Hay temas ambientales sobre los que, para informar, hace falta espacio. Sería muy satisfactorio que, en el caso de los océanos, este reto fuese en un sentido positivo; sin embargo, el – y dígase claramente - crimen generalizado e irresponsable que el hombre está causando a propósito y por ignorancia contra ellos, obliga a reflexionar sobre la forma como el ser humano trata su único hogar en el universo.
Aparentemente imbatibles, considerados incluso por muchos, como vertederos naturales por su aparente inmensidad y por ello, con una supuesta “infinita” capacidad de dilución, en realidad, los océanos son tan sensibles a la contaminación, como cualquier sistema finito y, asimismo, por sus procesos tan complejos e intrincados, resultan tan frágiles, que “moviendo una baraja”, se pone en riesgo el castillo de naipes completo.
Los océanos han configurado la historia del hombre, ya sea desde el observador primitivo que no podía sino mirar con asombro, curiosidad y deseo esas enormes e inalcanzables moles, hasta las diversas culturas que el planeta vio nacer y desarrollarse junto “a la mar” o fuertemente asociadas a estos (los fenicios, los griegos, los jonios, los vikingos, los romanos, los persas, entre otros) En sí, los océanos han influido estrechamente en la vida y conducta del ser humano.
Sin embargo, los océanos, en el imaginario colectivo, jamás, antes de las últimas décadas del siglo pasado, y sobre todo de este, fueron asociados a polución y contaminación y nunca pasó por la mente del hombre, que pudieran ser la probable causa del fin de la propia humanidad.

La vida surgió en los océanos hace unos 3,600 millones de años y su influencia sobre la vida en tierra firme, es fundamental (entre el 50 y el 85% del oxígeno se produce en el mar, a través del fitoplancton, superando la productividad de las masas forestales terrestres). Estas moles, impulsan los sistemas mundiales que hacen de la Tierra un lugar habitable. El clima, el tiempo diario, la lluvia, el agua potable e incluso la mayor parte del oxígeno del aire que respiran los seres vivos, lo proporciona y regula el mar. A pesar del valor de este elemento, el humano lo está degradando a un ritmo sin precedente, al directamente sobre explotar sus recursos y atiborrar de residuos sólidos sus espacios, e indirectamente, modificando su física, alterando su química y cambiando la composición de su biodiversidad, con consecuencias que atentan contra la vida misma, no solo de los seres marinos.
Puntualmente, cada aspecto con el cual el hombre está dañando los océanos, podría ocupar muchas páginas de análisis, tal es el cúmulo de datos y evidencias existentes. En el presente artículo y en dos más, se abordarán los principales problemas de contaminación en el océano. Los residuos sólidos (sobre todo plásticos), la acidificación, la eutrofización y la hipoxia, la extinción de especies marinas y su sobre pesca, además de la contaminación por químicos, y el ruido, son todos aspectos que están en todo momento y al mismo tiempo, agrediendo a los océanos y la vida inmersa en ellos.
Unos pocos datos:
Al cubrir el 70% de la superficie y contar con el 97% del agua disponible en el planeta, es lógico pensar que los océanos son básicos en los procesos biológicos y ecológicos de la biósfera, amén de los procesos climáticos. Y efectivamente, así es.

Los océanos tienen influencia significativa en el clima. Por ejemplo, son la principal fuente de vapor de agua (que forma nubes y se precipita en forma de lluvia sobre los continentes).
Los océanos absorben bióxido de carbono, que se hunde en las profundidades, lo cual, hasta ahora, ha venido “de perlas” al ser humano, pues absorben alrededor del 30% de este gas, amortiguando los impactos del calentamiento global (aunque con consecuencias).
Los océanos se calientan y enfrían a diferente ritmo que los continentes, por lo que regulan la temperatura y, en conjunto con el sol y el movimiento de rotación de la tierra, provocan que el aire se mueva, incluso en patrones regionales significativos. Los vientos trasladan la humedad que liberan los océanos, aspecto crucial para muchos ecosistemas terrestres y para el ser humano (las lluvias de verano en México, se deben en gran medida, a este factor).
En cuanto a la influencia de los océanos en la vida, nada más significativo que saber que la vida se originó en estos. Actualmente, los océanos contienen casi 200,000 especies identificadas, pero las cifras reales pueden ser de millones de especies (el ser humano conoce mejor sobre la luna, que sobre el fondo de los océanos).
Residuos sólidos: Plásticos.
Hace casi tres décadas, un submarino descendió a la Fosa de las Marianas (casi 11 mil metros) la parte más profunda de los océanos del mundo; pues bien, lejos de descubrir una criatura mítica o una especie alucinante, encontró una bolsa de plástico. Los científicos creen que se trata del primer desecho plástico encontrado a tan gran profundidad.

