#Cinéfilo

Portero de noche.

“EL PORTERO DE NOCHE” Es una icónica película de 1974 que narra el rencuentro entre Maximilian Aldorfer (Dirk Bogarde), exoficial de la SS Nazi asignado a un campo de concentración con Lucía (Charlotte Rampling), exprisionera judía del mismo campo, a quien prácticamente convirtió en su esclava sexual hasta antes del fin de la Segunda Guerra.
| Opinión
Portero de noche.

UN BREVE PREAMBULO

Me considero algo más que un simple aficionado al cine. Digamos que lo sigo, lo disfruto y lo sufro. En resumen… ¡lo vivo! No lo considero cual realidad alterna o fantasiosa sino como reflejo veleidoso de la misma realidad expuesta al través de los ojos de actores, directores, productores y, más recientemente, de geniales operadores de software y de maestros de efectos especiales. Todos ellos van alineados conforme al objetivo supremo de la cinematografía: llevar a la pantalla un poderoso mensaje visual y auditivo que lo mismo ilustre, informe o forme o, simplemente, entretenga.

Y el éxito en tal encomienda radica en la capacidad de ellos para escudriñar y captar algo de esa realidad para transformarlo (en poca o mucha medida y previa digestión de sus elementos), en otro algo que ubique al espectador en personajes o contextos con los que pueda identificar el qué y el para qué de toda obra cinematográfica.

Hoy inicio un ejercicio inverso y tal vez perverso, consistente en ubicar en realidades actuales el símil o equivalente a mensajes fílmicos del pasado, una especie de “deja vu” que, creo, podrá ayudarnos a comprender cómo, en nuestra cotidianeidad, repetimos o tendemos a repetir fórmulas previas para ser y existir como seres humanos. ¿Será entonces premisa indefectible el “no hay nada nuevo bajo el sol” del Eclesiastés? No lo veo así, porque las circunstancias son de hoy y son nuestras. En fin. Espero les guste. Empecemos

 

“EL PORTERO DE NOCHE”

Es una icónica película de 1974 que narra el rencuentro entre Maximilian Aldorfer (Dirk Bogarde), exoficial de la SS Nazi asignado a un campo de concentración con Lucía (Charlotte Rampling), exprisionera judía del mismo campo, a quien prácticamente convirtió en su esclava sexual hasta antes del fin de la Segunda Guerra.

El reencuentro ocurre en la Viena de 1957, once años después de la caída del Tercer Reich y siendo ella ya esposa de un afamado director de orquesta, cuando ambos llegan a hospedarse en un hotel de lujo donde Dirk trabaja como portero para sobrevivir y, a la vez, ocultar su ignominioso pasado.

Ambos se reconocen de inmediato pero, contra lo que cualquier sensato podría pretender, la anteriormente sometida Lucia no solo no denuncia a su brutal ex captor, sino que siente renacer una profunda atracción por Maximilian quien, con todo y su remordimiento, siente lo mismo por ella. Total… Acaban juntos reviviendo (¿disfrutando?) el sadomasoquismo de antes.

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Todo esto me viene a colación a raíz de las recientes cifras publicadas por diversos medios informativos y encuestadoras sobre la “aprobación” o popularidad de Anlo, resultantes de encuestas practicadas a mil o dos mil personas habitantes de diversas ciudades del país. Incluso una organización ha presentado el resultado de otra encuesta realizada en otros 10 países respecto a sus 10 líderes o presidentes con similar resultado. El tabasqueño es ampliamente reconocido o conocido por la población

Claro que tales sucesos han sido recibidos con beneplácito, bombo y fanfarrias por las huestes oficialistas y por el mismo presidente, dado que les ha facilitado una bocanada de aire puro para seguir creyendo que los desastrosos resultados de la gobernanza lopezobradorista no son tan malos o, por lo menos, no implican (hasta hoy) un riesgo para la “salud”, la fortaleza y la continuidad de la por ellos designada Cuarta Transformación.

Me pregunté entonces: ¿Por qué razón los encuestados pudieron haber reaccionado así? ¿En qué basaron considerar que el presidente López Obrador es “bueno” o “eficiente”? ¿Les habrán llegado con tanta fuerza sus mensajes machacantes como para cegarlos ante la insufrible realidad que vivimos, provocando un sesgo en su raciocinio e impeliéndoles a opinar favorablemente en favor de Él? ¿O sentirán como sincero el multicitado -hasta la “nauseabundez”- sentimiento de cercanía “al pueblo” que pregona Anlo? ¿Habrá trascendido algún halo de corrupción hacia o desde encuestadoras o medios informativos para presentar cifras falsas o para pagar a encuestados, a fin de que refieran linduras del susodicho?

Sea como fuere… Aprobación o popularidad… El carisma del macuspanense sigue siendo -y cada vez más, por cierto- el fiel que según él inclina la balanza a su favor haciéndole creer que no va tan mal. ¿Qué las protestas y marchas en su contra han aumentado tanto que ya casi no se presenta en foros abiertos ni viaja en vuelos comerciales?

¿Qué el repudio hacia él se ha generalizado en medios, pintas, mensajes, opiniones, foros de discusión? ¿Qué sus mismos colaboradores cercanos, dado su servilismo y postración, rehúsan efectuar acción alguna para atenuar tal rechazo con tal de no contravenir al dueño de su futuro inmediato? Todo eso no importa si el Señor de las Patrañeras sigue siendo favorecido por la opinión del selecto pueblo bueno que es encuestado.

