De omisiones y negligencias
Abordaré en primer lugar una muy lamentable acción por parte de un médico oftalmólogo, quien extirpó el ojo sano a un menor en el IMSS de Sonora.
Por mi experiencia hospitalaria y sin afán de defender, ni acusar a nadie, sino simplemente dando mi opinión médica, diré que en estos casos de negligencia no son descuido de sólo una persona sino de todo un equipo. Sin embargo, al momento de ajustar cuentas, para fines prácticos se culpará a una sola persona. ¿Qué quiero decir con esto de un equipo médico? Pues que un paciente llega a quirófano después del seguimiento dado por un médico general o familiar, una valoración por el cirujano, otra valoración por el anestesiólogo y notas médicas de evolución por parte de enfermería. Todo esto constituye un expediente clínico que contiene todo el historial del paciente y en lo que se basa un cirujano al momento de realizar una cirugía; y como sabemos, se han dado muchos casos de errores en notas médicas, estudios cambiados, etc.
Con esto no minimizo la responsabilidad del cirujano de revisar concienzudamente, tanto el expediente, como al paciente, pero también recordemos el exceso de trabajo en las instituciones médicas que les exigen a los médicos 45 consultas o 10 cirugías por turno. Evidentemente esto merma significativamente las habilidades de cualquier ser humano. Insisto: todo esto es sin afán de defender la lamentable acción del médico, y ojalá esto nos sirva a todos los médicos para continuar haciendo bien nuestra labor y con alta sensibilidad frente al paciente.
Otra reflexión es sobre las negligencias paternas, por ejemplo en los casos de padres que olvidan en los autos a sus hijos y han resultado en lamentables muertes de menores. A pesar de que ya mucho se ha mencionado en los medios sobre estos casos, se sigue haciendo caso omiso a las recomendaciones de los expertos.
El ritmo acelerado de la vida moderna nos vuelve autómatas: todo lo hacemos con un patrón y secuencia establecida sin razonar cada evento; por ejemplo, un día no abre la guardería pero pasamos el hecho por alto creyendo que ya dejamos al niño ahí, y seguimos con nuestra secuencia automática de ir al trabajo. ¿A quién no le ha pasado que conduce prácticamente en estado semi- inconsciente, y sólo regresas en sí cuando ya llegaste al estacionamiento de tu trabajo? En estos casos lamentables —también sin tratar de excusar a los padres, o minimizar culpas— la sociedad en su mayoría ha sido muy dura al juzgar y criticar las acciones de los padres, y muy pocos ejercieron acciones a favor de ayudar a los menores: es decir, que si vemos y no hacemos nada, eso también es omisión de nuestra parte. Sólo una o dos personas tomaron acciones, tratando de localizar al padre o quebrar el vidrio o llamar a servicios de emergencia.
Es fácil decir, “a mí esto no me pasaría, o yo no lo haría”, pero analicemos nuestro diario vivir: hemos sido omisos con muchas situaciones tan lamentables y dolorosas como las anteriores.
¿No lo crees? Haz memoria haz apoyado a políticos que dejaron limpios los hospitales, y no precisamente por el aseo, sino porque vaciaron las arcas con el dinero destinado a calidad en la atención médica; se lo llevaron y los conoces, sabes sus nombres.
Hemos sido cómplices de masacres por el narco al encumbrar series de violencia y drogadicción, así como la música y los artistas que lo promueven. Todo esto dejaría de existir, sí no hubiera quién lo consuma; al igual que las mentiras y el discurso de división, odio y resentimiento que ves emitido todas las mañanas desde Palacio Nacional, mientras sigamos necesitando un mesías que nos proteja y nos resuelva la vida por arte de magia, aquí seguiremos en el pantano de nuestra miseria.
Como mexicanos nos indignamos a morir, sin nos mientan la madre, o si nos marcan “un penal que no era”. Lloramos y nos deprimimos porque no somos los mejores del mundo en el futbol, pero no somos buenos para exigir o hacer respetar nuestros derechos. Ya va siendo momento de despertar conciencias, de no callar ante la injusticia, de hacer lo que a cada quien le toca. Momento de no tirar basura en la calle, de leer, de educar a nuestros hijos en valores y respeto, de tener más ganas que pretextos. Entonces y sólo entonces dejaremos de ser omisos y negligentes.