(O, que tanta culpa te pueden hacer sentir)
Las Palabras Sagradas
Contra lo que pudiera parecer, no me refiero a palabras consagradas por religión alguna, son palabras qué, de no ser por el devenir político del país, serían de todos los días. Palabras a las que la historia, principalmente en México, y por situaciones que vivimos durante mucho tiempo, se les ha dado una carga de civilidad.
No son mágicas como Abracadabra, o, como decía Harry Potter, Desmaius, son más bien apelando al civismo de quien las oye.
La primera que viene a mi mente es Abstencionismo, un cuasi-insulto a la voluntad ciudadana, nos hace sentir incómodos y hasta cierto punto, sucios. Después de esa vienen, aunque no en orden de importancia, Voto, un vocablo que nos da una sensación de omnipotencia, aunque nuestro voto nunca haya servido para que gane el candidato que apoyamos (a veces sin saber por qué).
Una tercera alocución podría ser Mayoría, un concepto al que la democracia ha modelado como se le ha dado la gana, es una voz que justifica los más grandes absurdos en nombre de una voluntad popular que prevalece contra los derechos de las minorías, o simplemente contra la lógica.
La cuarta que se me ocurre es; Casilla, un lugar sagrado donde el pueblo, los ciudadanos, que van a elegir, van a hacer valer su voluntad, voluntad que no puede ser soslayada, sin embargo, todos sabemos que entre todas las palabras que son mágicas en cuestión de elecciones, también están; Boleta Planchada, Carrusel, Urnas embarazadas, acarreo, y cooptación.
A estas alturas, mis lectores, si alguno continúa leyendo, estarán preguntándose, ¿a dónde quiere llegar este atolondrado monje?
Resolvamos el misterio poniendo algunos casos concretos, supongamos que se presenta una elección para escoger jueces y magistrados, la primera palabra que nos asusta es Abstencionismo. De acuerdo, todos deberíamos de participar en los procesos para elegir gobernantes. Pero pongamos por caso, que la elección es para algo que el pueblo no quiera, entonces nos asestan el segundo "palabrazo"; Voto, alegando que nuestro voto nos da la opción de decidir quién queremos que gane.
Hasta ahí muy bonito, pero qué tal que no tenemos una preferencia y vemos que cualquier opción es como un trancazo en la panza, y decidimos que votar por algo que no me interesa, que no me representa una mejora, no es conveniente.
Y ahí nos recetan; Mayoría, una de las más poderosas, inmediatamente pensamos en que un montón de gente va a hacer lo que quiera si no votamos, lo que nos hace dudar de abstenernos de votar, para no ser arrollados por el alud de la Mayoría, y así podríamos seguir hablando de las palabras sagradas.
Lo que hay que tomar en cuenta es; para qué votamos, si la elección nos produce una mejora, si los procedimientos son adecuados y limpios, si el cómputo de los votos lo va a hacer gente que no esté mezclada con los que promovieron la elección.
Una vez que realizamos el ejercicio preguntón anterior, es muy probable que esos vocablos dejen de asustarnos o hacernos sentir mal, siendo qué en un proceso electoral viciado de origen, nuestra responsabilidad es actuar con inteligencia.
Sabemos que votemos o no votemos, las otras terribles palabras como Boleta planchada, carrusel, urna embarazada, acarreo, van a aparecer, y al contrario del maguito de la cicatriz, no tenemos un Avada Kedavra para evitar ser utilizados.
Cuando menos, podemos no ir a votar, y no hacerles el caldo gordo con nuestra presencia, y además gastar nuestro precioso tiempo en un ejercicio que sólo es un escenario para darle validez a las necesidades del gobierno en turno, que quiere apoderarse del Poder Judicial con esta artimaña.
Acerca de la destrucción de la Democracia, del exterminio de la República, y de dictaduras varias, platicaremos después, porque también están intentando asesinar las palabras que nos han dado un camino hacia lo que México fue hasta hace 6 años.