#ElOcasoDelCacique

¿El final? Parte 2.

La última parte de la increíble saga de El Líder y su reflejo en nuestra realidad.
| Opinión
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ültima parte de "El ocaso del cacique".

No te puedes perder la anterior aquí: ¿El final? Parte 1.

Jesús decidió dar una respuesta neutra, acorde a las instrucciones de Don Francisco. Era el momento de la verdad para calar a los que debían seguir en activo y a los que habría que desechar.

-El Licenciado Adrián Robles se encuentra en situación crítica pero estable. Aún no se sabe con certeza cuáles son sus posibilidades para recuperarse. Lo sabremos en el transcurso de las siguientes dos horas así que deberemos esperar…

Un silencio espectral invadió la sala. Quienes estaban parados se fueron sentando lentamente en el lugar que les correspondía, según la caprichosa asignación que el líder les había impuesto totalmente ajena a su posición en el organigrama de gobierno. Y los que estaban sentados se arrellanaron en su respectiva silla, con la mirada fija al frente y la barbilla profundamente enterrada en sus respectivos pechos. La pesadísima atmósfera se alteró de repente, cuando en la puerta de acceso a la sala se escucharon fuertes golpes y gritos detrás de ella.

Jesús acudió hacia la puerta. Para esa reunión de urgencia había citado a quienes, según él, correspondía estar, dando instrucciones precisas al personal de seguridad para no interrumpirlos. Al abrirla sólo alcanzó a decir:

-Les dije que no interrumpieran… ¡Con un cara…

Antes de que pudiera evitarlo, Alan Robles y Laura la alcaldesa empujaron la puerta haciendo trastabillar a Jesús hacia atrás y entraron violentamente

“¿Por qué no esperaron a que llegara?”, gritó Alan

“¿Por qué no fui invitada?, reprochó la alcaldesa

Salustio se paró como por resorte, fue al fondo del salón y regresó con dos sillas que puso a ambos lados del sillón situado en la cabecera de la larga mesa (justo donde el líder solía sentarse) e invitó a los recién llegados a sentarse. Jesús había recuperado la vertical y no pudo evitar una expresión de franco disgusto ante el servilismo de Salustio

“¿Cuándo dejarás de ser tan rastrero, sapito?”, pensó para sus adentros al acercarse a la mesa.

Observó que casi todos los presentes habían salido de su ensimismamiento y que volteaban desconcertados a la cabecera, excepto el General que miraba fijamente hacia la esquina superior izquierda de la pared del fondo mientras asentìa con la cabeza. Jesús aguzó la vista hacia ese punto y pudo percatarse de una tenue luz roja que parpadeaba en ese momento para desaparecer poco después. Miró desconcertado al General, quien le devolvió la mirada mientras ponía el dedo índice de su mano derecha en forma vertical contra sus labios, evidente invitación a callar.

La irrupción había provocado una serie de alegatos hacia los intrusos alterando la reunión. Jesús se acercó al sillón del líder situándose atrás del respaldo y, levantando los brazos, gritó:

- ¡Cálmense! ¡Esto no es un tianguis!

A la acción de Jesús, inusual para la mayoría, siguió un silencio atroz. Alan y Laura abrieron desmesuradamente los ojos (“Parecen tarsos”, pensó Jesús)-pero se sentaron, sumisos, a ambos lados de él. Con voz apenas contenida, Alan emitió un leve rezongo

-Mira Jesús, tú no eres quien para…

Con una mirada fulminante, Jesús le paró en seco

-Dije: Cálmense… ¿Okey?

Ruborizado al máximo Alan apretó los labios, se sentó y volvió al reproche, pero con más suavidad.

-Está bien. Pero quiero saber por qué iniciaron la reunión sin mí. ¡Soy el secretario del Interior!

Jesús contestó con evidente sorna

-Tu asistente nos dijo que andabas “en Comisión” por Paraíso Tabasco, (Jesús saco su celular y fingió buscar algo) Imagino que se trata de algún proyecto nuevo, pues no está en la agenda ofi…

Sabiéndose descubierto Alan resopló y, volteando hacia donde estaba Alma, la señaló y vociferó

-Eso no tiene que ver con esta crisis. ¿Qué carajos hace esa mujer aquí?

Jesús contesto con tranquilidad

-Viene en su calidad de presidente del Senado

Alan bufó de nuevo. Escuchò a Schneider reírse y, apuntándolo con el índice, espetó a Jesús.

