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#ElOcasoDelCacique

El Renacido

El Renacido
Continua el electrizante relato por @SergioRenovado

Décimo octava entrega de: El Ocaso del Cacique.

No te pierdas la parte anterior aquí:

Después de mi.... ¿El diluvio?

-Secretaría Alma… Nuestro corresponsal en el Hospital Francés indica que el Lic. Robles ingresó ayer por la noche a esas instalaciones, pero no por recaída de contagio viral, sino por un infarto…

Alma quedó tan impávida que no alcanzó siquiera a cerrar la boca. Carecía tanto de la experiencia mediática de la gran mayoría de los miembros del gabinete como del aplomo del líder para saber cómo sortear preguntas o comentarios incómodos. Su figura -ya de por sí muy disminuida por las circunstancias de su intervención y la forma en que la había tratado el líder públicamente- empequeñeció aún más y sólo acertó a voltear la mirada en búsqueda de Jesús, pidiendo enmudecida un salvavidas para tal trance.

Jesús se achispó y acudió en su auxilio. La tocó suavemente por el hombro y Alma le dejó el espacio del atril.

-Ese es un mero rumor que los medios periodísticos que son serios no deben difundir… Sean profesionales… ¡Por favor! ¿A qué medio representas?

-Parece mentira que no me recuerdes, Jesús, pero en fin... Soy Leonardo Jasso, del Periódico Despertador del Golfo

Dos miradas de Jesús bastaron para echar a andar la maquinaria del denuesto.

- ¿Es un periódico serio? -Cuestionó el Doctor Arúgula sonriendo

- ¿Es un periódico? -Secundó un protagónico reportero con un parche en el ojo, apodado “El Pirata”

- ¿Qué es? -Siguió una rubia reportera oficialista

Jesús sonrió con cierta malevolencia. Dejo pasar unos minutos de escarnio para, así, atemperar un poco la rudeza del golpe mediático tan sonoro que les había recetado el periodista tabasqueño. Era un tipo de ardides que Jesús, a instancias del líder, ya había usado en anteriores momentos para provocar que una audiencia pase de la reflexión incómoda a la emotividad amigable.

“Para ganar, lo más importante, es llegarle a la gente. Hay que conmover” -decía el líder

Los ánimos se habían caldeado demasiado. Jesús levantó los brazos para calmar la creciente gritería entre críticos y alentadores del periodista. Se hizo un relativo silencio hasta que Leobardo lanzó un misil de altísima peligrosidad

-Creí que este era un foro abierto para que la Nación entera recibiera una verdadera rendición de cuentas del gobierno y que los periodistas profesionales pudiéramos cuestionar su gestión, pero veo que usted. Jesús, lo usa para alimentar (hizo un gesto admonitorio con su mano, señalando a los oficialistas del gremio) a su jauría…

El ambiente se enardeció al grado de parecer un coliseo romano. El Dr. Arúgula gritaba “Mentira, Mentira” mientras el “Pirata” se abalanzaba -junto con algunos de sus compañeros- contra Leobardo, pero este hábilmente sorteó el ataque usando la silla donde estaba sentado como escudo protector. Los informadores neutrales se interpusieron Leobardo y los atacantes. Un par de guardias sometieron al Pirata a duras penas. Todo Un bochornoso espectáculo a nivel nacional. Jesús tenía que controlar el daño. Intentó una treta del líder

-Ya, Ya… Ya está bien (Su tono era apaciguador) En este gobierno aceptamos, a diferencia de los anteriores, todos los comentarios y críticas y respetaremos (su tono se volvió casi de predicador) las garantías que marca la ley, para la libre expresión de las ideas.

Compatriotas… Reconciliemos nuestras diferencias de modo civilizado, como nuestro presidente desea que siga siendo (la voz de Jesús era vibrante) la ruta de su gobierno… (Y remató levantando la mano izquierda, con el índice apuntando al cielo) ¡Y del país!

