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Hasta en los populistas hay niveles: de Chavez a López.

Hay de populistas a populistas, y se demuestra en el descomunal desgaste de López ante la opinión pública. Vale la pena analizar sus diferencias con Hugo Chávez, que no sería el crayón más brillante de la cajita, pero sí le ganaba por unos 20 puntos de IQ a López.

Chávez

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Hay de populistas a populistas, y se demuestra en el descomunal desgaste de López ante la opinión pública. Vale la pena analizar sus diferencias con Hugo Chávez, que no sería el crayón más brillante de la cajita, pero sí le ganaba por unos 20 puntos de IQ a López.

Chávez

fue un dictador bananero en todo el sentido de la palabra. Ocurrente, espontáneo, idiota, inepto, pero que supo leer las inquietudes de amplios sectores de la población venezolana, y construir un discurso atractivo para ellos. En principio, López hizo lo mismo, pero con una diferencia: Chávez supo mantener ese discurso como presidente; López no. A López sí se le cumplió eso de que no es lo mismo ser borracho que cantinero. En gran medida, se puede decir que Chávez tuvo suerte.

A Hugo Chávez le tocó el momento de mayor bonanza petrolera posible. Venezuela posicionado como principal productor del mundo, justo cuando los precios del barril estaban en su máximo histórico. Eso le permitió tener dinero disponible todo el tiempo, y en grandes sumas. Su modo de administrarlo fue desastroso, un ejemplo impresionante de estupidez; pero como seguía fluyendo, parecía que no había problema alguno, hasta que la gallina de los huevos de petróleo se empezó a desgastar. No obstante, Chávez fue suertudo a morir. Literalmente.

Me refiero a que murió –cagándose de miedo, por cierto– antes de ver la debacle absoluta de su imperio rascuache y de cuarta categoría. Sin embargo, le heredó a Maduro la lealtad comprada ($$$) del ejército, que ha sido la tabla de salvación para el idiota de Maduro.

López no tiene eso; pero lo peor del caso –y ahí es donde pesan los 20 puntos menos en su IQ– ¬es que no se da cuenta. Cree que puede emular a Chávez regalando dinero –que no hay– y comprando lealtades. Y no es lo único. Hay otra cosilla muy pintoresca. Chávez fue un dicharachero repugnante. Pero uno que por lo menos sabía hablar. López no. Se traba. Es lento y hasta incoherente. Los dos podían contestar pura p3nd3jada o idiotez, pero Chávez lo hacía por cabrón; López lo hace porque su seso no va a la velocidad adecuada.

Chavez y LópezPor eso, el programa “Aló Presidente” fue una herramienta muy eficaz de Chávez para manipular a ciertos sectores de la sociedad venezolana, mientras que “Las mañaneras” de López son un circo disfuncional que está desgastando su imagen presidencial; y aquí hay otra diferencia, por lo menos Chávez sabía a quién iba dirigida su verborragia de “Aló Presidente”: a su criadero de fans. López, en cambio, planteó un formato en el que está expuesto a la crítica masiva de la sociedad mexicana, sobre todo de quienes no lo seguimos.

Y, por supuesto, está la diferencia de los resultados. Pésimos en ambos casos. Sin embargo Chávez pudo paliar el asunto tirando más dinero obtenido de su prosperidad petrolera momentánea. López no tiene nada, así que lo único que se ven son sus resultados, pésimos, por cierto. Las encuestas recientemente publicadas muestran un López a la baja. No sólo hay menos mexicanos opinando bien de él sino también más mexicanos opinando pésimo de él. La diferencia entre sus defensores y sus críticos se redujo en 36 puntos en 14 meses. Más de 2 puntos por mes.

 En el contexto de una posible crisis por el coronavirus, le preguntaron si cancelaría las mañaneras como medida precautoria. Dijo que no. Que si las cancela, sus enemigos lo van a destruir. O sea, el pobre todavía cree que sus mañaneras lo hacen más popular. López no se ha dado cuenta que su peor enemigo es él mismo, y el peor daño para su imagen abstracta es su mismísima imagen concreta. Además, con los pésimos resultados que lleva, ver a un tipo desgarbado y que no sabe hablar, no ayuda. En serio no.

Chávez no me parece una lumbrera intelectual. No le doy más de 60 puntos de IQ. Pero tuvo suerte, con los precios del petróleo, y con el cáncer que lo fulminó antes de que le reclamaran la mierda en la que hundió a una gran nación. A estas alturas, a López le pongo 20 puntos menos, y además no tiene suerte. Bueno, hasta el riesgo de una pandemia le tocó (claro, en estricto, eso significa que los que tenemos pésima suerte somos los mexicanos). Tonto, como Chávez, pero sin dinero. Y sin saber hablar.

Qué manera tan odiosa de ver cómo se cumple el célebre inicio del libro "El 18 Brumario", de Marx: La historia siempre se repite. La primera vez, como un drama; la segunda, como una farsa.

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Irving Gatell

Pintora de closet. Dog lover. Cafeinómana. A hombros de gigantes. @RepDeFifidonia @CNexiones

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