¿La pandemia transformó la manera de entender nuestro papel en el mundo?

La perspectiva religiosa ante el COVID19.

By @SergioRenovado
(“Síganse abrazando, reúnanse!...”), la ha considerado controlable mediante expresiones moralistas (“No mentir, no robar, no traicionar”) o al través del uso de imágenes religiosas (el “Detente”), trastocándolos de instrumentos para recordación de fe a amuletos, degradándolos así al nivel de supercherías.
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La perspectiva religiosa ante el COVID19.

En el libro del Éxodo, Capitulo 9 Versículos 8 al 12, se puede leer:

Entonces el Señor dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de hollín de un horno, y que Moisés lo esparza hacia el cielo en presencia de Faraón; y se convertirá en polvo fino sobre toda la tierra de Egipto, y producirá furúnculos que resultarán en úlceras en los hombres y en los animales, por toda la tierra de Egipto. 10 Tomaron, pues, hollín de un horno, y se presentaron delante de Faraón, y Moisés lo arrojó hacia el cielo, y produjo furúnculos que resultaron en úlceras en los hombres y en los animales. 11  Y los magos no podían estar delante de Moisés a causa de los furúnculos, pues los furúnculos estaban tanto en los magos como en todos los egipcios. 12 Y el Señor endureció el corazón de Faraón y no los escuchó, tal como el Señor había dicho a Moisés.

Al margen del posicionamiento de cada uno respecto a la validez histórica de ésta y de las demás 9 plagas que D—s mandó a Egipto, a través de Moisés, para lograr la liberación del pueblo de Ysrael (hay vestigios de un azote de viruela en esa región, hará unos 3,000 años A.C. (1) es innegable que la historia del planeta ha tenido que ver, entre otros elementos, con la confrontación del ser humano con la naturaleza -virus y bacterias incluidos-y el papel de la religión en ese sentido.

Si Moisés representó la mano material para forjar el destino de dos naciones o si las interpretaciones de esos sucesos pasaron de un asunto meramente político-social a una demostración del poder impresionante de un Ser Sobrenatural es cuestión más propia de la fe que de un análisis riguroso por parte de la ciencia. Lo cierto es que hoy, como entonces, nos encontramos con un evento que trasciende la a veces tenue frontera entre lo que sabemos y lo que creemos, entre lo que tenemos y a lo que aspiramos, entre el mundo material evidente y el mundo espiritual del creyente.

Y si lo ajustáramos al momento actual, podríamos sustituir a Moisés por un personaje de Oriente que supuestamente ingirió carne de murciélago o por un grupo de científicos que, malévolos, lo propiciaron o diseñaron para que ahora exista un ente altamente nocivo, lanzado al espacio terrestre cual mosaico hollín, a fin de presionar a un Faraón Estado Mundial para… ¿liberar?

Ya hemos leído muchos relatos sobre anteriores eventos epidémicos (pestes, viruela, gripe española, etc.) y las analogías con la actual pandemia del COVID-19. Y un cauce natural a la discusión o análisis de tales problemáticas deviene al papel que desempeña la perspectiva religiosa en esos trances. “La percepción de lo religioso depende intensamente del contexto social y las circunstancias personales. Ciertos momentos pueden dotar a la experiencia religiosa de una intensidad especial que sería impensable en otros momentos. Sabemos que nuestro entorno tiene un efecto que con frecuencia es definitivo en nuestro modo de experimentar la trascendencia.” (2).

Luego… En estos momentos tan complicados donde resuena “el crujir de dientes” cada persona, haya o no tenido experiencia directa o indirecta respecto a la pandemia en sí o a sus efectos económicos, sociales y políticos, se posiciona respecto a la fe. ¿Tabla de salvación? ¿Prueba? ¿Piedra angular de su vida? ¿Fuente de conocimiento, explicación o comprensión? ¿Refugio?

He leído los posicionamientos de diversos grupos religiosos. Unos alientan a no cejar en la creencia de modo indefectible y (tal vez los más irresponsables) en ser disciplinados en continuar con sus ritos. Otros (acaso más prudentes) piden a sus feligreses mantenerse en la fe, pero atendiendo a las autoridades seculares al tiempo que mantienen con claridad la frontera entre fe y ciencia.

Independientemente del ambiente de que se trate, autoridades de uno y otro perfil han sido confrontadas por una sociedad divagante, ansiosa, desesperada que busca respuestas a las causas y soluciones de la enfermedad, al porqué de las restricciones y de las consignas y al número y expectativas de contagio y de muerte. Y quiere, de los líderes no religiosos, información oportuna, cabal y más completa y que esté validada por otros líderes. Y de los religiosos… algo más que una oración de consuelo o de esperanza.

Pero… ¿Qué ha obtenido? Si revisamos el espectro de actuación de los principales países, el tipo de liderazgo no religioso ha actuado de manera más que ejemplar en casos como los de Nueva Zelanda o Corea, con medidas directas, profesionales y adecuadas de tal suerte que su población ya está, hasta el momento, fuera de peligro. En otros casos, la actuación de gobernantes en Estados Unidos, Brasil o Nicaragua ha sido vergonzosa a los ojos tanto de su ciudadanía como de las autoridades y especialistas de organizaciones sanitarias mundiales, debido primordialmente al exceso de protagonismo e intereses un tanto obscuros.

