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#JuevesDeDinosaurios

Quetzalcoatlus northropi, ¿el animal volador más grande?

Un pterosaurio increíble

En julio de este año vimos en estos escritos de #JuevesDeDinosaurios a Hatzegopteryx thambema, el pterosaurio más grande conocido, y sus posibles problemas al despegar o aterrizar. Quetzalcoatlus es uno de los animales favoritos del Cretácico de muchos fanáticos de los dinosaurios (aunque ya hemos visto que los pterosaurios no eran dinosaurios). Mucha literatura existente todavía considera a Quetzalcoatlus el más grande. De modo que el debate surge inexorablemente: ¿cuál es el animal volador conocido más grande que ha surcado el cielo terrestre? La respuesta te sorprenderá (perdón, no pude evitarlo).

El Quetzalcoatlus vivió hace unos 67 millones de años en el Cretácico superior. Su nombre, en honor a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que adoraron la mayoría de culturas mesoamericanas, es también una referencia de su enorme tamaño: De pie, este monstruo volador podía alcanzar una altura similar a la de una jirafa (aproximadamente 5.2 metros), mientras que al abrir sus poderosas alas de par en par, podía alcanzar una envergadura de 12 metros, lo mismo que una avioneta de buen tamaño.

Con una envergadura de 11-12 m, Quetzalcoatlus es el organismo volador más grande jamás conocido y uno de los pterosaurios más familiares. Sus fósiles fueron descubiertos por primera vez en 1971 por el estudiante graduado de la Universidad de Texas en Austin, Douglas Lawson, en el Parque Nacional Big Bend, Texas, Estados Unidos. A pesar de medio siglo de interés, Quetzalcoatlus permanecía descrito de manera muy incompleta, hasta el día de hoy.

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Ayer, 8 de Diciembre, se publicó en el Journal of Vertebrate Paleontology una monografía de Quetzalcoatlus compuesta por una introducción y cinco estudios, lo que constituye la descripción más completa del animal y sus hábitos, además que describe dos nuevas especies de pterosaurios.

La investigación involucró un estudio detallado de todos los huesos de Quetzalcoatlus confirmados y sospechosos, junto con otros fósiles de pterosaurios recuperados del Parque Nacional Big Bend. Esto llevó a la identificación de dos nuevas especies de pterosaurios: (i) Quetzalcoatlus lawsoni, una especie más pequeña de Quetzalcoatlus con una envergadura de 5.5 a 6 m; y (ii) Wellnhopterus brevirostri.

“Esta es la primera vez que tenemos algún tipo de estudio integral”, dijo el Dr. Matthew Brown, director de las Colecciones de Paleontología de Vertebrados de la Escuela Jackson de Geociencias de la Universidad de Texas en Austin. “A pesar de que Quetzalcoatlus se conoce desde hace 50 años, ha sido poco conocido”.

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Mientras que la especie más grande, Quetzalcoatlus northropi, se conoce a partir de solo una docena de huesos, hay cientos de fósiles de las especies más pequeñas. Esto proporcionó material suficiente para que los investigadores reconstruyeran un esqueleto casi completo de las especies más pequeñas y estudiaran cómo volaba y se movía. Luego aplicaron sus conocimientos a su primo mayor.

“Los pterosaurios tienen huesos del pecho enormes, que es donde se unen los músculos de vuelo, por lo que no hay duda de que eran excelentes voladores”, dijo el profesor Kevin Padian, paleontólogo de la Universidad de California en Berkeley.

que01Quetzalcoatlus northropi y Quetzalcoatlus lawsoni vivieron en Big Bend hace unos 70 millones de años, cuando la región era un bosque siempre verde en lugar del desierto de hoy. "Pero cada uno llevó un estilo de vida distinto", dijo el profesor Thomas Lehman, paleontólogo de la Universidad Tecnológica de Texas.

Al examinar el contexto geológico en el que se encontraron los fósiles, los científicos determinaron que Quetzalcoatlus northropi podría haber vivido como las garzas de hoy, cazando solo en ríos y arroyos. Quetzalcoatlus lawsoni, por el contrario, parecía agruparse en lagos, ya sea durante todo el año o estacionalmente para aparearse, con al menos 30 individuos encontrados en un solo sitio fósil.

A lo largo de los años, los paleontólogos y artistas han imaginado a Quetzalcoatlus como un rastreador, recolector y carroñero. En el nuevo estudio, los autores presentan a Quetzalcoatlus como un sondeador que usó sus mandíbulas largas y desdentadas para buscar cangrejos, gusanos y almejas en los fondos de los ríos y los lechos de los lagos.

“Algunas personas dijeron que era un alimentador de carroña o que voló sobre el agua y desplumó peces como un pelícano. No es así”, dijo el profesor Padian. "Las mandíbulas son muy largas y delgadas, estrechándose hasta un punto. Si miras las mandíbulas de una garza, son iguales: buenas para desplumar lagartijas y otros animales pequeños, pero definitivamente no para escarbar cadáveres. No tenía dientes".

“Este animal podía levantar la cabeza y el cuello verticalmente, para tragar la pequeña presa que agarraba con sus mandíbulas. Podría bajar la gran cabeza muy por debajo de la horizontal, por lo que si estuviera navegando sobre tierra firme, podría haber sido capaz de abalanzarse y desplumar a un animal desprevenido".

Algunos paleontólogos piensan que el antiguo gigante se balanceó hacia adelante sobre las puntas de sus alas como un murciélago vampiro; o que ganaba velocidad corriendo y aleteando como un albatros; o que no volaba en absoluto. Pero, según la nueva investigación, Quetzalcoatlus probablemente saltó al menos 2.4 m en el aire antes de despegar batiendo sus alas.

Los fósiles revelan el comportamiento de caminar único de Quetzalcoatlus. "Caminando por tierra, podía mover la cabeza y el cuello en un arco de 180 grados, capaz de tener una visión completa a su alrededor. El animal tuvo que batir sus alas para detenerse y ralentizar su descenso. Y luego aterrizar con las patas traseras y dar un pequeño salto”, agregó. "Y luego bajar las patas delanteras, adoptar una postura de cuatro patas, enderezarse y alejarse".

En cuanto al debate planteado al inicio: Mark Witton y colegas en 2010 consideraron que los restos de Quetzalcoatlus northropi son indistinguibles de su contemporáneo rumano Hatzegopteryx thambema, es decir, Hatzegopteryx podría representar el mismo animal. Es probable que los grandes pterosaurios como Q. northropi pueden haber tenido amplios rangos geográficos transcontinentales, haciendo su presencia tanto en Norteamérica como Europa poco sorprendente, más aún si recordamos a algunas #EspeciesInteresantes que hemos visto como el gaviotín ártico (Sterna paradisaea) y la aguja colipinta (Limosa lapponica), aves que en la actualidad hacen recorridos de decenas de miles de kilómetros.

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Fuentes: Muy Interesante, Mundo Prehistórico, Sci News, Journal of Vertebrate Paleontology https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/02724634.2020.1853560, imágenes tomadas de internet