La nueva realidad
El 13 de mayo se anunció el regreso a la ‘nueva normalidad’, como decidieron llamarle en Palacio Nacional. Esto es un plan escalonado para comenzar a reanudar las actividades poco a poco y salir del confinamiento. Sin embargo, esa nueva ‘normalidad’ olvida mencionar una nueva realidad a la que nos enfrentaremos como país.
El 13 de mayo se anunció el regreso a la ‘nueva normalidad’, como decidieron llamarle en Palacio Nacional. Esto es un plan escalonado para comenzar a reanudar las actividades poco a poco y salir del confinamiento. Sin embargo, esa nueva ‘normalidad’ olvida mencionar una nueva realidad a la que nos enfrentaremos como país.
Una nueva realidad que ahora incluye a 753,280 personas que ya no recibirá algún ingreso y, por lo tanto, no podrán hacer frente a sus obligaciones y necesidades diarias como renta, ropa, calzado, educación, alimentación, etc. Esa es la cifra que reportó el IMSS de empleos formales que se han perdido durante los meses de marzo y abril y, desafortunadamente, nos falta contabilizar una cantidad similar de personas que laboraban en el sector informal que, de igual manera, se ha visto duramente afectado por el confinamiento.
La nueva realidad también traerá consigo más pobreza. De acuerdo con el CONEVAL, entre 6.1 y 10.7 millones de personas caerán en esta condición para finales de 2020 y que se sumarán a los 52.4 millones de personas ya existentes que no tienen un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades básicas. Dentro de este grupo de personas existe un subconjunto que se encuentra en un estado más alarmante: los pobres extremos. La CEPAL estima que en México la pobreza extrema crecerá de 11.1 a 15.9% de la población. Un poco más de 20 millones de personas que, aunque dedicasen todos sus ingresos disponibles, no podrán comprar alimentos suficientes que les garanticen los nutrientes mínimos.
El Gobierno Federal también omitió mencionar que ellos han hecho poco, o nada, para evitar esta situación. Han apostado por lo recortes al gasto público y una mal entendida austeridad como acto de fe. Mientras todos los países han implementado estímulos fiscales apostando a aumentos considerables en el gasto público e innovando en programas que permitan a la población más vulnerable tener un ingreso universal, en México obtuvimos una respuesta anacrónica e insuficiente que va completamente en sentido contrario a lo que está haciendo el mundo entero.
Un poco de historia no le haría mal al Gobierno para entender la magnitud de su error. Durante La Gran Depresión, la ortodoxia económica prevaleció aconsejando la austeridad del gobierno y los presupuestos balanceados, lo que profundizó la crisis económica: a Estados Unidos le tomó 12 años recuperar los niveles de ingreso que tenía previo al jueves negro de 1929. En su defensa, debemos mencionar que hace casi 100 años de distancia no se tenían las herramientas teóricas y técnicas con las que hoy contamos y, aun así, hay quienes todavía se niegan a ver esta realidad y sus consecuencias.
Al igual que en la Gran Depresión, tardaremos años en recuperar los niveles de ingreso y empleo que teníamos antes del Covid-19, consecuencia de la inacción y omisión del Gobierno al no haber actuado cuando tuvo la oportunidad.
El pasado debería enseñarnos a no cometer los mismos errores, los resultados serán los mismos si no actuamos de manera diferente. Y también la historia nos ha enseñado que las crisis económicas vienen acompañadas de un aumento en los niveles de inseguridad, consecuencia del desempleo y la falta de ingresos.
Esa es la nueva realidad más compleja y adversa a la que nos enfrentaremos todos en poco tiempo. La nueva ‘normalidad’ incluye este escenario hostil el cual, desafortunadamente, todos padeceremos.
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