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Copias chafas y más.

Tenemos un presidente pirata

Tenemos un presidente pirata
En este régimen, que empezó con una imagen clara, brillante, aunque equivocada para algunos, se está perdiendo la nitidez, hay saltos cuánticos que no nos permiten seguir el hilo de la trama, cuando no son francamente contradictorios.
Maese Osofronio

Como aquel anuncio de televisión en el que dos niños veían una película que se veía cortada y borrosa, así estamos viendo actualmente la vida en el país.

Una de los efectos de regrabar, y volver a regrabar de copias cada vez más malas, es que se pierde la calidad de la imagen, se empieza a ver sin nitidez, con “saltos”, o con secciones en donde uno cree que está viendo a Shrek, y en realidad es el Donald Trump.

En este régimen, que empezó con una imagen clara, brillante, aunque equivocada para algunos, se está perdiendo la nitidez, hay saltos cuánticos que no nos permiten seguir el hilo de la trama, cuando no son francamente contradictorios. Pongamos por caso una frase promesa “Vamos a acabar con la corrupción”, un enunciado claro, pulcro y fácilmente entendible. La audiencia como en el cine, espera que si la película se llama “El Incendio de Chicago”, se trate de conflagraciones a la orilla del Lago Michigan, pero no, es una película que trata de unos pingüinos que hacen una peregrinación para conocer el mar. Algunos espectadores empiezan a preguntarse si no se equivocaron de sala, o si el “cácaro” habrá llegado etílicamente intoxicado. Otros asistentes pensarán que al final los pingüinos van a llegar nadando a la zona de Los Grandes Lagos y, por fin verán el incendio. Otra parte, de importante tamaño, se sentará a comer palomitas, tomar refresco, y esperar a que termine, con la esperanza de que, al final, no sea muy aburrida. 

El caso en la frase es que no queda claro como se va a acabar con la corrupción, y a lo largo de la “película” se van dando cuenta que la cinta es una regrabación de discursos que se han emitido en otras latitudes, en países donde la corrupción sigue tan campante, y los gobernantes ahora son más corruptos que los anteriores, con la agravante de que son, también, menos proclives a pensar en los ciudadanos a los que les hicieron la promesa. Avanzada la proyección algunos deciden salirse del cine, uniéndose a los que no entraron porque sospechaban fraude, más tarde se retiran los que cansados de ver borroso no entienden de que se trata. Y otros, los que se quedaron a verla hasta el final, pensarán que los escritores del filme saben algo que ellos no entienden, y se irán a sus casas a seguir creyendo que la corrupción está por acabar.

Lo que no se paran a pensar es que pagaron un boleto, compraron golosinas, y les dieron gato por liebre, pero al final se entretuvieron, por lo que no reclamarán que no haya sido la película que esperaban ver.

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