Usted disculpe
Usted disculpe…
Si pongo palabras desmedidas
A su grandilocuente y fatal mirada,
Aquella que no ve al piso,
Porque usted guarda
Un silencio rebosante de soberbia;
Por su andar de marea nocturna,
De agitar desmedido que incita mis anhelos
Y la convierten en poema,
De espejismo en mi sosiego…
Usted disculpe…
Si al pensarla se me acaba el decoro,
Aboliendo de un palmo el pudor y la decencia
Que había aprendido al conocerla;
Aquella que no combina con su letal sonrisa
Y que me pone en jaque antes de una partida
Dejando lejos el cielo de mis manos,
Brindando tan cerca de la melancolía…

Usted disculpe…
Pero a mi almohada ya no le caben noches
Cuando dibujo las líneas de sus caderas.
Suavemente la acaricio en mis sueños
Y no me aparto de su sensual figura;
Abrazo su radiante perfección de Eva,
Hambriento de morder el fruto;
Ávido de saciar su sed,
Anhelante de llevarla a cada rincón del paraíso…
Pero más, usted disculpe…
Porque si la veo en el reflejo del cristal
Así, sin que nadie lo note,
O si a trasluz la desnudan mis ojos;
¡perdóneme! Porque con todo y sin nada,
Con la lasciva demencia de un desquiciado
Y con la sorda estridencia del deseo,
Con usted, y solo con usted anhelo condenarme,
Allá en el infierno de la tentación,
En el deliciosa falsedad de la abstinencia…
Escrito por: DR. EDGAR HERNÁNDEZ ZAVALA
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