Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content

AMLO, el saqueador presupuestal

La desesperación del Presidente por la crisis se manifiesta en formas peculiares. Sigue la actitud relajada en las mañaneras, una aparente tranquilidad que choca con el desplome económico que inicia con fuerza y la crisis sanitaria que apenas inicia.

Sergio Negrete Cárdenas
22 Agosto 2020
AMLO, el saqueador presupuestal

La desesperación del Presidente por la crisis se manifiesta en formas peculiares. Sigue la actitud relajada en las mañaneras, una aparente tranquilidad que choca con el desplome económico que inicia con fuerza y la crisis sanitaria que apenas inicia.

Pero son acciones específicas las que demuestran que el gobierno está contra la pared.

Ello es evidente en el ámbito presupuestal. Es de suponerse que López Obrador recibe información que le muestra que los ingresos públicos se están desplomando tan rápido como el empleo, al tiempo que se abre más la coladera que es Petróleos Mexicanos. El presupuesto federal y la petrolera estatal son lospresupuestal 1 abismos que se están abriendo, y que requerirán de una cantidad de dinero que la administración simplemente no tiene a la mano. AMLO se asoma a esos abismos, y está tratando a toda costa de rellenarlos. Será imposible que tenga éxito, pero ya se sabe que el Presidente no suele amilanarse ante la realidad.

La actitud del tabasqueño, buscar dinero para aquello que le es prioritario, no es nueva. Se cansó de decir en campaña que encontraría mucho dinero acabando con la corrupción. El problema, claro, es que encabeza un gobierno que al parecer agregó a la corrupción peñista la ineptitud obradorista. Al capitalismo de cuates de Peña, AMLO ha instaurado el suyo propio (con mayor descaro). Peña Nieto podía nombrar a cercanos para ciertos puestos, pero había credenciales y experiencia en la mayoría de los casos; AMLO no tiene empacho en designar a personas sin ningún antecedente que justifique su nombramiento fuera de su lealtad y absoluta subordinación (como es el caso destacado del propio Pemex).

La lucha contra la corrupción… como pretexto

La lucha contra la corrupción puede ser ficticia, pero sí ha servido para hacerse de dinero, cancelando numerosos programas. La suspensión de compra de medicinas (causando desabasto, sufrimiento y muerte), el cierre de estancias infantiles (dañando a madres trabajadoras), de albergues para mujeres que sufren de violencia, o de comedores comunitarios para los más pobres, tuvo el mismo pretexto: es que había corrupción en su manejo.

Siendo México, es de suponerse que dichos programas distaban de ser impolutos, pero:

AMLO es el leñador que tira un árbol alegando que hay una rama podrida, todo para aprovecharse de la madera, y sin importarle que aplaste a aquellos que se refugiaban a su sombra. En el primer año fue el sello de la casa: a cortar programas para hacerse del dinero, siempre alegando corruptelas. Imposible saber dónde acabaron esos recursos.

Pero el año 2019 trajo una fuerte desaceleración económica, con el crecimiento acabando en registro ligeramente negativo (-0.1%). El ingreso esperado y que nunca llegó y gastos inesperados, como tener que inyectar capital a Pemex, fueron parcialmente suplidos utilizando parte del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP).

2020: contra la pared presupuestal

Si 2019 fue problemático, será un juego de niños comparado con la crisis que ya estalla. Demuestra, una vez más, que el Presidente no cambia de ideas por más que cambien las circunstancias. AMLO detesta la noción de déficits públicos y endeudamiento, y sigue obstinado en evitarlos a toda costa. Se aferra, como un rancio conservador republicano, a tratar de mantener la deuda pública estable en tanto se derrumba todo a su alrededor. Gustoso de citar a Franklin D. Roosevelt, en economía se asemeja al Presidente estadounidense anterior: Herbert Hoover, que con su conservadurismo fiscal empeoró considerablemente la Gran Recesión.

presupuestal 2A pocas semanas de que iniciara la crisis económica en México causada por el COVID-19, las señales de desesperación presupuestal son cinco, dos por el lado del gasto, tres buscando ingresos adicionales. Una es relativamente menor, pero ilustrativa: el recorte salarial a funcionarios federales, e incluso el intento por cancelar sus aguinaldos (que rápidamente fracasó).

La realmente importante en materia de gasto público es el rechazo tajante obradorista a una política contra-cíclica: endeudamiento y gasto para inyectar a la economía ese dinero que se secó, buscando mantener empresas a flote (y por ende empleos). El hombre que cobró estatura política rechazando el rescate bancario de 1995-97 por medio del Fobaproa no puede ni remotamente concebir que tiene que hacer lo mismo. De la misma manera que no entendió que se rescataban bancos para proteger a los ahorradores, no puede comprender que no se busca salvar empresas o empresarios, sino empleos. El costo de esa ignorancia llevará a millones a la pobreza, y a muchos de ellos a la miseria.

A pesar de no querer gastar, el boquete presupuestal federal (y de Pemex) llevarán a un déficit, y por supuesto deuda. De ahí la evidente desesperación de tres acciones: exigir el pago de impuestos que grandes empresas “deben” a Hacienda (y que no son deudas, sino litigios) y el saqueo de todos los Fideicomisos que pueden liquidarse o extinguirse sin problemas, así y ese dinero después haga falta. Por supuesto, se acabará hasta con el último peso del FEIP.

A ello se agregó la solicitud presidencial de que Banco de México le “adelantara” al gobierno el remanente de operación de 2020, pero que debe pagarse en abril 2021. Es de suponerse que el monto será respetable, si el peso se mantiene depreciado (y por ende el valor de la reserva internacional convertida a pesos trae una ganancia contable para el banco central), pero para ello debe transcurrir el año completo, y además esperar hasta abril. Al parecer ansioso de pesos,

AMLO decidió estirar la mano públicamente, y el Banxico tuvo que informarle que legalmente no se puede “adelantar” algo que no se sabe si existirá.

Y con todo, lo más preocupante no es lo que AMLO ha hecho en estas semanas, sino lo que hará en los próximos meses. Para un hombre con poder y alérgico a respetar las leyes cuando estas no le convienen, la gran incógnita es lo que hará para encontrar ese dinero que hoy se le evapora entre las manos. Ya se ha visto que, puesto contra una pared (en este caso presupuestal) López Obrador siempre opta por la ofensiva, aunque incluso implique dañar a su propio gobierno y a millones de personas a las que ofreció apoyar y proteger.

Búscame en Twitter: @econokafka




0
Shares