Meteoros y meteoritos.

Lluvia de piedras

De manera cotidiana se presenta una lluvia de piedras... ¿Dónde? Ahí, donde tú vives...
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Lluvia de piedras

Hoy no nos referimos a una de las tantas lluvias extrañas recopiladas por "el profeta de lo inexplicable" en su obra "El libro de los condenados", sino a un fenómeno natural que es algo cotidiano, aunque en ocasiones nos ofrece un espectáculo extraordinario: la lluvia de piedras desde el espacio exterior.

Los choques de cuerpos celestes no son tan raros como pensamos. Todos los días, multitud de cuerpos errantes colisionan con la Tierra en una lluvia constante, pero suelen ser tan diminutos que ni siquiera nos enteramos. Si el choque se produce de noche, es posible que alguno nos sorprenda con una estela brillante y efímera. Basta una pequeña roca de apenas un gramo para dar luz a una estrella fugaz tan brillante como Venus.

Cada día caen a la Tierra alrededor de 20,000 meteoros de una masa superior a un gramo. Si pudiéramos contarlos todos, incluyendo a los que no se ven, se contarían por millones. Si lográramos reunir todo el polvo cósmico que cae sobre la Tierra en un solo día, obtendríamos unas 3,000 toneladas.

Algunos meteoritos son lo suficientemente grandes como para atravesar toda la atmósfera e impactar contra la superficie terrestre. Son mensajeros del espacio que nos regalan toneladas de materia de muy diversa procedencia. Muchos vienen del Cinturón de Asteroides que existe entre Marte y Júpiter, otros son restos de cometas y algunos tienen orígenes más curiosos e interesantes, como nuestra Luna.

Mucho antes de que el hombre diera su tímido salto a la Luna y regresara con unos cuantos kilos de piedras, ya teníamos entre nosotros rocas lunares. Habían llegado hasta aquí en forma de meteoritos, gracias a una carambola cósmica. Hace millones de años, una cantidad considerable de grandes asteroides y cometas chocaron contra nuestro satélite. El encontronazo de algunos de ellos fue tan violento que una porción de rocas fueron arrancadas de la superficie lunar y lanzadas al espacio. Más tarde, algunos de esos trozos cayeron sobre la Tierra. Han sido identificados más de 130 meteoritos lunares. También se han identificado meteoritos procedentes de Marte y de otros lugares del Sistema Solar.

El daño que puede causar un meteorito depende de muchos factores: de su tamaño, de su composición, de la velocidad de entrada en la atmósfera, de su trayectoria… Son demasiadas variables como para describir el suceso con exactitud.

Los objetos menores de diez metros de diámetro no suelen causar problemas. Si no son lo suficientemente compactos, estallarán y se desintegrarán totalmente o en partes más pequeñas antes de tocar tierra.

A partir de los diez metros de diámetro la potencia destructiva del meteorito va creciendo. Si no es lo suficientemente compacto estallará antes de alcanzar la superficie. En febrero de 1994, estalló a 30 kilómetros de altura con una potencia semejante a una bomba atómica como la de Hiroshima. Fue un espectáculo impresionante, brilló más que el mismo sol y provocó un gran estruendo. Pero no produjo daños. A ese tipo de impactos se les llaman bólidos. El más reciente y espectacular de ellos cayó a poca distancia de la ciudad rusa de Chelíabinsk el 15 de febrero de 2013. Se trataba de un cuerpo de unos 17 metros de diámetro que estalló en la atmósfera y cuyas imágenes sorprendieron a todo el mundo.

Cuanto mayor es el objeto, más cerca de la superficie estalla. En Tunguska, Siberia, en 1908, un cuerpo tan grande como un edificio de 15 plantas estalló a 8 kilómetros de altura con una potencia seiscientas veces mayor que la bomba de Hiroshima. Produjo una onda expansiva que destruyó 1000 hectáreas de bosque y provocó incendios a 15 kilómetros de distancia del estallido. Solo por una cosa la catástrofe fue diferente a una explosión nuclear: la ausencia de radiactividad. Se calcula que un suceso así tiene lugar una vez cada trescientos años.

Se ha calculado que un meteorito tan grande como una montaña viene a caer con una frecuencia media de 5000 años. Un caso así produciría la mayor catástrofe de la historia de la humanidad. Si un asteroide de 200 metros de ancho cayera en la mitad del Océano Atlántico, produciría una ola de 200 metros de altura. Los efectos serían terribles. Todas las ciudades costeras de Europa y América serían barridas del mapa… Pero si el meteorito fuera de un kilómetro de diámetro, la explosión sería equivalente a un millón de megatones. Cubriría la atmósfera de polvo y durante al menos un año no sería posible cultivar nada en todo el planeta por falta de luz. Uno de estos cae cada 300,000 años por término medio. Pero aún pueden suceder, y de hecho han sucedido, mayores desgracias. Un meteorito, tal vez de 10 kilómetros de diámetro, acabó con la mitad de la vida de la Tierra hace 65 millones de años. Los dinosaurios son mudos testigos de ello.

Son datos estadísticos, por lo que no hay garantía que dos sucesos no se vayan a repetir en un corto periodo de tiempo.

Fuente: Cienciaes


Mario Quiron

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