#ImpunidadDorada
Veinte años no es nada.
Aunque tal vez 37 o uno sean algo…
Se cumple un año de la tragedia de la Línea 12 del Metro (que ahora ubicamos como de la #ImpunidadDorada) y en septiembre se cumplirán 37 del terrorífico terremoto de 1985, eventos ambos que afectaron la vida de los capitalinos.
Recuerdos ambos tan amargos que empañan con sabor a bilis el paladar del ciudadano tanto por lo que significaron como por lo que detonaron en la opinión pública. Pero… ¿Qué tendrían que ver ambos? ¿Por gracia o en virtud de qué habrían de empatarse en un artículo? ¿Tendrán algún elemento que los vincule además del desastre y muerte que implicaron?
Si, tienen mucho más en común que el último argumento citado, porque en ambos la causa más relevante fue el desaseado actuar de gobernantes y contratistas.
Recuerdo ambos y de manera más directa el primero, aquel fatídico 19 de septiembre de 1985. Sin entrar en los pormenores públicamente conocidos, baste decir que del macrosismo catastrófico resultaron muchas lecturas:
- La enorme cantidad de personas fallecidas, heridas o desaparecidas.
- El parecido a zona de guerra en que quedó una parte importante del entonces Distrito Federal.
- La refulgente solidaridad de la población que unió sus esfuerzos en pro de buscar sobrevivientes.
- Los personajes hasta entonces anónimos como el Topo o varios sorprendentes perros, que significaron la vida para muchos afectados.
- El actuar repugnante antes y después de gobernantes y empresarios.

Y es justo en este punto con el que ambos eventos, el macrosismo y la caída de la Línea 12 empatan como una especie de efecto espejo -o tal vez deja vu- que descubre, a pesar del paso de tantos años entre uno y otro, la brutal inconsciencia y evidente actitud inhumana tanto de esos perversos, monstruos tal vez, que ocupaban y ocupan el poder como de sus compinches en el sector privado. Alguien dijo esta frase lapidaria, al respecto:
“El terremoto de 1985 descubrió, más que la fragilidad de edificios y estructuras y errores de cimentación, el carcomido rostro de la corrupción”
¿Qué diferencia habría, en ese sentido, respecto de la caída de vagones del Tren Metropolitano en Tláhuac? Porque en ambos sucesos:
- Hubo evidencias palpables de obra pública mal construida.
- Con materiales inadecuados y/o deficientes.
- En estructuras con serias deficiencias técnicas.
- Cuyos planos y diseño arquitectónico y estructural fueron autorizados al vapor o de manera negligente.
- Con diversos entes públicos y empresas privadas en claro contubernio.
- Cuyos costos eran excesivos y no correspondían a lo efectivamente erogado.
- Obras que, de haberse realizado como se debía.
- Y de haber recibido el mantenimiento conveniente.
- No hubieran acarreado tanta muerte y desolación.
- Ni explicaciones estúpidas de altos funcionarios a cargo, posteriores a cada evento.
- Exculpando a sus respectivos gobiernos en términos generales.
- Y acusando a alguien de menor rango del infortunio (chivos expiatorios o bestias útiles).
Con toda proporción guardada y entendido que no es lo mismo un terremoto que una vibración de rieles, el vaso comunicante es, al fin y al cabo, la corrupción y la cobardía.
Veinte años no es nada dice Gardel en su famoso tango y, según parece, tampoco 36 significaron algo valioso para los hombres y mujeres de la actual clase gobernante quienes, si bien en aquel entonces ya tenían la edad para discernir sobre tal tragedia, al tomar la estafeta como dirigentes siguieron exactamente los mismos pasos que los funcionarios delamadridistas y sus antecesores de la época en que se edificaron la mayor cantidad de edificios derruidos.
Ello se puede ubicar conforme a los siguientes puntos de relevancia:
- REPULSA CIUDADANA: Recuerdo la rechifla con que fue recibido Miguel De la Madrid al bajarse de un helicóptero días después de la tragedia en una de las zonas más afectadas. La rechifla tan estruendosa que se vio obligado a abandonar el lugar escasos minutos después de haber llegado. Y tardó 36 horas en dar un discurso oficial sobre el tema.
Tal vez eso sí recordaron Ebrard, Delgado y Sheinbaum y, por varios días, prefirieron guarecer su cobardía y nulo deseo de rendir cuentas tras el terso ambiente de una mañanera y amparados por su protector (e igualmente precavido o zacatón) López Obrador. Algo similar habrá razonado Mancera. Anlo, por cierto, tardó 3 días en dar mensaje alusivo.
2. ACTITUD DEL GOBERNANTE: Como si menoscabando el asunto ayudara a quitarle impacto, De la Madrid ordenó al ejército que no interviniera en labores de rescate y rechazó ayuda internacional afirmando que los mexicanos podíamos hacer frente a la tragedia. Luego reculó de ambas indicaciones. No se siguieron indagatorias legales para deslindar responsabilidades, ni siquiera hacia el INFONAVIT, responsable de muchas de las edificaciones siniestradas. El gran detalle final: menos de un año después, México fue sede del Mundial de futbol.
Y la nueva mafia del no poder, de manera análoga a la mafia priista del 85, hizo todo un esfuerzo denodado por darle una solución cosmética al problemón “Línea 12” repartiendo culpas sobre el diseño o vagones inadecuados, los sobrecostos y hasta unos infelices pernos y apoyándose en la siempre confiable disposición de empresarios como Slim, dispuestos a aligerar las culpas mutuas a cambio de una compensación de errores disfrazada de magnanimidad.

3. ATENCION A VICTIMAS: ¿Y qué hubo de los muertos y sus deudos? ¿Y ayuda a damnificados? En el 85 casi no hubo apoyo para los primeros, pero si para los segundos, aunque bastante tardío (En 1995 seguía habiendo personas habitando albergues de emergencia construidos 10 años antes).
En cuanto a los 26 fallecidos por el accidente de la Línea, el gobierno de la CDMX dio $50,000 a cada uno y se rumora que la empresa constructora de Slim pago cantidades 10 veces mayores, como pagos reparatorios del daño
4. PÉRDIDA DE CONFIANZA: Pocos dudan que el principio del fin del PRI Gobierno se gestó por el terremoto y la escandalosa impunidad con que se trató a funcionarios y particulares involucrados. Tras abrir los ojos, la ciudadanía casi provoca la salida del priismo en 1988 (impedida por los “buenos” oficios de Manuel Bartlett para tirar sistemas), pero este trastabilló hasta que Ernesto Zedillo (no priista, por cierto) entregó el poder al panista Fox.
Y lo mismo podría suceder con el gobierno de Morena, como ha sido visible desde las elecciones intermedias de junio del 2021 (perdió la mitad de las alcaldías de la CDMX) y la fallida votación pro-ratificación-revocación de este año, por lo que la capital del país podría ser gobernada en el 2024 por partido diverso a la izquierda, tras 27 años.
Entonces, conforme a la canción de Gardel, la Cuarta Transformación volvería a su irrelevancia “…con la frente marchita, con nieves del tiempo plateando su sien…” y sintiendo “…que es un soplo la vida y que veinte años (o tres o 39) no fueron nada…”
Sólo quedará la gran pregunta para el nuevo gobierno…
¿Seguirá la #ImpunidadDorada?