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Dado este panorama y tras leer tanto a ilustres articulistas del estupendo Conexiones como a analistas y opinadores de otros medios (incluidos sesudos psicólogos y psiquiatras) es que me atrevo a aportar el presente análisis, partiendo de la premisa de que nuestra circunstancia actual es un “remake” del Portero de Noche versión amplia, extendida y mexicanizada.

Antes de que tirios y troyanos procedan a quemarme (figurativamente, espero) en “leña verde”, permítame el lector explicar la razón de mi dicho.

El fenómeno conocido como “Síndrome de Estocolmo” fue acuñado por el psiquiatra sueco Nils Bejerot tras el secuestro de varias personas durante un frustrado asalto a un banco en Estocolmo. Según Bejerot, en este evento se pudo observar cómo las víctimas desarrollaron un vínculo afectivo hacia sus captores, algunos de los cuales incluso hicieron campañas de recaudación de fondos para costear la defensa de los secuestradores.

Un año después ocurrió el secuestro de Patricia Hearst, hija del poderoso magnate William Randolph Hearst, quien tras ser secuestrada por ciertos maleantes acaba enamorándose de uno de ellos volviéndose su cómplice en otro asalto bancario.

Hay cierta similitud con lo que sucede entre López Obrador y el “pueblo bueno encuestado”, pero este caso va más allá de aquel pues el “afecto” al susodicho tiene su origen a algo anterior y significativamente más intenso: la necesidad que muchos mexicanos aún tienen por sentirse o ser dominados a pesar de ultrajes sufridos en épocas anteriores.

Ubiquemos otro líder del mismo apellido que fue muy relevante en el Siglo XIX: Antonio López de Santa Ana. En un país muy atrasado (incluso para la época) y con canales de comunicación muy primarios, el veracruzano logró instalarse 6 veces como presidente de México debido, en gran medida, a:

  • Su liderazgo carismático
  • Su capacidad de despliegue y dinamismo
  • Su talento militar
  • La incapacidad de sus oponentes
  • Y la actitud entre pusilánime y atávica del México de entonces

López de Santa Anna subyugó a oponentes y a pobladores comunes. Embistió y arrasó la hacienda pública. Se entronizó como “Alteza Serenísima” e hizo sepultar su pierna izquierda (perdida debido a una batalla) ante el beneplácito casi generalizado de la población, que aguantó su efervescencia hasta que el personaje fue derrocado, exiliado y sustituido por otros más grises, pero menos atractivos. Incluso circula una narrativa de que estuvo en el puerto de Veracruz, junto a quienes recibirían a Maximiliano. Cuando fue reconocido, varios de los asistentes empezaron a aclamarlo y a pedirle que asumiera de nueva cuenta la presidencia, pero ya para entonces Antonio López era un cartucho muy desgastado.

Ahora bien… ¿Será entonces que la nación mexicana, cual “Lucía reloaded”, quería más de lo mismo de “Maximilian Santa Anna? ¿Añoraría regresar a sus brazos, aunque fuera para vilipendiarla y humillarla de nuevo y sojuzgar su recién restaurada virtud? ¿Por qué no había entendido lo que le pasó y tirar al basurero la libertad medio recobrada? ¿A cambio de qué? A chivo brincado, uno podría cuestionar tal aclamación.

Han pasado casi 170 años desde la última gestión de Santa Anna. Por México han pasado regímenes moderados o altamente autoritarios, liderados por personajes dictatoriales como Juárez y Porfirio Díaz o caciquiles como Elías Calles o Echeverría. Hubo un PRI que monopolizó el poder durante 70 años y fue sucedido por dos regímenes de derecha para después regresar al poder por un sexenio antes de entregarlo, de manera harto sospechosa, al actual inquilino de Palacio

Muchos años de sangre y dolor y de libertades cooptadas antes del parteaguas que, quiérase o no, significó el grisáceo De La Madrid en cuanto a apertura se trata, puerta que se fue abriendo hasta 2018, cuando el lobo disfrazado de demócrata quedó entronizado.

No… No exagero ni atribuyo características indebidamente a Anlo. Hoy estamos viendo su talante autoritario -semi contenido de modo pasivo agresivo- fluir de manera constante y creciente en el mismo sentido y con la misma intención de avasallar todo aquello que se interponga a una Presidencia Omni: Omnisciente, Omnipotente, Omnipresente, Omnímoda. Alguno objetará que López Obrador no es un oficial Gestapo y le daré la razón pues no porta un uniforme así, pero en todo lo demás Anlo transpira fascismo disfrazado de supuesto populismo.

No quiere ni tiene a alguien deteniéndole, conteniéndole, corrigiéndole. Y si bien no hay campo de concentración físicamente hablando en donde maltrate a la “Lucía México”, si lo hay en cuanto a lo mediático y a los ambientes político, judicial, financiero, económico, cultural, educativo, en salud y en seguridad donde el país se mueve, transita o se arrastra cada vez más penosamente.

¿Será que la “Lucía Nación” lleva demasiado tiempo con la rienda suelta y ansía o más bien añora la cadena y el yugo, que subyace en ella un cada vez más mal contenido deseo de sometimiento? ¿Será Anlo el “Christian Grey” que le haga sentirse beneficiada, agradecida una vez que empiece a ser más claro y cruel el maltrato que ya está aquí, pero que aún no se evidencia en represión directa?

Especulación aparte, creo que por detrás del supuestamente abierto, tierno y demócrata Andrés Manuel López Obrador ya se mueven el garrote y la macana… ¿Qué otra lectura darle a la notoria y cada vez más desbordada presencia de la milicia en casi todos los ámbitos del haber público?

Ya les platicaré en otra Pantalla. Saludos


@SergioRenovado

Coach, abogado y poeta #VxM #GuardianesXLaDemocracia #RedMasUNO

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