-Y ese wey… ¿Qué chngaos hace aquí? ¡No es ni del gabinete!

-Lo llame yo, porque es el abogado de confianza del líder. Si siguiera ese criterio tuyo, tampoco debía haber dejado entrar a Laura

La aludida palideció y desvió la mirada. Su delgada figura había menguado bastante tras tres años de gobernar la capital con pésimos resultados. Los presentes no estaban demasiado sorprendidos de su presencia en esa reunión pues el líder tenía una notable inclinación hacia ella.

Jesús añadió:

-Pero comprendo que Laura sigue representando un bastión de poder importante para nuestro movimiento… Y que nuestro líder hubiera dispuesto que ella estuviera hoy aquí.

“¡Mi delfina!” le dijo el líder a Jesús cuando le confesó que la quería para sucederle. En aquel momento Jesús estuvo muy tentado a responderle con un “Tu nuera, más bien”, pero fue en la época donde aún veneraba a Adrián por encima de su propia dignidad... Hace apenas dos meses…

Laura dirigió una mirada de agradecimiento a Jesús, quien se dio cuenta que era el momento de aclarar la situación.

-Miren. La crisis presente representa algo completamente inaudito y es mucho más grave que la anterior ocasión, cuando tuvieron que operar a nuestro querido líder (Montero, en una patética intención de parecer gracioso, carraspeó ruidosamente. Jesús lo miró con notorio desprecio). Salvo su mejor opinión, considero muy conveniente que me permitan moderar estas reuniones hasta que tengamos más claro el panorama conforme vaya reportando el equipo médico.

Alma lo secundó.

-Estoy de acuerdo. Jesús maneja la comunicación social del Licenciado y de todos nosotros, Que sea el enlace con el equipo médico a cargo y que sigamos sus instrucciones sobre cualquier comunicado o declaración que debamos hacer a la prensa hasta que nos pongamos de acuerdo en

Un murmullo de aprobación brotó en la sala. Alma había hablado con sensatez y mostraba su oficio político, a diferencia de lo que le sucedía cuando estaba en presencia del líder, quien aprovechaba cualquier pretexto para procastinarle y hacerla ver como un florero. Montero la miró con despectivamente y antes de que alguien pudiera evitarlo, se levantó y dijo con voz engolada.

-Con todo respeto, Alma, pero eso está bien para los que pertenecen al gabinete. Salustio y yo lideramos, al igual que el ministro Arnulfo (Montero se inclinó ante el aludido, quien le correspondió con una mueca de cortesía), un Poder diferente y nos conduciremos con nuestro propio criterio. Por lo que dada la ausencia de Adrián… Perdón… del Licenciado Robles, creo que lo mejor es que nos retiremos y que nos avisen lo que suceda. Entonces veremos. ¡Bye!

Los ojos de Salustio estaban casi fuera de órbita. Arnulfo volteó a ver a Schneider y, cubriéndose la boca, le dijo “este tipo es un ojete”. Alma estaba privada de coraje e intentó levantarse, pero una voz de mando la contuvo. Era el General.

-Mire, Licenciado Montero: Este no es momento para minucias como esa. Estamos todos aquí porque, gracias a la elección del líder, nuestro movimiento está en el poder. Para seguir a cargo debemos mantenernos unidos. Si no es por agradecimiento a lo que el Lic. Robles hizo por usted (vaya que fue bastante), por lo menos mantenga lealtad al movimiento y al partido.

Montero le miró con sorpresa y se sentó. Alan intentó pararse, pero el General le dirigió un gesto admonitorio para detenerlo. En cuanto vio que ambos estaban en calma se dirigió a Jesús.

-Adelante, Licenciado

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La sucesión de voces y gestos había culminado con esa breve pero contundente demostración de fuerza por parte del General. La milicia ya era muy respetada desde antes de la asunción del líder, pero éste la había empoderado aún más. Ahora, en su ausencia, Jesús sabía que la estabilidad del país y la supervivencia del Movimiento dependían casi por entero de la milicia.

-Gracias General. Ahora… Pregunto a los Abogados presentes… No digo que sea así, pero previniendo el problema… En caso de que algo fatal le ocurriera al Licenciado… ¿Qué sigue?

Arnulfo y Schneider se miraron entre sí y, cuando iban a contestarle, Alan se levantó iracundo

- ¿Qué clase de pregunta es esa? Es inconcebible que digas eso, Jesús. ¿Cómo se te ocurre decir que Adri… Perdón… Que el Licenciado Robles no va a morir. ¿Estás loco o qué?