Sin embargo, salvo algún exabrupto propio de la cultura y valores de cada nación, los líderes y sus subalternos han actuado conforme a lo que corresponde como gobernantes, dando al Estado lo que es del Estado (como es el manejo del virus) y a las creencias lo que a ellas respecta. Y los líderes religiosos, incluido el Papa Francisco, han procurado desempeñarse en su papel específico, el espiritual, alentando el deber social subyacente entre sus fieles hacia el prójimo, con toda la problemática existencial que implica tratar de dar una respuesta plausible desde cada tipo de fe al dolor, la carencia, la orfandad y la muerte

Considero el caso mexicano como único en el mundo pues el presidente López, aunque se autoerija como “liberal” y “secular” ha atendido la pandemia abordándola como gobernante y como líder moral o religioso en un tornasolado o incluso equidistante modo que lo mismo la ha demeritado (cual si fuese una gripe normal) arrumbándola al principio como un tema secundario (“Síganse abrazando, reúnanse!...”), la ha considerado controlable mediante expresiones moralistas (“No mentir, no robar, no traicionar”) o al través del uso de imágenes religiosas (el “Detente”), trastocándolos de instrumentos para recordación de fe a amuletos, degradándolos así al nivel de supercherías.

Es así como la religión, en todas las manifestaciones y grupos que la ostentan, ha encontrado su mayor reto en esta pandemia. Ya no es considerada como relevante para salir al quite en donde la ciencia o la administración gubernamental ya no pueden operar efectivamente. Ante un virus casi indomable por lo letal y poco conocido, la feligresía que antes se arropaba en templos e iglesias ahora, desde la limitación de sus hogares y de sus recursos para atenderse o defenderse de él, ya no siente su fe como el elemento de salvaguarda, explicación, afrontamiento o significado que habría de tener y, entonces, desiste y deserta

Tal vez algunos sucesos como el acaecido en el Hospital de Lombardía, lugar en donde la epidemia prácticamente arrasó con gran parte de la población, puedan implicar una vuelta a la fe decantada. Narra un médico hasta entonces ateo:

Hace 9 días un sacerdote de 75 años vino a nosotros. Era un hombre gentil, tenía graves problemas respiratorios, pero llevaba consigo una Biblia, y nos impresionó que se las leía a los moribundos mientras les tenía de la mano. Todos los médicos estábamos cansados, desanimados, psíquica y físicamente extenuados cuando tuvimos tiempo para escucharlo. Ahora tenemos que admitir: nosotros como humanos hemos llegado a nuestro límite y más no podemos hacer, mientras cada día mueren más personas. Y estamos exhaustos; tenemos dos colegas muertos y otros están contagiados. Nos hemos dado cuenta de que donde termina lo que puede hacer el hombre tenemos necesidad de Dios, y hemos comenzado a pedir su ayuda cuando tenemos un minuto libre. Hablamos entre nosotros y no podemos creer que de feroces ateos pasamos ahora cada día en la búsqueda de nuestra paz, pidiendo al Señor que nos ayude a resistir para continuar curando los enfermos. Ayer murió el sacerdote que, hasta hoy, no obstante que hemos tenido 120 muertos en tres semanas y estamos hasta el tope de cansados y destruidos había logrado, a pesar de sus condiciones, traernos una PAZ que no creíamos encontrar (3)

La supervivencia del Hombre a nivel físico, ahora, depende ciertamente de la capacidad que tenga para desarrollar vacunas y defensas contra enfermedades como el COVID 19 o sus variantes o nuevas cepas. Y la supervivencia de gran parte de la cultura humana, como la conocemos y que le ha permitido perdurar durante milenios depende, en gran proporción, de la capacidad que tenga el ser humano para ubicar el contexto religioso de un modo mas inclusivo en su acontecer y como parte integrante de su misma vida. El texto siguiente es, considero, irrefutable

Es posible que la experiencia de la pandemia haya transformado nuestra manera de entender nuestro papel en el mundo… la pandemia nos ha puesto de bruces con nuestra vulnerabilidad y la de nuestros seres queridos y, lo que es más importante, con las incongruencias entre los valores y la organización de la propia vida… La religión puede contribuir a esta tarea aportando sentido, apoyando en los momentos difíciles y fomentando la cooperación desde un marco integrador. Esperamos que así sea. (2)

La línea que la Humanidad (sobre todo la occidental) había fijado como parteaguas de su tránsito planetario es, en la práctica, algo francamente superado. El A.C.-D.C., el antes y después de Cristo ya no nos hará mucho sentido.

Nuestro pequeño mundo planetario será ubicado como A.P. / D.P…. Antes y Después de la Pandemia… Mas la referencia religiosa habrá de subsistir como debería haber sido, tal vez, desde el principio… En lo íntimo de cada uno.


@SergioRenovado

Coach, abogado y poeta #VxM #GuardianesXLaDemocracia #RedMasUNO


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