Todos los presentes quedaron estáticos, manteniendo la misma posición que tenía hasta antes de la arenga del vocero. El cambio tan drástico que presenciaron en él los hizo enmudecer. Y no fue tanto debido a las evidentes diferencias físicas entre el Líder y Jesús, sino en la forma en que ambos se conducían en eventos políticos. Mientras uno variaba entre el sarcasmo ingenioso y la explosividad de un volcán en erupción, el otro siempre había mantenido un perfil neutro, casi grisáceo. Y ahora… el informador monótono estaba usurpando el rol exclusivo del líder, cual si se tratara de una transmigración entre sus almas y en vivo. Ahora fue Alma la que entró al quite y le quitó el micrófono con sutileza.

-Gra… Gracias Jesús. Bueno… Creo que no es conveniente seguir con la conferencia… Ya les comunicaremos cómo evoluciona nuestro querido presidente por la tarde, durante la conferencia que ofreceremos, como todos los dias, respecto a la situación del país en materia de salud. Buenos días

Leobardo insistió

- ¿Sufrió o no sufrió un infarto?

Pero Alma lo ignoró

-Hasta mañana. Saludos.

A diferencia del líder. Alma esperó a que todos los reporteros salieran del patio en donde se celebraban las conferencias. Jesús había bajado del templete y fue a fumar en el pequeño espacio justo detrás. Alma lo alcanzó

- ¿Qué te pasó?

-Nnn… nada… nada

-Y… ¿Entonces?

-Es que se salió el asunto de control. No esperaba que llegaran a quererse golpear. Eso no lo tenía contemplado

-Jesús… No te pregunté por eso, sino por esa demostración de elocuencia tan ardiente que acabas de dar. Te conozco desde hace años y créeme… Me dejaste gratamente sorprendida. Me parece que has desperdiciado tu talento al conformarte con ser un…

Jesús tiró el cigarrillo al piso y lo apagó con un suave pisotón

- ¿Simple vocero?

-No quise decir eso…

-No se preocupe… Alma…. Claro que sé lo que podría hacer en otros frentes, en otras actividades… Pero mi lugar es…

- ¿Con él? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que él quiera? ¿O hasta que se muera?

- ¡Alma!

-Sabemos ambos que él no cambiará… Seguirá terco y asfixiante… Pero va de salida… Igual yo. Pero tú… Aún tienes oportunidad y claro que sé como te manejas (Alma movió la mano derecha, bamboleándola). En ti está de pasar de muñeco a titiritero.

-Bueno… Me voy porque ahora debo tomar algunas decisiones. Salustio dejó un tremendo descontrol en la Cámara de Representantes y Montero anda como chivo en cristalería en la de Senadores… Ya sabes el dicho… Cuando el gato no está, los ratones hacen un desmad….

Jesús la vio alejarse con cierta aprehensión. Era la primera persona que le hablaba así, sin tapujos y sin miedo a ser acusada por opinar abiertamente sobre la forma de actuar del líder dentro del círculo íntimo de su gobernanza. Y ante la ausencia presidencial, Jesús se sentía francamente en orfandad. Sus aliados hasta entonces (Ángel el hijo mayor, Adolfo el empresario y Pedro, el ideólogo del partido) estaban dispersos, procurando captar una cuota de poder ahora que percibían la vulnerabilidad del líder como algo grave y concreto. Y Genaro, su compañero de correrías informativas, carecía de la escucha comprensiva y el consejo sincero que Jesús necesitaba.

Miró el reloj en su muñeca. Había que apresurar la reunión del consejo de seguridad que ahora abarcaba prácticamente todos los temas de gobierno. Dejó de pensar en si mismo y se encaminó al salón de reuniones.

Prácticamente medio gabinete estaba presente, salvo algunas excepciones muy notorias como la ya anunciada de Alma y la de Rosalía, quien había salido de emergencia del país para reunirse con el titular de la agencia energética de Hayden, ante temor de un retiro generalizado de inversión en ese sector. Nuevamente Jesús se sentó en el lugar del líder

-A ver… La agenda del día… Bien… Empezamos… Lo primero y más importante… Seguridad… No veo a Rosalinda. ¿Coronel Galindo?

