Lecciones de la IP
Alcanzar resultados aceptables en la mayor parte de los casos depende más de escoger correctamente el camino a seguir que de trabajar incansablemente. La mayoría de los gobiernos, particularmente aquellos que representan una transición de partido,
con frecuencia intentan descubrir el hilo negro y romper los moldes del anterior sistema, cuando existen en la actualidad modelos, ejemplos y formas que tienen probada eficacia para lograr resultados. Quienes parecen haber entendido esto generalmente pertenecen a la iniciativa privada, que ha logrado normalizar ese conocimiento, bajo el nombre genérico de mejores prácticas.
Podemos pensar que los representantes de la iniciativa privada son un grupo de personas privilegiadas o también podemos considerarlos simplemente hombres y mujeres exitosas. He aquí algunas de las prácticas empresariales más evidentes, que les han traído una gran prosperidad que cualquier gobierno desearía.
Después de la Segunda Guerra Mundial, las empresas hacían todo: una refresquera tenía terrenos con sus propios pozos de agua que transportaba en pipas de su propiedad, fabricaba las bebidas, fabricaba las botellas, las corcholatas, las etiquetas, las cajas; era dueña de los camiones que distribuían los productos y hasta llegó a haber grupos que tenían sus propias gasolinerías. Esta es la época de los “corporativos”, algunos de los cuales se mantienen, aunque con espectros ya no tan amplios de actividad. Esto es lo que se llama integración vertical, y tuvo sentido en la época de la posguerra cuando había que garantizar que cada parte de un proceso se hiciera correctamente.
Pero las cosas cambian, la tecnología avanzó y las empresas tuvieron tiempo para reflexionar. Se dieron cuenta de que sus ganancias provenían principalmente de una o dos actividades y fueron dejando las que resultaban poco rentables o complicadas. Varios años después, esto llevó a las empresas a dedicarse, casi exclusivamente, a su foco principal, que en inglés llaman core business.
¿Para que voy a fabricar cajas, botellas o etiquetas si alguien las puede hacer mucho mejor y con precios más bajos, mientras yo hago refrescos? ¿Para que voy a distribuir yo mismo mis productos si hay empresas de transporte y mensajería que lo hacen a un precio menor y que tienen alcance en toda la República?
Así, nos encontramos con empresas como Amazon que han logrado una maestría inigualable en conectar la oferta con la demanda. No es dueña de los transportes. No fabrica sus cajas. De hecho, no fabrica nada, pero ahora es una de las empresas más grandes del mundo, por haber reducido su foco a unas cuantas tareas realizadas magistralmente. Uber es la empresa más grande de transporte de pasajeros y no es dueña de los autos. Esta es la integración horizontal, o las cadenas productivas, donde hay una gran cantidad de proveedores que han desarrollado grandes habilidades en sus campos respectivos. En lugar de que la refresquera haga sus propias cajas, ahora las compra a un proveedor experto en empaques que le vende a la refresquera, pero además a las farmacéuticas y a cientos de clientes que requieren empaques.
El modelo horizontal también ha hecho cambiar la forma en que la IP planea, administra y decide. Anteriormente existía un director general o presidente que concentraba todas las decisiones “importantes”. Esto hacía que el proceso de toma de decisiones emanara de los niveles operativos, subiera al nivel directivo y bajara en forma de decisión. Las decisiones eran muy lentas y, en ocasiones, totalmente carentes de contexto.
En el mundo vertiginoso actual, las decisiones deben tomarse casi inmediatamente y lo más adecuado es que se tomen en el lugar en el que se tiene el contexto apropiado. Muchas empresas hacia finales del siglo XX comenzaron a adoptar el modelo de las unidades de negocio. Este modelo considera pequeñas áreas del negocio como unidades autocontroladas que deben tener sus propios resultados, independientemente del resto de la empresa. Cada unidad tiene la obligación de ser rentable, responder al cliente con celeridad y de mantener un orden en sus normas internas y en apego a la ley. La mejor persona para el cargo es la que conoce perfectamente su entorno.
Estas empresas han dado un gran impulso a sus contralorías internas y han desarrollado un puesto llamado en inglés compliance officer, que es un funcionario responsable de hacer cumplir (no vayan a usar el horroroso verbo cumplimentar, por favor) las normas a las que deben sujetarse todos los elementos de la empresa, desde las leyes específicas de cada industria hasta códigos de comportamiento respetuoso con compañeros de trabajo, clientes y proveedores.
Nuestro gobierno va en el sentido exactamente opuesto al modelo que ha hecho exitosas y rentables a las empresas.
Su modelo es marcadamente vertical (que en términos políticos se llama centralista). En vez de abandonar las actividades para las que es ineficiente, cada vez concentra más tareas a las que destina recursos muy valiosos, pero mal empleados: baste ver al ejército conduciendo pipas, despachando en aduanas o construyendo aeropuertos, cuando hay una enorme cantidad de recursos mexicanos ociosos, ya sean personas o empresas que lo harían mejor. ¿Y qué decir de la cerrazón a la idea de generar energías limpias? La electricidad se generará contaminando más, con una empresa camino a la quiebra y el consumidor pagará con precios mayores esa ineficiencia.
Aun peor, ahora las decisiones se toman en la punta de la pirámide y, por la lejanía y falta de contexto, se decide tarde y mal: hay que ver el conflicto de Chihuahua, que pudo resolverse de otra forma hace meses. La inmovilidad de los funcionarios (floreros les llaman) no les permite atacar los problemas; hay que pedir consejo allá arriba y a veces eso tarda y cuando llega la decisión los conflictos se han escalado. En el gobierno se necesitan más micromanagers (operadores a nivel micro) que tengan niveles de decisión propios de su alcance dentro de una normatividad que cubra las leyes y que se apegue a los valores del gobierno.
Si les va bien a los empresarios es por que han aprendido de sus errores y por que la competencia puede arrasarlos si no son altamente competitivos. Valdría la pena que el gobierno comience a mirar, ya no digamos al futuro, sino al presente para ver que el mundo ha cambiado mucho y que hay mucho qué mejorar.
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