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#viernesdesexo

La Toalla.

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Una entrega más de las narraciones eróticas de escritosEros, te volarán la mente, las hormonas y el pulso en cada línea.
Eros

La jornada en el trabajo ha resultado extenuante y agotadora. Al llegar a casa solo pienso en verle, sin embargo, la llamo y le busco por todos los rincones, pero la contestación que obtengo nula.
Solo queda por revisar el baño del cuarto principal al cual con apremio me acerco. Abro la puerta, y por fin ahí, a ella le encuentro. No me ha escuchado por estar en sus cuidados personales concentrada, pero ahora al verme sonríe, y con un efusivo "hola" me recibe.

No emito palabra alguna, ya que atónito me encuentro admirando su figura.

Su desnudez cubierta de manera endeble por un toalla llama poderosamente mi atención, pero es en la pierna que ha apoyado sobre un banco donde enfoco mi concentración.
Ella ha tomado un poco de crema humectante para aplicarla despacio, primero en su empeine, después en su tobillo, continuando su lento y ascendente camino hasta su pantorrilla.

toalla

Es ahí donde mi primitivo instinto ha decido que como simple espectador no puedo continuar.

Me acerco a ella por su espalda y con mis brazos rodeo su cintura. Mi actuar no la sorprende pues, por el contrario, me conoce bien y era lo que estaba esperando. Una de mis manos toma para guiarme con el humectar de su pierna, llevándola hasta su muslo recorrer. Realiza con mi mano ahí algunos movimientos para no dejar espacio alguno sin aplicar, mientras su rostro hacia atrás voltea buscando el mío encontrar.

Con su otra mano por la nuca me sujeta, y mi cabeza hacia ella acerca hasta mis labios con los suyos atrapar.

El delirante recorrido de mi mano prosigue su camino hasta su entrepierna alcanzar, logrando burlar la frontera que su toalla delimita. La agitación en su respiración se incrementa ahora que me siente cerca.

Es en dicho punto de mutua excitación que por los hombros decido tomarla y hacia mí de manera decidida girarla. Al encontrarme de frente a ella el fuego en nuestras miradas colisiona, y sin emitir palabra alguna decretamos que su toalla se tiene que ir, para el acto de amarnos poder proseguir.
Con suma determinación, y sin dejar nunca de verla directo a los ojos, con mi mano deshago el frágil pliegue que a la altura de sus pechos la toalla sostiene, revelando así y ante mí su fascinante desnudez, una vez que en el suelo ambos vemos su toalla caer.

 

@EscritosEros

 

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