-Señor

- ¿Algún comentario?

-La titular, Señor, se siente indispuesta… Parece que tuvo una fuerte reacción a la vacuna. Ya platiqué con el Señor Secretario de Salud aquí presente (el Coronel hizo un ademan alusivo al frente, el cual fue correspondido por el ocupante de la silla) y ya ha tomado cartas en el asunto.

-Secretario Alcántara… ¿No estaba ya solucionado ese problema? Levántese por favor… No alcanzo a verlo

A pesar de varios intentos, la edad y corpulencia del secretario Alcántara le impidieron levantarse del asiento por sí solo. Jesús elevó la mirada al techo y, con una seña, mandó a dos asistentes en su ayuda. Dos minutos y resoplidos después, Alcántara se pudo levantar y dio una pausada disertación de los problemas surgidos con el programa nacional de vacunas.

Excepto Jesús, todos los presentes le escuchaban con la cabeza agachada, tanto por la pena ajena que les significaba su hablar cansino como para revisar sus respectivos celulares. Desde la salida del en su momento brillante subsecretario Vázquez Nataniel (inmolado un par de meses atrás debido a los pésimos resultados en el manejo de la pandemia y del programa de vacunación) y a pesar de los deseos del líder, ni Jesús ni Alcántara habían podido encontrar a alguien calificado que lo supliera en el cargo, por lo que decidieron que Alcántara, a pesar de sus limitaciones, fuera quien presidiera las conferencias vespertinas y acudiera a las reuniones matutinas.

La junta siguió por espacio de poco más de una hora y los asistentes salieron de buen ánimo. Después de todo, con Jesús a cargo de moderar esas reuniones, todos ellos se sentían aliviados tanto por el manejo ejecutivo de éstas como por disfrutar, por lo menos durante unos días al cabo de dos años, de una tregua en el ácido ametrallamiento que sufrían cuando el líder las presidía

Acabada la Junta, Jesús emprendió camino hacia su despacho. Se sentía tan bien que hasta iba chiflando una tonadilla tropical, para sorpresa de todos aquellos con los que se cruzaba en el camino. Una llamada al celular personal del líder le hizo detenerse. Era la voz inconfundible del médico cubano.

-Hola Choquito. ¿Cómo vamos?

-Mal y bien, Jesús. Así las cosas, el licenciado no va a poder seguir con sus ocupaciones durante un tiempo

- ¿Cuánto tiempo? ¿Unos días?

-Mucho más… Estimo que hasta después de las elecciones

- ¡No mam…s! Pero dijiste “Mal y Bien”. ¿A qué te refieres con “bien”?

-Ya despertó. Está medio sedado aún pero ya tiene conciencia.

- ¿Se puede hablar con él?

-Pues… Si… Pero no coordina bien las ideas. Oye… Vi la conferencia de hoy. ¿Cómo se enteraron que está internado aquí? ¿Y del infarto? ¿Quién les dijo?

-Choquito… Realmente no tengo ni idea. Desde que mandó a Ángel al Caribe pues no hay quien me ayude a evitar las fugas de información

- ¿Y qué hacemos? De pilón… La esposa anda por aquí como leona enjaulada. Ya camoteó a los médicos y enfermeras encargados del líder. Ahora que lo pienso… A lo mejor uno de ellos fue el que filtró lo del infarto…

-Creo que estás en lo cierto… Choquito… Haré los arreglos que necesites para traerlo de vuelta. Voy camino a la reunión del Consejo. Haz una lista de equipo, instrumental, medicinas y todo lo demás y dásela a Jacinto. Debemos trasladarlo hoy mismo

-Está bien. Y… Jesús… De plano… Honestamente… No hay de otra… Ya es el momento de usar el “Muñeco”…

 

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