Los resultados, pobres, aunque vistosos en algunas áreas, han ido desacelerando.
El momento de las definiciones.
Hace tres años, todo era expectativa, las campanas al vuelo de sus ilusionados votantes, las caras largas de los que alcanzábamos a vislumbrar lo corto de sus alcances. Era una época de elucubrar, de darle un cierto margen de maniobra, con la esperanza, no mucha, de que nos callara la boca.
El tiempo ha transcurrido relativamente rápido, nos atacó una pandemia que puso los reflectores fuera de López, que no se tardó mucho en volverlos poner en él. Fuimos testigos del desarrollo, no de una, de varias vacunas que se convirtieron (por arte presidencial), al igual que el cubrebocas, en un motivo de discusión. Otra vez, se puso en el centro del escenario.
Estar en el proscenio es la máxima aspiración de López, cada vez que siente que la atención lo esquiva, vomita una agresión, puede ser a la clase media, la UNAM, España, el OXXO… han sido innumerables sus atacados. Para darle variedad a su sketch, también inventa datos; vamos bien, la economía ya se recuperó, los muertos por COVID son los corruptos, y otra sarta de fantasías, verdades a medias, qué como en el caso de las agresiones son promovidas por su red de aplaudidores, entre los que están una cantidad bastante grande de fieles de prepago.
No les cuento nada nuevo, pero es necesario hacer memoria, todas estas “cortinas de humos, “cajas chinas”, le han comprado tiempo para seguir llevando a cabo su plan. Pero el tiempo se acaba.
¿Cuál es su plan?
Desde mi muy particular óptica de peatón urbano, sólo mantenerse en un poder que persiguió tercamente desde que vio, siendo muy joven, a un Echeverría cuasi todopoderoso, a un López Portillo administrando la “riqueza del petróleo”, para llegar a él y, cambiando un poco el dicho, resultar como los perros que persiguen a los carros, cuando los alcanzan ya no saben qué hacer y sólo les queda orinarle las llantas.
En el camino se asoció, o les dio cabida en su partido (no estoy muy seguro que sea suyo) a personajes de todas las raleas, es de hacer notar que no hay, entre esos personajes nadie que no tenga muertos en el closet, los dinosaurios del PRI, los bolivarianos, los líderes sindicales en desgracia relativa.
Empezó tratando de establecer un parteaguas, maniqueo como todos los parteaguas, lo de antes, malo, lo nuevo, bueno. Y no le han salido las cosas como quisiera, no es lo mismo engañar fieles, que trolear a la realidad. Los resultados para él, han sido menores a lo esperado, en vez de ser el Aquiles de Tabasco, o el Hércules de Macuspana, es, con bastante trabajo, el Barón Von Patoven de Palacio Nacional (sorry por la mención añeja)
Los resultados, pobres, aunque vistosos en algunas áreas, han ido desacelerando, y la oposición, a la que quería azorrillar a mañanerazos, siempre tuvo, aunque sea ciudadanamente, una respuesta (sigue teniendo). Se despierta la oposición organizada, lentamente como Rip Van Winkle después de dormir 100 años, pero empieza a haberla. Los socios del presidente se están desesperando, los resultados no llegan, el control no es total, los reaccionarios empiezan a tomar la iniciativa.
Los dinosaurios quieren el país que conocieron y en el que medraron, los bolivarianos requieren un acercamiento más rápido y profundo con los agujeros negros tragadinero de Venezuela y Cuba, los líderes sindicales empiezan a hacer de las suyas y los están balconeando, de sus otros socios, mejor son hablamos, pero la atención que se viene por parte de EE. UU, no los debe tener muy tranquilos. La presión sobre López debe ser en estos momentos bastante pesada.
La reforma retrógrada de la electricidad es una patada para controlar más y mejor, para no compartir un pastel, que dicho sea de paso no va a “subir” al hornearlo, si le quitan la levadura particular.
Es tiempo de definiciones; los seguidores de pensar si siguen tragando atole, y si el orgullo obradorista les está redituando algo; los desheredados que a base de ser desheredados ni quien los pele y por eso lo increpan cada vez más, los socios, probablemente de mover su lealtad, los detractores, de acelerar la organización opositora y crear un discurso propio, los partidos políticos, para ver si les conviene seguir bajo el radar en tiempos revueltos y comiendo del presupuesto, los políticos de viejo cuño, y los suspirantes presidenciales, para no salirse de la foto, pero sobre todo, López para saber con quienes cuenta, y hasta dónde… para convertirse en el Cuarto Padre de la Patria.