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#ViernesDeSexo

Con hambre de ti.

Con hambre de ti.
Este escrito te quitará el hambre de ser creativo con tu pareja, lee y enciende la llama de tu relación.
Eros

Esta noche le he expresado mi deseo de preparar algo en la cocina para ella, aunque la forma en la que habremos de degustar todo será una sorpresa. La tomo de la mano y la conduzco de forma delicada hasta el sofá, lugar donde la beso suavemente mientras de sus prendas la despojo, dejándola solo en ropa interior.
“Pensé que íbamos a cenar, no a comernos” – Lanza ella una réplica que en nada se asemeja a una queja. Le explico que esto es parte del plan, mientras saco de su escondite un pañuelo, y prosigo con el designio al vendarle los ojos. El acto agita de forma considerable su respirar, al tiempo que el nudo termino de atar por detrás.


Beso de forma pausada su cuello mientras me alejo, y susurro en su oído que en solo un momento a su lado vuelvo. La expectativa y la incertidumbre se mezclan en ella y elevan su excitación, pues me conoce bien, y aunque de momento no pueda ver, con facilidad vislumbra lo que a continuación habrá de acontecer.
Anuncio mi regreso con unas caricias que dejan huella en su cuerpo. Trazos de chocolate dibujo sobre sus pechos primero, los cuales prosiguen con rumbo hacia el sur, uno por ambos en incontables ocasiones ya recorrido.
Su abdomen convierto así en mi lienzo, aunque su marcada exaltación provoca que la línea comestible se desvíe, causando que pierda su rectitud y la mía. Noto que en este punto su labio inferior muerde con ansias de probar algo, así es que decido darle ese gusto al pasar una fresa por esas marcas de cacao recién expresadas, y ponerla una vez cubierta en su boca, la cual al sentir en un instante devora.
Me deja ver con ello lo famélica que se encuentra ya por probarme, pero la provocación apenas comienza, y no pienso desperdiciar esos caminos en su cuerpo recién esbozados. Comienzo por sus pechos a devorarlos con mordibesos, una combinación de beso y mordida que no deja en su cuerpo rastro alguno de las veredas marcadas.
Mis labios llegan peligrosamente hambrientos de ella hasta el límite que demarca abajo su ropa interior, frontera que cruzo sin permiso con mis besos, mientras mis manos se encargan de dicha prenda a un lado hacer.
“¡Ven que ya te quiero comer!” – Me dice de forma claramente audible, y sus manos a ciegas mis cabellos encuentran y oprimen con fuerza. Me llama así para que vaya de pronta manera ante ella, mientras con furia se quita la venda para descubrir su mirada incendiaria.
El deseo la ha poseído y le otorga una fuerza que con facilidad de un empujón me derrumba sobre el sillón. Con premura se monta en mí, y mientras dentro de sí me comienza a sentir exclama con furor: “¡¡te besaré, morderé y comeré!! ¡Pues esta noche no me quedaré de ninguna manera con hambre de ti!

 

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