Post Apocalipsis o de como López la regó
Hace ya 15 fatídicos y negros meses desde que se detectaron los primeros casos de Covid-19; aún no me contagio, sigo sin trabajar y encerrada la mayor parte del tiempo. Hoy tocó mi turno para recoger víveres en la tienda de autoservicio que el gobierno me asigno. Una lata de puré de tomate,
Hace ya 15 fatídicos y negros meses desde que se detectaron los primeros casos de Covid-19; aún no me contagio, sigo sin trabajar y encerrada la mayor parte del tiempo. Hoy tocó mi turno para recoger víveres en la tienda de autoservicio que el gobierno me asigno. Una lata de puré de tomate,
2 litros de jugo de naranja, seis huevos, y sí, 1 kg de galletas de animalitos, este fue el botín ¡qué jodida emoción! Hace meses no veía una galleta. La pandemia había agudizado la crisis en el campo mexicano provocando escasez de harinas de trigo y maíz, y claro, los precios estratosféricos y las ideas de autosuficiencia hacían impensable para México abastecerse con granos del exterior.
Nunca lo hubiera imaginado. Cuando se declaró pandemia el mundo esperaba que en unos meses estuviera controlado el escabroso asunto. Esperábamos la vacuna, esperábamos que encontrarán alguna cura, esperábamos que todo terminará mal, pero que de alguna forma todo regresará paulatinamente a la normalidad. No fue así. El mes de “yo me quedo en casa” se convirtió en tres, los tres en cinco, y cuando menos lo esperamos, ya pasaba del año sin que la situación se hubiera controlado del todo.
Algunos países ya han empezado, poco a poco, a poner en marcha la maquinaría que mueve sus economías. Son los que más contagios habían tenido, China, España e Italia, puesto que la única forma de ganarle la batalla a este maldito e ingenioso coronavirus, es enfermando y creando inmunidad, lo que hace a estos países, los de mayor población inmune al Covid-19, y por tanto, los de mayor planilla laboral.
México podría entrar en esta categoría, pero no tenemos ni puta idea de cuantos se han enfermado y recuperado del contagio, salvo con seguridad, los que han presentado síntomas severos y vivieron para contarlo. Al principio se hacían algunas pruebas, parece ser que 120 por cada millón de habitante, mucho menos que las que se hacían en otros países; poco después López-Gatell dijo que los científicos habían dicho que de nada servían las pruebas, puesto que el tratamiento era para todos los que tenían síntomas, era el mismo, y se dejaron de hacer, así cada vez más, las cifras se perdieron, en los interminables sermones de las mañaneras que López insistió en seguir dando desde el púlpito ante un montón de sillas vacías.
Lo cierto es que nunca pudieron ocultar que la situación estaba de la fregada. Como en otros países, las imágenes apocalípticas de muertos tirados en suelos de hospitales y funerarias, comenzaron a circular en redes. Trataron de evitarlo, eso sí, se supo que desde Palacio Nacional salieron fuertes sumas de dinero para pagar granjas de trolls y bots para tratar de amedrentar a los usuarios de redes sociales y ocultar la realidad; sin embargo no se logró, no se puede tapar el solo con un dedo… o con un bot majadero respondiendo con nudes.
Todos han conocido a alguien enfermo, o han enfermado, muchos perdieron amigos o familiares, y ni siquiera pudieron despedirse pues los enfermos son aislados, y tampoco pudieron enterrarlos, pues los cuerpos son incinerados por cuenta del Gobierno, quien ha hecho uso de apoyos internacionales para hacerlo y ¡¿por qué no?! lo anunció como un logró de la 4T.
Todos hemos tenido que depender del Gobierno de una u otra forma. Después de 5 meses algunos víveres empezaron a escasear, ya sea porque el campo dejo de producir, las fabricas o empacadoras quebraron, o porque López decidió dar a los militares la logística de los alimentos, así como les dio hospitales, puertos, aeropuertos, y hasta las funciones que hacía o decía hacer la policía. Los que hemos perdido el empleo recibimos una pensión como la de los ninis, y cupones para recoger despensa en una tienda de autoservicio que nos asignan a cada ciudadano, con cuatro fechas al mes. En realidad es muy poco y ya empiezan a saltarme los huesos en el cuerpo, pero no hay más, López no dejó más.
Se empeño en seguir adelante con las obras que considero la culminación de sus aspiraciones. Dos Bocas, Santa Lucía, y el Tren Maya se llevaron todo el dinero de las arcas, y ¿para qué? finalmente no fueron ni terminadas. Ahora vivimos además una crisis energética, generalmente hay electricidad solo 4 días de la semana.

Hoy es uno de esos días y he podido cargar mi celular y leer noticias mientras como mis galletas de animalitos remojadas en el café negro que conseguí tras coquetear con el vecino que es servidor público. Las notas no han cambiado en meses, Covid-19, cifras de enfermos y muertos, y crisis económica, pero hoy es diferente, sabía que las galletas de animalitos eran una señal. Es casi el alba cuando leo la noticia.
López ha renunciado, está contagiado, y no queda nadie de su gabinete de malditos que lo supla, pues todos han caído. MORENA ha caído. Termino mi café, y ¿por qué no? voy por otro y cojo más galletas, por fin hay esperanza.