Se requiere un gran esfuerzo para llevar las mentiras tan lejos.

El Hombre que se Convirtió en su Personaje

By Maese Osofronio
¿Quién es realmente AMLO? La práctica, la vida diaria, las situaciones críticas que le ha tocado enfrentar (cuando las enfrenta), y, paradójicamente, las mañaneras, nos dan una imagen de su personalidad y de sus motivaciones.
| Opinión
El Hombre que se Convirtió en su Personaje

Hasta el cansancio hemos escuchado de lo agudo de su inteligencia, de su brillante diagnostico social, de su carisma, su conexión con el pueblo, su humanismo, su feminismo, sería largo enumerar las “virtudes” con las que lo han adornado, tanto los opositores, como los detractores.
Para sus fieles (nunca mejor aplicado el término) es un anciano sabio, bueno, luchador, que se acerca a la gente.
Para sus críticos, es un oportunista, un demagogo, un corrupto, que hace lo que sea necesario por lograr sus objetivos.


¿Quién es realmente AMLO?


La práctica, la vida diaria, las situaciones críticas que le ha tocado enfrentar (cuando las enfrenta), y, paradójicamente, las mañaneras, nos dan una imagen de su personalidad y de sus motivaciones.
Pongamos un caso, el Presidente se autonombra humanista, sus seguidores lo canonizan como un santo que cuida a los ciudadanos, sin embargo, los resultados de sus acciones no hablan de un humanismo, hablan de un pragmatismo asesino, no voy a explicar el humanismo, ya habrá otra ocasión para eso, basta saber, que para ahorrar dinero, ha dejado a los más desprotegidos sin medicinas (niños y mujeres con cáncer), pretextando, como en cada caso una corrupción, que obviamente existe (antes y ahora) aunque no da pruebas de sus afirmaciones. Hasta ahí podría ser una cuestión de transitar una curva de aprendizaje, pero lleva tres años (casi) sin medicinas y sigue aferrado a un plan que no las ha hecho aparecer. Humanista no es.
Lo catalogan como feminista, y se protege contra las mujeres con bardas de acero, o apoya a un presunto violador en su candidatura al gobierno de Guerrero, así qué, muy feminista tampoco.
Así podría seguir con la colección de características que se le atribuyen, y de aquí nace la pregunta:
¿De dónde sale la idea de que este Señor es un dechado de virtudes?
Es altamente probable que sean un intento por darle una imagen, en parte logrado, y que es creado por un equipo de gente especializada. Pero la imagen que ostenta, y que cada vez está más deteriorada, está basada en un personaje que ha ido creando en su caminar por las antesalas de políticos importantes a los que tenía que venderles su producto, y de los mítines de pueblo donde buscaba provocar aplausos y aceptación.
No pretendo decir que es un estudioso de la creación de imágenes públicas, ni un rockstar natural. Al contrario, le ha costado trabajo hacer que los demás se traguen su rispidez natural, su pretendida autosuficiencia, su “inmenso” conocimiento sobre la Historia, y a base de rechazos y desilusiones ha logrado convertirse en la panacea, el ajonjolí de todos los moles y el guía de la conciencia social del pueblo.
Lo malo del caso, es que muy pocos se lo tragan de un bocado, como píldora, la mayor parte, incluyendo a sus seguidores, tienen mayores o menores reticencias. Muchos hacen como que le creen, otros lo siguen por interés, y otros más lo siguen porque se sienten defraudados por los gobiernos anteriores, y hacen de este seguimiento una cuestión de honor. Pero, hay una persona que se lo cree todo, él mismo.
López Obrador se comporta como el detentador de la fe pública, basta con que él diga; soy honrado, para que la honradez lo cubra con su manto. O que diga que tiene otros datos, para que los datos corran a ordenarse como él los relata (y a veces ni los relata, los datos tienen que organizarse adivinando sus intenciones).
Para él la realidad, esa cruel y terca situación ha dejado de tener una vida propia, para depender de sus designios, a veces sólo de sus dichos.
Cada vez es más común que en un arrebato de retórica, o de esperanzadoras promesas, desprecie la experiencia, o la mencionada realidad, y esta salga a golpearle la cara. Pero no hay problema, la solución es volverla a conjurar en otra retahíla de frases gastadas para indicarle cómo debe portarse.
En una especie de humilde conclusión, aclarando que no pretendo hacer un análisis psicológico (Freud me guarde), mi intención es tratar de explicar, desde el punto de vista del ciudadano de a pie, cómo se fue creando este personaje, este actor que ya no diferencia la realidad de su propia ficción. Que ha terminado por ser una caricatura de si mismo, y de la imagen que sus panegiristas nos quieren vender como realidad. Y qué ya no se molesta con quitarse el disfraz antes de irse a dormir.
Claro que tanto él, como Ustedes, sufridos lectores, pueden tener otros datos.


Maese Osofronio

Ando vendiendo mi Ferrari

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