Falta de respeto.
La incultura aeronáutica de los mexicanos
“El Aviador” se atrevió recientemente a penetrar legalmente, los límites de esa virtual ciudad militar en la que se ha convertido la zona de Santa Lucía ubicada entre los municipios de Tecámac y Zumpango en el Estado de México con todo y su enorme, pero abandonado aeropuerto “Felipe Ángeles”
en el que los militares mexicanos siguen “jugando a los avioncitos”, empleando para ello una credencial de elector vencida con tal de mantener su anonimato; ¡no vaya a ser que la contrainteligencia lo detectase y terminase en el mejor de los casos en una cárcel en el Campo Militar Número Uno o en el peor invitado a aventarse un clavado hacia el mar desde una aeronave de la Fuerza Aérea Mexicana!
De esta manera, acompañado de un par de agentes de la inteligencia (cultural) de una nación extranjera que lo visitaron con motivo de las fiestas decembrinas, “El Aviador” y su grupo primero se dieron el lujo de maravillarse con aquello que se exhibe en el Museo del Mamut , hay que decirlo: una gran instalación, para posteriormente hacer una visita a las instalaciones del muy valioso y perfectamente concebido Museo Militar de Aviación (MUMA) en el que el autor de esta columna esperaba ofrecer a sus acompañantes la oportunidad de conocer al algunas aeronaves de la colección, caso especial de ese Boeing 727-200 en los colores de la Fuerza Aérea Mexicana, pieza en la que el público podía, insisto: podía darse el privilegio de conocer el interior de una gran aeronave, particularmente su cabina de mando, posibilidad que a partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, se redujo considerablemente.

Muy, pero muy triste resultó para el “El Aviador” comprobar que, contrario a lo que le había sucedido en visitas anteriores al MUMA, en esta última la puerta de acceso, no solamente al Boeing 727, sino a muchas aeronaves y algo muy importante: a las salas de exposición temáticas habilitadas en el recinto estaban cerradas.
Cuando quien firma esta entrega inquirió a un oficial destacado en el museo la razón de ello se enteró que el alto mando de la FAM, coincidiendo con el relevo en el cargo de director del museo de un verdadero amante de la cultura aeronáutica, militarizando lo que de por sí es una infraestructura militar, decidió cerrarlas para proteger los acervos del deterioro que les estaban causando los visitantes, quienes, además de grafitear y robar piezas, me comentó llegaron a extremos de defecar en el sanitario (por supuesto fuera de servicio) del aludido 727. Mi interlocutor agregó que el museo dispone de apenas de tres elementos para su funcionamiento lo cuales les imposibilita proteger las piezas como es debido.
Si bien coincido con lo que amablemente se me informó, la verdad es que en este contexto dos cosas me parecen lamentables: por un lado la incultura de los mexicanos y los criminales atentados que hacemos a los tesoros históricos, culturales o arquitectónicos a nuestro alcance, y por el otro, la incapacidad de una Secretaría de la Defensa Nacional que se siente capaz de operar una aerolínea, con todo lo que ello representa en materia de recursos, de asegurarse que esas salas de exhibición y las piezas que las integran en el MUMA de la FAM estén no solamente abiertas, tal y como entiendo era su propósito al ser concebidas, construidas y habilitadas, sino que sean resguardadas y mantenidas en las debidas condiciones. ¡Ah! ¿Pero qué tal tres mil elementos de la Guardia Nacional destinados a protegerla contra actos de interferencia ilícita seguridad en un oneroso capricho llamado Tren Maya? Para eso si hay lana, pero no para asegurarse que una aeronave histórica en un museo no sea dañada, ¿verdad?

Y es que me da la impresión que si bien la idea de cambiarle el chip a un mexicano destructor de aquello que se le pone enfrente está cañón, resulta muy importante que aún a pesar de ello, el Estado mexicano cambie sus prioridades y asegure el acceso de mexicanos o visitantes a los espacios culturales nacionales con los que dispone.
En fin; a este paso, un día de estos, “El Aviador” se topará con que los hermosos museos en Santa Lucía, no solamente siguen siendo mal manejados, sino que en una de esas habrán dejado de estar abiertos al público, algo que en su caso denunciaré tan airadamente como corresponde hacerlo la defensa de la riqueza cultural de México.