Las expresiones hacia Alan variaron de la franca repulsa a la compasión. Desde su reciente nombramiento Alan evidenció una enorme falta de oficio político. “Un puesto de cirujano en manos de un carnicero”, expresó Montero entonces. Y con ese mote se le conocía en Palacio.

Jesús apenas pudo contenerse. Aspiro para mantener la calma y respondió con voz serenada

-Mira Alan. Creo que no te enteraste de todo lo sucedido. Nuestro líder sufrió un infarto y el pronóstico de recuperación es muy pero muy reservado. Por eso estamos aquí

La coloración del tabasqueño cambió del rojo granate al blanco vela.  Se dejó caer en el asiento como si él mismo hubiera sufrido ese infarto.

- “Bien” -continuó Jesús, modulando su voz a un tono más neutra- ¿Abogados?

Montero trato de interrumpir gritando desde su silla

-Eso ya se sabe, Chuchito. El artículo 84 dice que…

Jesús volvió a la voz áspera y miro fijamente al líder senatorial

-Dije “Abogados”, no políticos. Ministro… Lic. Shneider

De manera intercalada, ambos dieron un breve discurso destacando el contenido del artículo referido. A todos quedó claro que, por ley, el insufrible Alan estaría a cargo del poder durante por lo menos 60 días a partir de que sucediera el eventual deceso de Adrián y que, durante ese lapso, el Congreso habría de nombrar un presidente sustituto para que terminara el periodo de gestión del líder. Y, después… ¡A elecciones!

Otro espeso silencio se dejó sentir. Desde que ingresó a la política, Jesús había presenciado demasiados pleitos y desencuentros en todos los partidos de izquierda en condiciones normales, concluyendo que sería casi imposible que los presentes se pusieran de acuerdo en algo que no fuera expresamente ordenado por el líder, por lo que ante el casi vacío de poder que estarían enfrentando el pronóstico era aún peor. ¿Quién podría aglutinar, de modo más o menos cohesionado, a las fuerzas tan dispares, diversas y hasta ideológicamente encontradas que componían al partido en el poder? Y no era sólo cuestión de orígenes sino de interés mezquino.

Se paró súbitamente y caminó hasta el pequeño refrigerador ubicado al fondo de la sala. Lo abrió, sacó una cerveza artesanal, la destapó y, tras darle un enorme sorbo, regreso con ella en mano a su asiento. Al verle, los demás lo imitaron eligiendo indistintamente cervezas, refrescos o café. Al cabo de unos minutos, Montero volvió a la carga

-Pues miren… Sé que a muchos de los presentes no les va a parecer lo que diré, pero, con el escenario que nos presentó Schneider, requeriremos un liderazgo fuerte que nos represente ante la nación. Salustio no me dejará mentir, pero es justo el que YO tengo, así que apóyenme para que de una vez vayamos preparando una hoja de ruta para…

- ¡Momento!

La voz de Claudio resonó, por primera vez en muchos años, con fuerza. Irguió con dificultad su obeso cuerpo y se levantó para hacer sentir su presencia. Sus bonos ante el líder y la opinión pública habían bajado enormemente tras los sucesos desafortunados del tren ligero, pero no dejaría pasar la oportunidad de su vida. ¡Por fin veía una luz en el horizonte para el sólo, después de tantos años de ser la sombra de otro, primero con Gabriel Carbajal y después al líder!

-Mira Gildardo. Ahora con las elecciones todo el mundo se dio cuenta de la enorme riqueza mal habida que has acumulado desde que fuiste gobernador. Y eso sería un factor decisivo para que nos derrote la oposición, aún en el mismo congreso.

Montero se arrellanó en su asiento. Los demás asintieron. El senador estaba bien “quemado”

-Yo, en cambio, estoy limpio. Y he dado una señal clara hacia todo el planeta y más a nuestros países hermanos de Latinoamérica de la importancia del país en la coyuntura actual, por lo que nada detendría nuestra…

- ¿Derrota?

-La esmirriada alcaldesa había, por fin, hablado. Con los brazos bamboleando a ambos lados de su enorme abdomen Claudio giró hacia ella, al tiempo que Laura se levantaba

-Mira Claudio. Desde que se descubrió tu mala gestión con el tren ligero, nuestra aprobación se vino para abajo aquí en la capital. Con mucho esfuerzo pude detener esta catástrofe y, gracias a mi gestión, hemos mejorado sustancialmente nuestros índices de aprobación, pues yo…

- ¡Ya wey!

