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RCP a México

Hace muchos muchos años, cuando era joven y estudiaba la Preparatoria, en la clase de Seguridad Industrial nos enseñaron a hacer RCP (Resucitación Cardio-Pulmonar). Fue una clase interesante llena de chistes malos acerca de

Hace muchos muchos años, cuando era joven y estudiaba la Preparatoria, en la clase de Seguridad Industrial nos enseñaron a hacer RCP (Resucitación Cardio-Pulmonar). Fue una clase interesante llena de chistes malos acerca de

si el maniquí nos iba a besar de lengüita o de si después de dar respiración boca a boca el paciente nos debería de invitar una cerveza. Para quién puso atención la clase fue buena e interesante.

Dos semanas más tarde me encontraba en el mercado municipal acompañando a un amigo a comprar un regalo para su novia. Salimos del local y vimos que una señora estaba tirada en el piso y alrededor de ella estaba una multitud, sin hacer nada. Recordé la clase que había recibido hace poco y me dispuse a ayudar.

Me recliné a ver a la señora, tendría unos 60 años, estaba respirando de manera entrecortada, le busqué el pulso radial (en la muñeca) y lo tenía extremadamente débil, procedí a buscarle el pulso en la carótida y sentí claramente un latido...luego otro.......otro....... y luego nada.

De inmediato pedí a una persona que le hablara a la Cruz Roja y también pedí ayuda a mi amigo: yo administraría el masaje al corazón, compresiones cada 2 segundos dos dedos arriba del esternón, ligeramente a la izquierda mientras que mi cuate tenía la tarea de insuflar aire cada 4 o 5 compresiones. Aproximadamente a los 20 ciclos paramos y sentí pulso de nuevo, llegaron los socorristas de la Cruz Roja y se llevaron a Doña María (más tarde me enteré del nombre cuando volvimos por la tarde a las tienditas).

¿Y por qué hablo hoy de esto? Porque hay días que veo a México medio enfermo, con peligro de caer al suelo y mi mente regresa a ese día, a ese pasillo, a ese mercado.

Veo todos los síntomas de que nuestro país está pasando por un ataque al corazón de la democracia, veo en cada decisión de palacio como el pulso de nuestra joven República se hace cada vez más débil. Día a día, mañanera a mañanera.

Veo también que hay un montón de mirones conformistas que solo ven un espectáculo macabro y no hacen nada, no se quejan, no alzan la voz y Dios guarde la hora de que hagan algo para mejorar la condición actual de las cosas, piensan para sus adentros ¡Qué bueno que no me tocó a mi! Hay también quien, en vez de ayudar, estorba, pone en duda el compromiso que tenemos quienes hacemos algo y francamente estorba.

Sin embargo, también veo gente que está interesada en que nuestro país mejore, que están de mi lado y están comprometidos a ayudar, que se asoman a ver al paciente y levantan la voz para que mejore.

Y es que salvar a un paciente tan grande y enfermo como México no va a suceder porque alguien hable mucho haga muchas conferencias de prensa en las mañanas. Una verdadera transformación no la va a traer un mesías que nos diga que “las cosas ya cambiaron”, o que “ya no somos como antes” aunque eso caliente o no.

Hubiera sido muy fácil ignorar la desgracia y dejar que la señora muriera, hubiera continuado con mi día, acabado nuestras compras, así como sería fácil que tú y yo ignorásemos lo que ocurren en México “porque no nos afecta”. Pero no siempre lo fácil es lo correcto.

La tarea de rescate es titánica y requiere del trabajo de TODOS.

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