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Hablemos de muertos y dinero.

Hablemos de dinero

La Ley federal del trabajo en su artículo 502 estipula que en caso de muerte de un trabajador, la indemnización correspondiente equivale a cinco mil días de salario mínimo. Es decir, que la vida vale, según la ley mexicana, 616 mil pesos.

@juanfe_8

La Ley federal del trabajo en su artículo 502 estipula que en caso de muerte de un trabajador, la indemnización correspondiente equivale a cinco mil días de salario mínimo. Es decir, que la vida vale, según la ley mexicana, 616 mil pesos.

Siguiendo esta lógica, y después de haber superado la dolorosa cifra de los 60 mil decesos por el coronavirus, el país ha perdido más de 35 mil millones de pesos. Por otro lado, en lo que va del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador fueron asesinadas más 50 mil personas. Si cuantificamos también esto, son otros 30 mil millones de pesos a la bolsa. Sumando estas cifras tendríamos 65 mil millones de pesos en pérdidas. Esto al cambio son casi 3 mil millones de dólares americanos. ¡3 MIL MILLONES DE DOLARES! Eso es más que toda la fortuna de Donald Trump.

Ustedes dirán: ¿Por qué hacer esta odiosa comparación? ¿Por qué hablar de cantidades monetarias? Al parecer es la única manera de lograr un espacio en las primeras planas en estos momentos. Todos hablan de Lozoya, acusan a Peña Nieto, señalan a Anaya y comentan sobre Pío, el hermano del presidente Obrador. El idioma del dinero es el que todos hablan, es el que atrae reflectores y, lastimosamente, es el que todos entienden. Por esta razón hablo así sobre los muertos del coronavirus y la inseguridad en México: en números… hablo en el idioma del dinero.

Es de conocimiento público que, al exdirectivo de Pemex, Emilio Lozoya, se le acusó de recibir un soborno de 10 millones de dólares de la constructora brasileña Odebrecht a cambio de contratos de obra pública. En medio del proceso el exdirectivo presentó una denuncia formal en contra de Peña Nieto y su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, por presuntamente también recibir sobornos de Odebrecht. El gobierno, mientras tanto, lo custodia como testigo protegido.

Lozoya manifiesta que el expresidente y el exsecretario le ordenaron repartir un poco más de 4 millones de dólares que habían obtenido de la misma empresa brasileña en el contexto de las elecciones presidenciales de 2012. Asimismo, en esta novela de acusaciones, Lozoya asegura que le ordenaron dirigir sobornos por 5 millones de dólares a varios legisladores. Es ahí cuando entra en escena Ricardo Anaya. Todo esto con el fin  de comprar votos en el Congreso y lograr firmar el “Pacto por México”.

El otro bando no se quedó callado y respondió.

El que a video mata a video muere.

Si el gobierno usó a su favor los videos presentados por Lozoya como evidencia de sus acusaciones, los atacados respondieron con la misma artillería. No tardaron ni 48 horas en entregar dos videos en los cuales el hermano del actual presidente recibía sobres de dinero para la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador. El presidente respondió afirmando literalmente que eran “aportaciones del pueblo”, disfrazando así de revolución al robo. Sencillo: para el actual gobierno las pacas de dinero de la oposición son corrupción y, en cambio, sus “pequeños” sobres provienen honestamente de este imaginario colectivo que ellos denominan «pueblo».  Al hablar acerca del tema, durante una transmisión nacional, el presidente, prácticamente confesó un delito electoral tipificado, pero nada de esto importa, ya que Andrés Manuel logró su principal objetivo: vender boletos en primera fila para el circo mediático que el mismo está organizando.

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador está metido en un gran bache con el tema de la pandemia. Ya se llegó al escenario “catastrófico” de los 60 mil muertos que había dicho el Dr. Hugo López-Gatell. Son inmensurables los errores cometidos por las autoridades en la gestión de la crisis de salud. En temas de seguridad las cosas no están mejor. En promedio son casi 100 personas asesinadas todos los días en México. Es de los primeros años de gobierno más violentos en lo que va del siglo. La tasa de asesinatos duplica, por ejemplo, a la registrada en el mismo periodo de Felipe Calderón y es 55% más alta que con el expresidente Enrique Peña Nieto. La seguridad y la salud son dos temas en los que el gobierno actual está dejando mucho que desear.

Cada vez es más notorio la dificultad que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador y su partido para gobernar. Es por esta razón que el mandatario mexicano prefiere llevar las cosas a un terreno que conoce a la perfección, al terreno donde estuvo por casi 18 años, la campaña.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha sido un gobierno de campaña permanente: continuamente hablando del pasado neoliberal, constantemente mencionando la corrupción de los otros, la rifa del avión, etc. Si bien me parece fundamental perseguir, señalar y satanizar los actos de corrupción en las altas esferas del gobierno, es importante que nos demos cuenta cuando estamos siendo víctimas de manipulación y control.  El gobierno de AMLO se ha caracterizado por los símbolos y por un perfecto manejo de la agenda pública y esta vez no es la excepción. Con unas elecciones vitales para el proyecto político del presidente, a la vuelta de la esquina, el mandatario logra otra vez captar el interés mediático y desviar la atención de los dos temas de gobierno en los que ha fallado: seguridad y salud.

Es importante señalar que si bien el presidente abrió una caja de pandora con los videos escándalo, se siente más cómodo manejando esta situación que enfrentando las crisis de la inseguridad y la pandemia. Además, para fortuna del Sr. Obrador, ya todos están jugando su juego, incluso la oposición. Mientras tanto ¿quién responderá por las más de 100 mil vidas perdidas? O hablando en el idioma del dinero ¿quién responderá por los 3 mil millones de dólares? A ver si así nos impacta más.

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