Era Salustio quien, agitado, le gritó a la alcaldesa desde su asiento

- ¿No te cansas de mentir, Laura! El dictamen técnico real claramente estableció que fue la falta de mantenimiento la que provocó el accidente. ¿Y tu gestión? ¡Pésima! Tienes el tacto de un orang…

Los ánimos, hasta entonces apaciguados, empezaron a caldearse con acusaciones cruzadas entre todos a excepción del General y el ministro. En eso, el teléfono presidencial sonó. Jesús contestó

- ¿Sí? ¿Diga?

-Soy yo. ¡Choco!

Al otro lado de la bocina, percibió los inconfundibles gritos de la Diabla y de otras mujeres.

- ¡Casi no te escucho! ¡Ey! ¡Todos¡ ¡A callar! (Sabedor de la relevancia de la llamada, Jesús obturó el altavoz) ¿Choco? ¿Qué pasa?

Al oír el nombre del médico la discusión colectiva terminó. Todos alcanzaron a escuchar al encolerizado médico callando a gritos disminuyendo en su intensidad.

-Perdóname Jesús. Es que el licenciado despertó y…

A lo lejos, como proviniendo de una caverna, se escuchó una voz desgarradora:

- ¡Que venga! ¡Que venga el ministro! Necesito que se encargue… Él es el único que puede…

- ¿Cuál ministro? ¿De qué habla, Choquito?

-Es que el Licenciado despertó, se arrancó las cánulas y quiso pararse. Y cuando mi gente lo detuvo se puso como loco y empezó a pedir que viniera el ministro. ¿Sabes de quién habla?

Todos miraron a Arnulfo, quien visiblemente nervioso empezó a sudar a mares

-No me vean. Yo no se de qué habla.

-Que venga antes de que…

-Choco... ¡Choco! Pregúntale que quiere o a quien quiere y ahorita mismo lo resolvemos.

De repente, un sonido espeluznante cimbró el Palacio entero

¡Agghhh!

Y el silencio…

- ¡Choco! ¿Qué pasó?

-Tienes que venir Jesús. Yo, la verdad, no…

Y colgó

-Quédense aquí (dijo Jesús) Voy con el Licenciado

-Te acompaño (dijo el General)

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¿En dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Qué me hacen? ¿Por qué me siento tan ligero?

Tras su desvanecimiento en la conferencia del día, el líder había caído en una especie de seminconsciencia de sí mismo, pero con dos visiones. Por un lado, sintió cuando cayó su cuerpo, que lo movieron. Y sufrió un dolor en el pecho cuando lo revivió el desfibrilador

Y, al mismo tiempo… ¡VIÓ toda la escena como si le sucediera a alguien más! Fue como si de su cabeza se hubieran separado sus ojos, sus oídos y todos sus órganos de percepción para dar forma a una especie de espectro que flotaba por encima de su envejecido y maltratado cuerpo. Por primera vez se miró “desde afuera” ¡Y se asustó! Le horrorizó la palidez cadavérica de su cara. Notó con repugnancia la flacidez de las que consideraba fuertes piernas y brazos. Y sus mejillas… Se le figuró que tenían la textura de esa masa densa, medio aguada y granulada con que su madre preparaba los pasteles que tanto disfrutó cuando niño.

Siguió su cuerpo hasta que fue depositado en su cama. Vio llegar a su esposa. ¡Qué horrible aspecto! De esa mujer que tanto admiró y deseó solo quedaba el espantajo que, sollozante, permanecía arrodillado junto a su cama. Llegó Choquito, su fiel medico cubano. Se veía apurado. ¿Qué estaba haciendo? Por lo alejado de su cuerpo sus sentidos no funcionaban como debían, por lo que no alcanzaba a entender lo que platicaba el médico con su personal. En eso, los gestos y el lenguaje corporal de todos ellos confirmó lo que tanto temía. Le quedaba poco tiempo de vida

“Cómo quisiera que, en vez de esa diabla, estuviera mi Licenciada Menéndez. ¡Que hermoso sería morir en sus brazos, después de que me acariciara así, suavecito, como me gusta! Pero no. Ya no se me hizo volver a gozarla desde aquella vez… ¿Cuándo fue? ¡No puede ser! ¡Está embarazada! Mi hijo no puede nacer sin un padre legítimo… Tengo que volver… ¡TENGO QUE VOLVER!

