EL DISCURSO DEL REY.
El 3 de septiembre de 1939, el Rey Jorge VI de Reino Unido se dirigió a su pueblo por medio de un discurso con el cuál motivó a la nación ante los días oscuros que se avecinaban.
Pocas veces han sido tan importante para una nación el discurso de su líder.
El próximo domingo 5 de abril, en México, estaremos expectantes del discurso que dará el presidente Andrés Manuel López Obrador, el cuál resultará clave no solo para trazar una estrategia para la recuperación de la economía nacional, sino sobre todo para inyectar una carga de optimismo que es muy necesario en el mercado nacional. En pocas palabras, es nuestro discurso del rey.
Sin embargo, hay varios principios que son básicos, que todo mundo entiende y que serán claves que el gobierno también los entienda y aplique para que el discurso tenga el impacto que todos deseamos que tenga.
1.- El gobierno nunca tendrá más capital que la iniciativa privada
El dinero que tenga el gobierno siempre será a través de los impuestos y, por tanto, será una parte del total que tienen los privados. Ya sea el IVA, el ISR, el IEPS o cualquier otra modalidad de impuesto, siempre será un porcentaje del total que tiene el privado.
Pero si el privado quiebra, entonces el gobierno deja de recibir el porcentaje de dicho privado. Todos los días quiebran empresas, cierran negocios, se despiden empleados… pero cuando eso sucede con cientos de empresas, de negocios y miles empleados simultáneamente, entonces el gobierno deja de ingresar millones de pesos que antes cobraba en impuestos y ahora no puede. Es por ello que las grandes naciones prefieren condonar impuestos por un periodo, es decir, prefieren perder ingresos temporalmente, que de forma definitiva. Los muertos no pagan y una empresa en quiebra está muerta para el SAT.
2.- Nadie está obligado a lo imposible.
El gobierno pide a todos los empresarios que mantengan el pago integro de sus empleados, sin embargo, sin ingresos, nadie está obligado a lo imposible. Si no tengo un peso de ingresos, ¿cómo le hago para pagarte? Y esto es una cadena. Sin cobrar un salario, el trabajador no podrá no solo sostener a su familia, si no que dejará de comprar en el mercado, en la tienda de abarrotes. Y sin esas compras, a los millones de personas que dependen de ellas, de nada sirve las becas del gobierno, si el principal ingreso desaparece. A eso se le llama flujo de efectivo y es clave para que la economía funcione.
3.- Inyección de optimismo.
Pero, sobre todo, este discurso debe ser una carga de inyección de optimismo en el mercado. En esta ocasión no basta que las medidas tomadas sean bien vistas por los empresarios, inversionistas, sindicatos y trabajadores en general. Es necesario que la forma acompañe al fondo, que se vea un presidente seguro, coherente, firme, dispuesto a sacrificar sus “joyas de la corona” por el bien del pueblo, sabedor que el pueblo lo necesita y va a contribuir con lo que le corresponde.
Ahora bien, la pregunta obligada es ¿qué pasa si el discurso del domingo no es el correcto? Según las previsiones de Bank of America, si el gobierno no toma las decisiones correctas ya, podemos estar hablando de una crisis económica equivalente a la suma de las crisis de 1982, 1994 y 2009.
Es por ello que el discurso del próximo domingo es tan vital para la economía del país no solo del 2020, sino posiblemente marque el rumbo de la década. Y sin duda será o el trampolín de salvación para una presidencia exitosa o el último clavo en el ataúd de un gobierno que comienza a oler a muerto, y por eso los zopilotes ya lo están merodeando.
Por el bien de todos, esperemos que nuestro presidente entienda que la realidad es la que es y que no la podemos cambiar atacando a los conservadores, hay que cambiarla con acciones concretas, contundentes, muchas veces dolorosas, pues se tienen que sacrificar proyectos importantes. Se requiere de un presidente que entienda que México es más que un megaproyecto, es más que cualquiera o incluso la suma de todos sus presidentes. México es su gente, toda.

Es por ello que el discurso del próximo domingo es tan vital para la economía del país no solo del 2020, sino posiblemente marque el rumbo de la década. Y sin duda será o el trampolín de salvación para una presidencia exitosa o el último clavo en el ataúd de un gobierno que comienza a oler a muerto, y por eso los zopilotes ya lo están merodeando.
Por el bien de todos, esperemos que nuestro presidente entienda que la realidad es la que es y que no la podemos cambiar atacando a los conservadores, hay que cambiarla con acciones concretas, contundentes, muchas veces dolorosas, pues se tienen que sacrificar proyectos importantes. Se requiere de un presidente que entienda que México es más que un megaproyecto, es más que cualquiera o incluso la suma de todos sus presidentes. México es su gente, toda.
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