Alejado de la realidad
Una de las cualidades de López Obrador, decían muchos, es que era un personaje que había recorrido todos los municipios del país, lo que lo hacía conocer del sentir y las verdaderas carencias de la población. Escudado en la bandera de “primero los pobres”, AMLO logró crear una retórica en la que
Una de las cualidades de López Obrador, decían muchos, es que era un personaje que había recorrido todos los municipios del país, lo que lo hacía conocer del sentir y las verdaderas carencias de la población. Escudado en la bandera de “primero los pobres”, AMLO logró crear una retórica en la que
millones creyeron y prensaron que la gente de menos recursos sería la prioridad.
Para ‘cumplir’ sus promesas, AMLO inició la construcción de su política social sustentada en los programas del bienestar. Una estrategia que ha sido un intento de construcción de una clientela política con fines electorales, más que un esfuerzo por cambiar las condiciones de vida de la población más vulnerable. Además, es falso que ahora se invierta más en los pobres, como repetidamente menciona el presidente: el monto dedicado a programas sociales es menor que en años previos y el número de beneficiarios también se ha reducido. Los pobres siguen estando en el centro del discurso político, no así en las acciones de quienes gobiernan.
Las acciones y los programas de gobierno fueron muy cuestionables durante el primer año de su administración y generaban muchas dudas.
Sin embargo, la crisis derivada del confinamiento dejó en claro que serían insuficientes y daban al presidente y a su gabinete la oportunidad de dar un golpe de timón para corregir errores previos y prepararse para lo que venía. No sucedió.
Dicen que las crisis sacan lo mejor y peor de nosotros. Al presidente le brindó la oportunidad de desplegar toda la fuerza del Estado para, precisamente, apoyar y proteger a la gente más vulnerable, algo que haría un gobierno de izquierda. Paradójicamente hizo todo lo contrario: replegó al gobierno con recortes draconianos y dejó a su suerte a la población. Ese fue el mensaje cuando decidió no tomar medidas extraordinarias para atender las consecuencias de la crisis.
El presidente subestimó, o probablemente nunca entendió, la dimensión de la crisis. Lejos de corregir sus posturas erróneas, AMLO se ha radicalizado negando una realidad que cada vez golpea más fuerte a millones de mexicanos. Sus omisiones lo alejan cada vez más de las personas por quienes decía luchar.
Ante los 12 millones de empleos perdidos al mes de abril, reportado por el INEGI, el presidente se consuela diciendo que “pensábamos que iban a ser más”. Frente a la inseguridad que no cesa, ni siquiera durante el confinamiento, justifica su falta de resultados alegando que es un problema heredado, a pesar de haber prometido resolverlo en 6 meses. También intenta negar que la inseguridad la padecemos todos, incluidos los pobres (y en muchos casos principalmente ellos), al decir que “secuestran al que tiene”.
Lo que un día se pensó como su mayor cualidad, la lucha por los pobres, hoy queda claro que no pasó del discurso. A esas personas que ya no tienen ingresos, a aquellos que ya no les alcanzará para una alimentación sana, a las victimas de la inseguridad, a los millones que caerán en la pobreza el presidente les manda un mensaje de consuelo: actuar con optimismo, dar la espalda al egoísmo, alejarse del consumismo, alimentarse bien y buscar la espiritualidad. Un mensaje ofensivo puesto que el destino sombrío que le depara a millones de mexicanos pudo haberse evitado de actuar a tiempo.
Hoy, el presidente prefiere cerrar los ojos para alejarse de la realidad.
La frivolidad y falta de empatía de Peña Nieto hacia la población y la indiferencia de Calderón ante los miles de muertos bajo su administración se encuentran presentes en quien ahora habita palacio nacional. No debemos equivocarnos, no existe un compromiso con la gente, solo con su agenda y sus deseos.
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