Su yo espectral se encaminó a su cuerpo. Haciendo un esfuerzo supremo logró vencer las barreras físicas que se lo impedían y sintió una enorme tensión. Y pulsó y logró abrir los párpados. Era el “ahora o nunca”. Tenía que hablar con ella… Con el amor de su vida… Y casarse. Y gritarlo…

Notó que tenía unos como tubos clavados en los antebrazos. Se los arrancó y quiso pararse, pero una enfermera lo detuvo. ¿Cómo se atrevía? ¡ÉL ERA ADRIÁN ROBLES! Y nadie podía oponerse a su voluntad. Su esposa se abalanzó sobre la enfermera gritando despavorida.

Choco, que en ese momento estaba hablado con Jesús, le hizo una seña a uno de sus asistentes quien rápidamente se acercó a la esposa y le inyectó un poderoso calmante

- ¡Que venga! ¡Que venga el ministro! Necesito que se encargue… Él es el único que puede…

El líder había logrado pararse y se encaminó a la puerta. Dos asistentes de Choco lo detuvieron y, levantándolo, lo llevaron en vilo de regreso a su cama. Adrián volvió a gritar:

-Que venga antes de que…

Su terca soberbia le impedía darse por vencido fácilmente. Forcejeó hasta que una fuerza extraña lo detuvo y descoyuntó su ser espectral del caduco cuerpo. Y vio, durante lo que pareció un momento para los que estaban en la recámara, pero más 70 años para él, la película de su vida. Personas, lugares, animales en una sucesión de escenas con cierta característica única: conforme las veía, en lo más profundo de su ser iba sintiendo punzadas… Primero unas pocas suaves y después muchas y dolorosas.

Notó con terror que los momentos cuando más arreciaban coincidían con eventos muy trágicos como la muerte de sus hermanos, el pelotazo a traición a su amigo, la humillación a sus mentores. En eso, una luz hizo desvanecerse los últimos días de su historia. Su espectro volteó a la fuente de tal energía. Era la luz más brillante que nunca hubo visto. ¿Sería la Plenitud que su Fraternidad ofrecía, el premio que creía merecer? Quiso acercarse a ella, pero algo lo retuvo de su extremo inferior. Al voltear ahí vio unas como manos de niño sujetándolo, después otras como de anciano, luego algunas más, pero ensangrentadas. En un instante cientos de miles de brazos lo asían y jalaban hacia una oscuridad pavorosa, nauseabunda… No… El no merecía eso… ¡NO! ¡A LA LUZ!

¡Agghhh!

Con ese horrendo alarido se reveló el enorme dolor que Adrián sintió cuando su corazón colapsó irremediablemente. Choco se había acercado de inmediato y alcanzó a captar la mirada ausente en los vacíos ojos del líder. El olor a esfínteres rebasados sólo confirmó lo que el médico imaginó tras años de lidiar y capotear a la muerte. Adrián había muerto.

Jesús y el General arribaron poco después. La esposa del líder yacía inconsciente en un sillón junto a la cama, en donde las enfermeras limpiaban el cadáver de Adrián y terminaban de recoger y desconectar el equipo médico. Choco, dando la espalda a la puerta, miraba absorto al través del ventanal

-Choco… Choco… ¿Ya… sucedió?

El médico volteó con expresión profundamente triste. Se acercó a Jesús, lo tomo por los antebrazos y lo jalo hacia sí abrazándolo fuertemente mientras decía sollozante:

-No pude, Jesús. Te juro que no pude. Lo siento… lo siento mucho, mucho

Minutos después, Jesús y el General se dirigían al bunker en silencio. Pero al llegar al extremo del pasillo, el General tomó a Jesús por el codo y lo atrajo hacia el lugar desde donde se accedía al cuarto que recién había conocido Jesús, durante la visita de Don Francisco. Lo abrió y le hizo una seña para que pasara. Una vez que Jesús entró, el General se metió también y cerró la puerta.

Ante la mirada inquisitiva de Jesús, el General sólo acertó a levantar el teléfono que había en el lugar, marcar un número y conectar el altavoz en cuanto escuchó que contestaban

-Señor. Aquí estamos. Ya sucedió. Le escuchamos

- ¿Jesús?

-Don Francisco… Perdón, pero cómo es que usted…

-Te lo dije antes, muchachito. Cuando tu vas yo ya fui y vine tres veces. General… ¿Supo Jesús de las cámaras en el bunker?

