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Fauna nociva

Halcones en el AICM

Halcones en el AICM
Ya no despachan en el, si bien sé que desgraciadamente conservan mucha influencia en lo que ocurre dentro y fuera no solamente de esa terminal aérea, sino en general en el aerotransporte mexicano.
El Aviador
El Aviador

Mi relación personal y profesional con el Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de la Ciudad de México, también conocido por las siglas AICM es muy estrecha, tanto así que lo considero mi segundo hogar. 

Comencé a visitarlo a partir del año 1964 cuando emprendí desde sus instalaciones un primer vuelo como pasajero y conforme mi madre me llevaba ahí a despedir o esperar a algún familiar. Al incrementarse el número de los boletos de avión a mi nombre y ante la generosidad de mi madre de llevarme por allá a ver aviones y pedir itinerarios y postales a las aerolíneas, tan frecuentemente como le fuese posible, mis vínculos con el AICM fueron incrementándose progresivamente al grado que, cuando obtuve mi licencia de Piloto Privado en una escuela establecida en su perímetro, bien podía afirmar que conocía ahora sí que ya conocía una buena parte del “el teje y maneje” del aeropuerto, algo que maduró a partir del momento que tuve el privilegio de formar por primera vez parte de su nómina o de la de alguno de sus prestadores de servicios, tiempos por ahí del 1985 hasta 1989 en los que descubrí que además de aeronaves, las pistas del AICM albergan el actuar de dos tipos de halcones; unos de naturales majestuosos plumajes y alas, y otros que sin ser aves se sienten como ellas, y cuya diferencia la puedo marcar empleando al Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, describiéndolas para efectos de este comentario editorial por una parte como un ave rapaz de tamaño mediano y de rápido vuelo, que merced a su sensacional agudeza visual,  a veces se les adiestra para la caza de aves, atributo empleado en los aeropuertos para protegerlos las operaciones de la fauna nociva que pone en peligro la seguridad. 

Por otra parte los podemos reconocer como personas partidarias de medidas intransigentes y del recurso de la fuerza para lograr sus propósitos, sean o no lícitos, como puede ser el realizar una labor de vigilancia y recolección de información para facilitar delitos por parte del crimen organizado, por ejemplo.

Para fortuna de mi adorado AICM y de sus usuarios los primeros siguen siendo protagonistas cotidianos, mientras que los segundos, por lo menos dos de los más representativos y poderosos, por cierto, en demasía, y de hecho, eje e inspiración de esta entrega, por lo menos –y eso ya es ganancia para el “Benito Juárez”, ya no despachan en el, si bien sé que desgraciadamente conservan mucha influencia en lo que ocurre dentro y fuera no solamente de esa terminal aérea, sino en general en el aerotransporte mexicano. En tiempos en los que el deporte de opinar se ha vuelto uno de alto riesgo, creo que debo reservarme sus nombres. Como dice Mateo en la Biblia: “Por sus frutos los conoceréis.”

halcones en el AICM 2

Queda un tercero por ahí activo en los rumbos del Peñón de los Baños, quien por sus limitaciones académicas y cognitivas felizmente no tiene gran poder, pero al que, sin embargo, como a todos los de su tipo hay que tenerle en la mira, no vaya a ser que convierta en protagonista. 

Abordemos los primeros dos casos, no sin antes recordar que los halcones, como muchas otras especies animales, suelen manejarse en manada, algo que constaté ocurrió entre ellos en el AICM, convertidos por el poder que adquirieron, más que en efectivas aves de caza, en todos unos arrogantes pavorreales, especialmente a partir de que el segundo se incorporó a prestar sus servicios en esa infraestructura, en su caso con uniforme militar, no tardando mucho tiempo para distinguir a su contraparte entre los funcionarios civiles a cargo entonces de la administración de la esa terminal aérea con la que comenzó a hacer cosas que no hablan muy bien de ellos en términos legales y éticos, tanto así que han impactado negativamente en la operación del AICM, cuyo mal estado actual bien lo refleja.

En la medida en la que “el sistema” permita que funcionarios públicos y ejecutivos privados con perfil de halcón tengan mucho qué decir en infraestructuras tan maravillosamente complejas como son los granes aeropuertos, esa seguridad, eficiencia, sustentabilidad y calidad en las operaciones que se pretende conservar al sumar a halcones de plumas naturales no pasará de ser una ilusoria aspiración.

¡Así lo dejo!

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