Este no es un hallazgo aislado: El 89% de la basura plástica que se encuentra en el fondo del océano está conformada por artículos de un solo uso, como las “inocentes” bolsas de plástico, los popotes, vasos de cafetería y demás artículos, que tanto nos gustan por facilitarnos la vida.
Todos los años se vierten al océano alrededor de 13 millones de toneladas de plástico. Según la ONU, esto equivale a vaciar el contenido de un camión de basura en el océano… ¡cada minuto!
El plástico es muy dañino para los arrecifes de coral, ecosistemas que protegen 150 mil km de línea costera en 100 países y territorios, protegiendo a las costas de las mareas ciclónicas, los vientos y el oleaje y que son auténticos criaderos de la vida marina. Según un estudio, cuando los corales se ponen en contacto con el plástico, las probabilidades de que contraigan alguna enfermedad se disparan del 4% al 90%.
¿De dónde proceden estos residuos? En gran parte se deben a la proliferación del plástico de un solo uso (el que se compra, se usa el producto que contiene y se elimina) Se estima que cada día se abandonan en México hasta 90 millones de botellas de plástico (PET) solo de refrescos y agua (preste atención: es la cifra de un solo país). El plástico es un material muy persistente y que se dispersa con mucha facilidad, por lo que su cantidad en el mar no deja de aumentar. Además, se estima que el tiempo de degradación de los plásticos en el océano es más lento que en la superficie terrestre, ya que está menos expuesto a la luz solar, a las altas temperaturas y al oxígeno.
Según la ONU, el impacto que causa el plástico en los océanos, genera gastos de unos 13 mil millones de dólares al año, incluidos los costos de limpieza y las pérdidas económicas para el sector pesquero y otras industrias.
Dimensionando
La superficie de los océanos está cubriéndose de basura de manera grotesca. En el océano pacífico, existe una isla nueva (se han registrado tres más) pero nada convencional; es la llamada “isla de basura”. Esta masa flotante de desechos plásticos cubre un área de unos 1,6 millones de kilómetros cuadrados, equivalente al doble de la superficie del estado de Texas, a tres veces el tamaño de Francia o casi al tamaño de México.
Dimensionarlo es difícil, pero imagine que viaja de Tijuana a Chetumal en auto y de ahí a Mérida; después, hasta Matamoros. Todo ese trayecto, que le llevaría unos cuatro días de recorrido continuo, lo hizo acompañado en todo momento, de montones dispersos de basura plástica.

Resulta ilustrativo dimensionar el tiempo de vida de una hipotética botella de PET (500 años) comparado con dos sucesos fundamentales para la historia de México:
Si Hernán Cortes, hubiese festejado la conquista de Tenochtitlán en agosto de 1521, bebiendo vino de una botella de PET y la hubiese tirado al suelo, es probable que restos de dicha botella, aun estuviesen vigentes en el subsuelo de la Ciudad de México.
México cuenta oficialmente con poco más de 200 años de vida como nación. Si una botella de PET, hubiese sido tirada a la basura en los festejos de la consumación de la independencia en ese ya lejano 1821, podría encontrarse a medio degradar y guardarse en un museo por los próximos 300 años ¡una sola botella!
El daño causado a los océanos por los plásticos y microplásticos (plástico degradado), es un acto en que todo ser humano es responsable. El daño es irreversible, en el sentido que sus efectos se sienten y sentirán por miles de años ya. Este material, lleva poco más de 100 años de inventado (la baquelita fue el primer polímero plástico termoestable) pero con 7 mil millones de individuos utilizando desde pañales hasta botellas y vasos para líquidos y bolsas de “super” se generan millones de toneladas por día, con consecuencias que son y serán graves y en muchos sentidos, insospechadas.


