El peso del ejército en la 4T

Por fin salió alguien que postró al omnipotente presidente. Y no fue uno de los poderes de la Unión, aquellos legalmente constituidos, en otros tiempos contrapesos

| Opinión

Por fin salió alguien que postró al omnipotente presidente. Y no fue uno de los poderes de la Unión, aquellos legalmente constituidos, en otros tiempos contrapesos

del ejecutivo, y de quien lo detenta.
Lamentablemente fue uno de los poderes fácticos, uno que aguardó hasta dar el manotazo, y se convirtió en el Cuarto Poder, sitio vacante luego de la claudicación a esta posición de una prensa atemorizada, mansa, sumisa.
Y es que la clase dorada del ejército esperó pacientemente dos largos años de ejercicio de este primer gobierno de izquierda para sacar la casta, la de su clase de élite, no la del ejército como institución.

Institución que esa casta dorada ha utilizado de parapeto, y ahora como mero pretexto, para decir "presente", a un gobierno que de entrada desapareció a su cuerpo de lujo: El Estado Mayor Presidencial.

Un mini ejército, abultado y oneroso, dentro de las fuerzas armadas, integrado fundamentalmente por hombres, investidos de un extraño pedigrí, que los hacía sentir diferentes a todos, particularmente a los de la tropa que tanto humillaron a pesar de provenir de la misma estirpe.

Y no se diga la prepotencia con la que trataron a la población, a funcionarios de los tres niveles de gobierno o de los otros dos poderes y a los integrantes de la prensa, en cada evento presidido por el presidente de la República en turno.

Luego de ese humillante agravio presidencial proferido, vinieron otros en cadena, los siguió dejando en las calles, ya sea bajo la figura híbrida, extraña de una Guardia Nacional que no termina de cuajar por una rivalidad natural al tener conviviendo entre sus filas a personal militar y policial, pero también por tener como cabeza a un general retirado, al que los generales y personal de alto rango en activo no ven, ni tratan ya ni siquiera como su par, al general Luis Rodríguez Bucio.

Un agravio más infligido por el presidente Andrés Manuel López Obrador a la élite del ejército, es que los tiene como constructores, como rescatistas, como personal emergente ante la pandemia, y cuando tienen una acción relevante, como la de Ovidio Guzmán, reciben órdenes de dejarlo en libertad y replegarse.

Ayotzinapa Meridiano 1Pero donde ya no aguantaron más, fue en los insistentes señalamientos de que jefes militares están involucrados en casos de vergüenza nacional como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Focos rojos se encendieron en cada una de sus cuatro estrellas al percibir que las investigaciones irían por algunos de ellos, lo que los hizo acelerar medidas y previsiones. La gota que derramó la cantimplora castrense fue precisamente la detención en Estados Unidos del general Salvador Cienfuegos, de la que oficialmente no se supo nada hasta que ocurrió, pero que ellos no creyeron y que detonaron el plan de rescate de su general, no por el general mismo, sino porque al hacerlo se defenderían a priori ellos mismos.

Fuentes castrenses, corroboradas con funcionarios de la 4T confiaron a este columnista que ese plan echado a andar traía de todo, desde reclamos y chantajes a su jefe supremo, hasta la amenaza extrema y poco probable de un golpe militar, si no se implementaba de inmediato un plan, al estilo peliculesco de "Rescatando al soldado Rayan".
El plan comprendía no solo el rescate físico, sino también de la integridad moral del ejército, en particular de los mayores blasones.

La amenaza de la asonada militar surtió efectos inmediatos, su jefe supremo acusó recibo e instruyó al canciller Marcelo Ebrard a realizar lo que tuviera que hacer, al costo que fuera, para hacer emprender el regreso del general Cienfuegos, confiaron nuestras fuentes.
Las mismas fuentes nos señalaron que las diligencias no fueron muchas, ni muy complejas, pese a lo que se quiso vender por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
La razón de que éstas no tuvieran la complejidad que el caso verdaderamente ameritaba, y por el contrario tuvieran el desenlace, inimaginable en otros tiempos y circunstancias, fue realmente sencillo.

Primero porque la simple amenaza, hecha del conocimiento del gobierno entrante y saliente de nuestros vecinos del norte de un golpe de Estado en su vecino del sur, dificultaría la de por sí difícil situación por la que atraviesan, derivada de su reciente proceso electoral.

Cienfuegos y Lopez la Octava 1Un presidente que no reconoce el triunfo de su oponente, y más aún que alega fraude electoral, lo que los exhibe mundialmente de forma brutal; la caída de su supremacía en todos los órdenes frente al surgimiento de otras emergentes, como la China, por ejemplo, y el reto interno irresuelto de lo trágico que ha sido la pandemia, más la amenaza de una asonada militar en México, por convicción o presión, pero su principal aliado, dada su situación geográfica, constituían varios frentes, sin tener ellos una luz que indicara vislumbrar que estaba próximo el final del túnel.

Y otra razón para desistirse de los cargos en contra del general Cienfuegos, no de menor calado, fue la aportada por la Cancillería, nos dijeron nuestras fuentes, en el sentido de que el general ya deportado, sin cargos, no pudo haber actuado solo, sin la colaboración de sus homólogos del otro lado de la frontera.

 

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Raúl García Araujo

Pintora de closet. Dog lover. Cafeinómana. A hombros de gigantes. @RepDeFifidonia @CNexiones

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