Te avise tres veces
Un gran crucero con cientos de personas a bordo surcaba los mares del Caribe, cuando de pronto se encontraron inmersos en un gran huracán. Era de tan fuerte que el crucero solo podía ir a la deriva. De pronto, el barco comenzó a golpear muy fuerte contra unas rocas y su estructura se tambaleó.
Un gran crucero con cientos de personas a bordo surcaba los mares del Caribe, cuando de pronto se encontraron inmersos en un gran huracán. Era de tan fuerte que el crucero solo podía ir a la deriva. De pronto, el barco comenzó a golpear muy fuerte contra unas rocas y su estructura se tambaleó.
El pánico se apoderó de todos y comenzaron a evacuar a los pasajeros en medio del caos y el pánico.
Unos se tiraron al agua, otros bajaron a los botes salvavidas y algunos gritaban desesperadamente sin saber qué hacer. En medio de estas personas, se encontraba Vicente, un hombre muy fiel a Dios con una Fe inquebrantable; no tenía el más mínimo temor de la situación que estaba atravesando. Él estaba ahí, ayudando a todos y suplicando a Dios que le enviara ayuda para salvarse junto a los demás. En un momento se dio cuenta que los botes y salvavidas no eran suficientes para salvar a todas las personas.
Así que, con toda su Fe puesta en Dios, se lanzó al agua y comenzó a nadar hacia las luces que marcaban la costa.
Cuando ya se había alejado del barco unos cientos de metros, se acercó una pequeña embarcación, con la intención de salvarlo, pero su respuesta fue rotunda: “No, vayan a salvar a otros, mi Fe y yo llegaremos sanos y salvos. Continuó nadando muy firme, hasta que se le acercó un velero desde el cual le gritaron: agárrese de la soga y suba, pero nuevamente su respuesta fue negativa: No, no, vayan a rescatar a los demás, yo estoy bien, mi Fe me ayudará a llegar sano y salvo.
Desoyendo esta nueva advertencia, Vicente continuó hacia su objetivo. Pasaron unos minutos y escuchó en el aire un ruido de motores, era un helicóptero que se acercaba y que le lanzó un salvavidas. Nuevamente lo rechazó diciendo, mi Fe me salvará. Cuando ya no había nadie más a su alrededor, la noche lo envolvía en la soledad y las olas feroces del mar lo hacían sentir cada vez más agotado, cuando ya no pudo luchar más, se entregó a la furia del mar y murió ahogado.
Esta reflexión hace una trágica analogía a la manera en que el gobierno mexicano está haciendo frente a la pandemia de coronavirus (Covid-19) que sería el huracán. Vicente es el pueblo Mexicano, la experiencia en China con cuarentena cuasi militar fue el primer aviso (la embarcación), el mal manejo en Irán de la crisis sanitaria, segundo aviso (el velero), y por último y más reciente Italia, tercer aviso (helicóptero).
El deseo insaciable de popularidad del presidente de MÉXICO, presentándose en eventos masivos y no cancelando dichos eventos, donde convive gente extranjera y de varios estados del país, hace que ignore las recomendaciones de la OMS Y LA ONU respecto a las medidas preventivas contra la pandemia del coronavirus. Desdeñando los tres avisos condena al pueblo mexicano a una hecatombe de cifras incalculables, y sigue confrontando peligrosamente la ciencia contra la fe. Esta reflexión de fe tiene un final trágico porque Vicente (el pueblo mexicano) no supo interpretar los tres avisos para ser salvados, al final no se podrá culpar a la fe de las muertes, se culpará a quien no atendió esos tres avisos.