Hoy ya no me sorprendo.
Cada vez me asombra más que ya nada me sorprende.
El nivel de incompetencia del gobierno ya no es nuevo pero todos los días nos llegan fragmentos que lo llevan a un nivel más grande de dolor para la gente.
No es solo Ingrid, Fátima, el Rebsamen.
No son las pintas, las burlas o que decidan solapar su ineptitud con “apoyos” a sus compañeros.
Quien necesita apoyo son las víctimas que surgen de su incapacidad, las palabras de apoyo deben ser para las víctimas y sus familiares.
Si no pudieron defenderlas en su momento, entonces exigimos justicia para honrar su legado.
Dejen sus contubernios y palabras de aliento como felicitaciones para un trabajo bien hecho…
Cuando logren tenerlo.
No es solo ver que la gente muere, que las mujeres están cada vez más inseguras o que los criminales tienen todos los derechos de los que los ciudadanos carecemos.
Es la impotencia que deriva de no sorprenderse con ello.
Hoy más que nunca debemos tener un frente unido para defendernos, para solicitar, para exigir.

El trato que le ha dado el gobierno de la CDMX y todo el aparato federal a las víctimas así como su postura ante este fenómenos no es solo insuficiente, nefasto o inadecuado.
Es criminal.
Todos aquellos que votaron por un cambio no pueden seguir con una postura de aplauso fácil.
No podemos aceptar demagogia en que se acusa a un modelo económico por los feminicidios, tampoco es aceptable usarlo como bandera para sus insulza “Constitución moral”.

Queremos acciones, no palabras.
Es necesario que a los criminales se les trate como tales y que a la gente se le regrese la confianza, no solo en el gobierno, sino en nosotros mismos.
Debemos pedir resultados y trabajo.
De nada sirve que el ejecutivo viaje en vuelos comerciales, que doblegue a empresarios o que acuse a todo el mundo si no hay acciones directas que impacten en la seguridad de todos.
Hoy son las mujeres las más vulnerables o tal vez son las que deciden levantar la voz ante estas atrocidades, pero los resultados de miles de muertos está solo en ascenso.
Señor Presidente, no necesitamos una nueva constitución, solo que se aplique la actual.
No necesitamos rifas, necesitamos planes y acciones.
Las condiciones de seguridad que usted eliminó para su revanchismo.
Las estancias infantiles que nos permitían salir a trabajar con la seguridad de que nuestros hijos estarán bien atendidos.
AL haber menos trabajo las brechas entre salarios se disparan una vez más.
Se crean las condiciones para discriminar y decidir no aceptar a una mujer “por si se embaraza”.
Los refugios para mujeres violentadas que creaban una alternativa, un lugar seguro a dónde ir; una posibilidad para aquellas que no a veces no ven otro camino.
Los exámenes de cáncer de seno y cérvico uterino.
La confianza en los demás.
Los feminicidios no son algo nuevo, pero unos 30 millones votaron por un cambio, esos son los primeros que deberían exigirlo y no solaparlo.
No sigamos esperando, porque el actual gobierno no va a cumplir.
No podemos dejar que siga repartiendo culpas sin aceptar la responsabilidad que buscó por más de una década.
No más engaños, sólo acciones.
Hoy la violencia ya no me es ajena.
La muerte, los secuestros, la crueldad, el cinismo, el manejo de la verdad.
Hoy ya no me sorprendo de nada.
Y eso es lo que más me duele.