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Los dinosaurios también amaban vivir de noche.

El primer dinosaurio depredador nocturno conocido
 |  Ciencia
Los dinosaurios también amaban vivir de noche.

Prácticamente en todos los hábitats de la Tierra viven aves. De entre las aproximadamente 10,000 especies de aves que existen en la actualidad, solo unas pocas tienen adaptaciones que les permiten cazar en la oscuridad de la noche, como los búhos y lechuzas. Una pregunta planteada hace mucho tiempo y que ha venido careciendo de respuesta es la de si algunos de los dinosaurios terópodos (el grupo que dio origen a las aves modernas) tenían adaptaciones sensoriales similares.

Un nuevo estudio realizado por el equipo de Jonah Choiniere, de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, Sudáfrica, se propuso comparar las capacidades de visión y audición de los dinosaurios con las de las aves. Los investigadores utilizaron escaneos mediante tomografía computarizada y mediciones detalladas de estructuras anatómicas para recopilar información sobre el tamaño relativo (con respecto al cuerpo) de los ojos y el oído interno de casi 100 especies de aves vivas y dinosaurios extintos.

El estudio se publicó el pasado viernes 7 de Mayo en la revista Science con el título "Evolution of vision and hearing modalities in theropod dinosaurs", y reveló que un extraño dinosaurio carnívoro que vivió hace más de 65 millones de años en lo que ahora es el desierto del Gobi, entre Mongolia y China, tenía una visión nocturna y un oído "extraordinarios", por lo que los científicos opinan que puede considerarse uno de los primeros depredadores nocturnos.

Para medir la capacidad auditiva, el equipo midió la longitud de la lagena, el órgano que procesa la información sonora entrante (y que equivale a la cóclea en los mamíferos). La lechuza común, que puede cazar en completa oscuridad utilizando solo el oído, tiene la lagena proporcionalmente más larga de entre todas las aves.

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Para evaluar la visión, el equipo observó el anillo esclerótico, una serie de huesos que rodean la pupila. Al igual que la lente de una cámara, cuanto mayor sea la apertura de la pupila, más luz podrá entrar, lo que permite una mejor visión nocturna. Midiendo el diámetro del anillo, los científicos pudieron saber cuánta luz puede recoger el ojo.

El equipo descubrió que muchos terópodos carnívoros, como el Tiranosaurio y el Dromaeosaurio, tenían una visión optimizada para el día y un oído mejor que la media, presumiblemente para ayudarles a cazar. Sin embargo, un diminuto terópodo llamado Shuvuuia deserti, que forma parte de un grupo conocido como alvarezsaurios, tenía tanto una capacidad auditiva como una capacidad de visión nocturna extraordinarias. La lagena extremadamente grande de esta especie es casi idéntica en tamaño relativo a la que tiene la lechuza actual, lo que sugiere que el Shuvuuia deserti podía cazar en completa oscuridad.

Esta es la primera vez que se documenta en un dinosaurio terópodo tal combinación de adaptaciones visuales y auditivas, lo que indicaría que la depredación nocturna se desarrolló antes de lo que se creía hasta ahora.

"Esta combinación de adaptaciones sensoriales evolucionó de forma independiente en los dinosaurios mucho antes de la propagación de las aves modernas y constituye un notable ejemplo de convergencia entre dinosaurios y mamíferos", escriben los investigadores.

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El 'Shuvuuia deserti' fue una criatura que medía solo 60 centímetros de longitud y tenía un peso parecido al de un pequeño gato doméstico actual. Era un animal bípedo, con unas patas traseras muy largas y unas extremidades delanteras reducidas pero fuertes y dotadas de grandes garras que le permitían excavar con facilidad.

El esqueleto fosilizado del Shuvuuia nos muestra a uno de los más extraños dinosaurios: un cráneo frágil, parecido al de un pájaro; brazos robustos muy musculosos con una sola garra en cada mano; y piernas largas muy apropiadas para correr rápido y parecidas a las patas de los correcaminos. Esta extraña combinación de características ha desconcertado a los científicos desde el descubrimiento del animal en la década de 1990.

"Es un animal tan extraño que los paleontólogos nos preguntamos desde hace mucho tiempo qué hacía realmente", explica Roger Benson, de la Universidad de Oxford, que participó en el estudio.

Con los nuevos datos sobre los sentidos del Shuvuuia, el equipo científico plantea la hipótesis de que, al igual que muchos animales del desierto, el Shuvuuia buscaba comida por la noche, utilizando su oído y su visión para encontrar presas como pequeños mamíferos e insectos, empleando sus largas patas para correr rápidamente hacia esos animales y utilizando sus fuertes extremidades delanteras para sacar las presas de sus madrigueras o de entre la vegetación.

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Fuentes: Noticias de la Ciencia, Reuters, RT, https://doi.org/10.1126/science.abe7941


Mario Quiron

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