Durante su estancia ahí vislumbra su razón de vida, tras sufrir varios incidentes de discriminación que le hacen volcarse hacia la disciplina satyagraha, palabra que significa “apego o devoción a la verdad’ y que consistía en protestas no violentas contra cualquier forma de represión hacia el ejercicio de derechos individuales. Lo que siguió es historia conocida: la tónica iniciada en Sudáfrica es replicada masivamente en la India hasta lograr su independencia en 1947.
Los casos “Ripley” son, en contraste, notoriamente más abundantes y en ellos destacan prácticamente todos los lideres reconocidos de los diversos grados de la izquierda desde el Siglo XIX a la fecha. Si bien en su mayoría partieron del socialismo utópico de Owen, Saint Simon o Fourier (autores que realmente vivieron conforme a sus ideales) para tomar el pensamiento Marxista como su punto de inflexión, en la práctica fueron asumiendo formas y conductas diversas y hasta contrarias a lo pregonado por el alemán, al grado tal que acabaron convirtiéndose en grotescos remedos de él, con apenas algún leve tufo de social-comunismo.
Variantes hay muchas, pero la evidencia más clara de su actitud “Ripleyiana” se percibe en sus respectivos estilos de vida, completamente separados de la pregonada tónica del “proletarios del mundo uníos” o del “primero los pobres”. Fortunas inmensas en personajes como Stalin, Mao, Fidel Castro, Hugo Chávez y caciques del Pacto de Varsovia y en familiares y amigos o cómplices de todos ellos contradicen la consigna que todos enarbolan de “defender a los más necesitados” o “favorecer la igualdad social”.
Ser auténtico o ser otro. Ahí está el dilema.
FUENTES
https://www.leonciomoreno.com/la-motivacion-interna/
https://es.abcdef.wiki/wiki/The_Talented_Mr._Ripley
Lech Walesa, de héroe a sospechoso de villano (elespanol.com)