-Lo intuyó, Señor, pero todavía no le explico

-Bueno. Luego se lo dices. Jesús. Vimos lo que paso en el bunker. ¿Qué opinas del Gabinete y de los agregados “culturales”?

-Pues a Usted no le puedo ocultar nada. No los veo comprometidos al 100 con nuestra causa.

 ¡Dilo tal cual! Vaya clase de gusanos. Salvo uno que otro los demás están pa’l arrastre. Cuando saliste con el General todos quedaron como momias… Quietecitos… Y ora que de seguro ya saben que murió Adrián (Que la Luz lo acompañe) parecen huarache de danzante, brincando de un lado para otro. ¡Cómo quisiera que alguno de ellos tuviera siquiera algo de la convicción que tú tienes!

-Gracias Don Francisco. Pero es lo único que hay. Y tenemos que ponernos de acuerdo con ellos para designar a un candidato adecuado para seguir el ideal del Licenciado

- ¿Recuerdas lo que dijo Arnulfo, sobre los requisitos para ser presidente sustituto?

-Si… Claro

- ¿Y mencionó si fuera impedimento NO estar en el Gabinete?

-Nnoo… no sería impedimento.

-Ok. Regrésate al bunker con el General. En cuanto llegues uno de nuestros emisarios te dará la señal que necesitas para conocer al elegido por la Hermandad. Y quiero que le des todo tu apoyo

-Así se hará. Don Francisco

Ambos salieron del cuarto y retomaron el camino al bunker. Jesús parecía más encorvado que de costumbre, como si resintiera el peso de la responsabilidad que recién había asumido con Don Francisco. El General se dio cuenta, lo detuvo con el anverso de la mano derecha y, ante la extrañeza de Jesús, le puso esa mano en el pecho mientras con la otra le oprimía la espalda obligándole a enderezarse al tiempo que le decía:

-Ambos estamos en la Hermandad. Demuéstrate orgulloso de pertenecer a ella. Nunca te agaches.

Llegaron al bunker. Algunos de los convocados habían salido a estirar las piernas, hablar por celular o fumar un cigarrillo. En cuanto vieron a Jesús y al General entraron al bunker y se instalaron en su respectivo asiento. Jesús volvió a situarse atrás del respaldo del sillón de Adrián y les dijo:

-Lamento confirmarles que hoy, hace aproximadamente media hora, el Lic. Adrián Misael Robles Ocampo ha dejado de existir. Que descanse en paz.

Una sombra como epidemia apareció en los rostros de todos. Aún el mismo Montero emitió un leve sollozo. Olga pidió la palabra

- ¿Me puedo encargar de organizar las exequias de Estado, si Alan me lo permite?

El tabasqueño, con el rostro congestionado de dolor, asintió con la cabeza. Jesús pidió a Salustio que le acercará una silla del fondo y, por respeto a Adrián, retiró el sillón que éste solía utilizar y puso la silla en ese lugar para presidir el resto de la reunión

Durante los siguientes minutos se dieron varios acuerdos inherentes al tema y al protocolo a seguir para dar la noticia y hacer los preparativos de los homenajes a cuerpo presente y del funeral. No se haría énfasis respecto al uso político del evento en favor del partido en el poder, dado que la pura fama del líder era suficiente para que su deceso resultara el acontecimiento del año en México y, tal vez, en gran parte del planeta.

El General había permanecido discreto durante ese tiempo y, al notar que era el momento propicio, se levantó, tomó el teléfono presidencial y hablo casi en susurro. Al colgar, unos leves toquidos resonaron en la puerta. El mismo General abrió. Un individuo alto y delgado entró y se acercó a Jesús, entregándole dos sobres. Jesús, extrañado, abrió el primero que sólo contenía una tarjeta que decía:

HONRA A LA HERMANDAD

Aturdido, volteo a ver al sujeto para pedirle una explicación, pero éste ya había desaparecido. Intentó levantarse, pero el General le puso firmemente la mando e el hombro izquierdo, mientras con voz sonora decía a los presentes

-Las fuerzas armadas de nuestro país apoyan la candidatura del Licenciado Jesús Rodríguez, para que culmine el sexenio del Lic. Adrián Robles, en calidad de presidente sustituto. He dicho.

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Parte trece de “El Ocaso del Cacique”. No te pierdas la treceava parte aquí: Sigue la entrevista.

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Tan cerca y tan lejos, un ocaso y muchas complicaciones. ¿Será este realmente el final de el Líder y la penitencia que el trajo?

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