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Violencia de género: comparativa de dos mundos.

Por @IrvingGatell

 

¿Dónde empieza la solución al problema de la violencia de género?

Es una pregunta difícil, porque estamos ante una situación multifactorial. Pero a partir de la experiencia hija en Holanda, y de este tweet, hay varias cosas que comentar.

| Opinión

 

¿Dónde empieza la solución al problema de la violencia de género?

Es una pregunta difícil, porque estamos ante una situación multifactorial. Pero a partir de la experiencia hija en Holanda, y de este tweet, hay varias cosas que comentar.

Tal y como @pamelaamorenoo indica, en México tenemos un severo problema de dimensión institucional. Las instancias de gobierno que deberían prevenir, atender y resolver este asunto simplemente no funcionan. Ello genera un clima de IMPUNIDAD.

Sin entrar al factor psicológico ¿por qué los feminicidas o acosadores hacen lo que hacen? Porque saben que lo más probable es que nunca enfrenten una consecuencia legal.

Ahí es donde hay que comenzar a reconstruir la funcionalidad institucional. Incrementar las penas por feminicidio, violación o acoso no sirve de nada si no hay posibilidades de que el culpable sea capturado, procesado y sentenciado. Por eso el caso de Holanda nos resulta altamente ilustrativo. Nótese todo lo que funciona bien allá...

En primer lugar, ante una situación de acoso laboral mi hija tuvo la confianza de contarlo a sus jefes y estos le dieron, de inmediato, todo el apoyo. Ninguno cuestionó su forma de vestir o su conducta personal, ni trató de suponer que mi hija podría ser responsable.

En segunda, cuando sucedió el evento crítico, el personal de la tienda tenía un protocolo definido para resolverlo: Pusieron a mi hija y a su acosador en cuartos separados para que contaran sus respectivas versiones. Llamaron a la policía. Revisaron las cámaras de seguridad.

Tercera: Ante la evidencia incuestionable de que el acosador había sido él, la tienda aplicó de inmediato dos reglas de la empresa: Firma inmediata de la renuncia y prohibición de entrar a sus instalaciones por diez años. Y, por supuesto, se fue a la cárcel.

Cuarta: La policía no hizo de la revisión del video un proceso infinito ni tedioso. Ante la revisión directa, se procedió al arresto y al inicio del proceso. Lo único para lo que sirvió el trámite burocrático fue para corroborar que el culpable tenía antecedentes por... acoso.

Quinta: Mi hija fue llamada a declarar unos días después, y en todo momento fue tratada con profesionalismo y empatía. La burocracia policial holandesa le hizo sentir en todo momento que ella estaba protegida por el Estado. Que estaba segura.

Acoso 1El agresor probablemente enfrente una sentencia de dos a tres años, y tendrá que pagar una multa. Por una nalgada. Ahora atención con esta pregunta: ¿Qué impacta más? ¿La hipotética sentencia de 65 años a un feminicida, o la objetiva sentencia de 2 años por una nalgada?

Es obvio que impacta más la sentencia corta ante el problema mínimo. ¿Por qué? Porque habla de un sistema judicial que no se anda con juegos. Si reacciona rápido y eficientemente ante un acoso, es obvio que también lo hará ante un asesinato o una violación.

Esto es lo que hace que el potencial agresor sepa que no podrá escapar de la acción de la justicia. Y atención con esto otro: Esa percepción se incrementa porque la Iniciativa Privada responde a la par del gobierno. De inmediato toma medidas punitivas.

Entonces, el agresor en potencia sabe que no sólo será perseguido por la justicia institucional, sino que también será acorralado por la sociedad civil. Al respecto, mi hija me contó algo bastante interesante sobre cómo Holanda evolucionó en este aspecto.

Tras las manifestaciones feministas de los años 70s que echaron a andar este proceso, en una época en la que el gobierno apenas empezaba a diseñar marcos jurídicos para combatir la violencia de género, la iniciativa privada tomó la iniciativa.

Es decir: Antes de que la ley definiera o tipificara delitos y estableciera sentencias, las empresas y grupos de la sociedad civil se acostumbraron a no tolerar el acoso y la violencia contra la mujer. Todos los holandeses que hoy tienen 50 años o menos han sido educados así.

Entonces, fue el gobierno el que tuvo que alcanzar a una sociedad civil que dio los primeros pasos. Ese fue el modo en el que los cambios no fueron únicamente legales, sino CULTURALES. Se logró que una sociedad, en general, tomara conciencia.

En México, lamentablemente, sucede todo lo contrario: Las empresas no tienen políticas contundentes e inmediatas contra el acoso, ni protocolos eficientes para enfrentar eventos críticos. Construyen un ambiente en el que las mujeres son vulnerables todo el tiempo.

Por su parte, el gobierno no ayuda. Complica todo. Las investigaciones son lentas y torpes, y le dan tiempo al agresor de huir o incluso de tomar represalias. Y luego huir. En los ministerios públicos, las mujeres son revictimizadas y tratadas como culpables.

Si la experiencia de acoso o violación ya fue un infierno, enfrentar a la "justicia" mexicana es un segundo suplicio. Por ello, muchas mujeres simplemente optan por no exigir justicia. Ni a sus jefes ni al gobierno. En casos más graves, ni a su propia familia.

Eso es lo que genera el clima de impunidad que hace que, en casos extremos cada vez más frecuentes, los agresores intuyan que pueden cometer un crimen y no serán procesados. En términos generales, lo único que los puede joder son las redes sociales.

Es decir: Cuando un caso se vuelve escandaloso -ejemplo: Fátima- y las redes ventilan la ineptitud gubernamental, la urgencia por limpiar la imagen (no por hacer justicia) obliga al gobierno a dar resultados. Eso confirma que el gobierno siempre va un paso atrás.

Lamentablemente, el impacto de las redes apenas funciona para resolver una minoría de los casos, no para cambiar nuestros paradigmas. Ni el de la sociedad, ni el marco legal. Por ello, las soluciones que surgen de allí son limitadas.

 

¿Qué sigue?

Es difícil decirlo. Pero creo que hay esperanza. De las impactantes manifestaciones en la Holanda de los años 70s, la sociedad comenzó a dar un giro que luego impacto de lleno en el gobierno. Se sentaron las bases de una nueva conciencia.

 

Por eso es tan importante el movimiento actual contra la violencia de género. Requiere y merece de todo nuestro apoyo. Es el evento que nos puede aclarar una ruta a seguir, o incluso lanzar hacia el proceso de los verdaderos cambios de fondo.

Pero, en principio, entendamos algo: La iniciativa debe tomarla la sociedad civil. No la podemos esperar del gobierno, especialmente tratándose de un régimen irresponsable y dirigido por un vejete delirante que se cree más importante que todas las mujeres.

 


@IrvingGatell

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